Una serie de imágenes sobre un derrame de petróleo difundidas en julio pasado pusieron de nueva cuenta en duda la gestión de Pemex en cuanto al cuidado al medio ambiente. La estatal dio una explicación que fue poco creíble para los organismos que dieron a conocer el caso: la compañía confirmó el derrame, pero aseguró que su dimensión fue mucho menor a la que se difundió.

Pese a lo dicho, Pemex tenía un par de argumentos en contra: los ambientalistas tenían imágenes que demostraban que la mancha de crudo rebasaba los 400 kilómetros de área y la petrolera guardó silenció sobre el incidente, si las organizaciones –como Greenpeace– hubieran omitido dar a conocer el derrame, la petrolera probablemente hubiese pasado por alto hacer público el incidente.

Así, Pemex ha batallado durante los últimos meses en restaurar una imagen corporativa cada vez más desgastada y convencer a sus inversionistas de que tiene una preocupación genuina por elevar sus estándares relacionados con los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG o ESG por sus siglas en inglés), en un momento en que estos últimos se están convirtiendo en una variable aún más relevante para los inversionistas y un punto de referencia para las tasas de interés que les son ofrecidas a las compañías que buscan levantar capital.

“La que quizá ha sido la parte más difícil de la comunicación es el eje ambiental. Creo que [la administración de Pemex] no ha dedicado tiempo o no han hecho lo suficiente para realmente mejorar sus sistemas, tampoco han invertido lo suficiente en mantenimiento, y ahora vemos lo que sucede [accidentes constantes]”, dice en una llamada Aaron Gifford, un analista senior de T. Rowe Price, uno de los mayores tenedores de bonos de la petrolera. “Cada vez que hablo con ellos, me dicen que saben que tienen que mejorar la parte de ASG y mejorar toda su comunicación relacionada con los accidentes y el medio ambiente”.

La administración de la estatal ha comenzado a dar más relevancia a los criterios ASG en sus informes de resultado financieros. En el segundo semestre de 2021 comenzó a adherir un apartado en específico para hablar de esto en sus presentaciones con inversionistas. La petrolera también ha prometido a sus inversionistas que a finales de este año presentarán una serie de metas y proyectos en específicos orientados a mejorar sus calificaciones ASG, según Gifford y otro analista entrevistado. Pemex dijo en su última conferencia trimestral que estaba trabajando en un plan de sostenibilidad en conjunto con la agencia calificadora Standard & Poor’s y que esperaba presentar “resultados robustos” a finales de este año.

La estatal ya ha presentado algunas estrategias, como un plan de mitigación de metano en colaboración con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, una inversión de 2,000 millones de dólares para reducir hasta en 97% de este gas y la puesta en marcha de un comité de sostenibilidad en marzo de este año, entre otras medidas. Pero los inversionistas no están del todo convencidos de los objetivos que se ha propuesto la compañía y las agencias calificadoras no consideran que la estatal esté tomando acciones suficientes.

“El mayor problema que encontramos en Pemex es la falta de claridad en la comunicación. Suelen ser reactivos con lo que comunican y siempre hay distintas versiones. Otra parte que también nos preocupa son los objetivos que se fija, siempre son muy ambiciosos, no se cumplen y entonces se le resta credibilidad”, dice otro analista que habló bajo condición de anonimato.

Moody’s y Fitch tienen a Pemex en el escalón más bajo de sus evaluaciones ASG. Ambas agencias sitúan a la estatal en el escalón 5, el nivel más bajo para una compañía, denominado como “altamente negativo”. “Pemex tiene una exposición muy negativa al riesgo ambiental, impulsada principalmente por un riesgo de residuos y contaminación. Las empresas integradas con alta exposición al negocio upstream (de exploración y producción de crudo) enfrentarán una presión cada vez mayor con el tiempo a medida que los esfuerzos de descarbonización y la transición hacia energías limpias continúa”, dice Moody’s en uno de sus reportes sobre la petrolera.

Pemex ha demostrado algunos resultados: en su último reporte financiero, la compañía asegura que durante el segundo trimestre del año disminuyó en más de 17% sus emisiones de dióxido de carbono equivalente. Como sea, entre los inversionistas aún continúan dudas al respecto de la estrategia de la petrolera. “Yo creo que los inversionistas podemos darle un poco de espacio para probarse y demostrar que han tomado los pasos correctos, pero tienen que apurarse, no hay mucho tiempo porque esto complica su posición financiera en los mercados”, dice Gifford.

Cuando los bonos de la estatal Pemex fueron colocados dentro terreno especulativo, muchos fondos se deshicieron de los papeles de la compañía. Ahora, con una calificación baja en los criterios ASG, cada vez son menos los inversionistas que tienen espacio para conservar bonos de la estatal. En el caso de que la petrolera decida salir de nueva cuenta al mercado de deuda –como lo dejó entrever su administración en su última conferencia con analistas– para obtener recursos, poco son los fondos de inversión que podrían tener espacio para adquirir más deuda de la compañía

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