Aunque su nombre pueda resultar desalentador, el Mar Muerto es uno de los lugares que vale la pena visitar al menos una vez en la vida. Está situado en la frontera entre Israel y Jordania, a unos 430 metros bajo el nivel del mar, el punto más bajo de todo el planeta.

Hay que aclarar que en realidad es un lago y su profundidad puede llegar hasta los 200 metros. Fue llamado de esa manera porque las condiciones salinas de su agua y su extensión no permiten algún tipo de vida.

Según referencia National Geographic, la razón de la alta concentración de sal —hasta diez veces más que otro mar— se debe a procesos geológicos: el movimiento de las placas tectónicas de Arabia y África, y la fuerza del agua que providencie del río Jordán.

Además, la erosión de las rocas en la tierra, el clima desértico y el calor intenso que permite una evaporación más rápida incrementan la salinidad.

Esto ha sido referenciado desde la antigüedad. Varios escritores y personas de la región han considerado que sus aguas son curativas y se pueden usar para cocinar. De hecho, es una afirmación que ha pasado durante generaciones y se comenta entre turistas.

Ahora bien, quienes visitan el lugar, saben que, al entrar, no podrán hundirse. La razón: la alta densidad. Las personas pueden acostarse y flotar sin esfuerzo alguno porque el Mar Muerto es más denso que otro tipo de agua salada, como mares, o de dulce, como ríos o quebradas.

La Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad. No obstante, cada año reduce su tamaño por la extracción de sal y agua por parte de personas y empresas, algo que ha encendido las alarmas de varios países.

eltiempo.com

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