Greenpeace México está recabando firmas para detener la construcción del Tren Maya, porque aseguran que ¡La Península de Yucatán está siendo destruida, detengamos esta devastación! Es urgente proteger la biodiversidad y el patrimonio cultural de la Península de Yucatán para hacer frente a la crisis climática y la pérdida acelerada de biodiversidad.

La segunda selva más importante de América Latina está siendo arrasada por las construcciones del #TrenMaya. Este megaproyecto está causando daños irreversibles al manto acuífero de la región. La organización Change.org exige que se detengan las obras y se proteja el ecosistema maya.

Sin los estudios ni permisos correspondientes, en uso de suelo forestal, cada día que pasa se talan cientos de árboles en completa ilegalidad, fraccionando desmedidamente la segunda selva más importante de América, mientras se pone en riesgo inminente al gran acuífero Maya. Para el Tramo 6 se planea eliminar 1,453 hectáreas de selva virgen.

Este megaproyecto de 1,460 km, se ha convertido en un monumento a la impunidad y al abuso de poder que se vive en México.

Además de los daños irreversibles al medio ambiente, las violaciones de derechos humanos y la corrupción son el principal cimiento de una obra millonaria que se vende como “progreso y desarrollo”, pero que no sabemos si nos va a costar más de lo que va a generar. Con un presupuesto inicial de $120,000 millones de pesos, para agosto del 2022, esta proyección ha aumentado a $299,367 millones de pesos, convirtiéndolo en uno de los proyectos más costosos en la historia del país.

Fomenta la corrupción y la impunidad: Una obra que ha sido señalada por iniciarse sin los permisos ni estudios correspondientes, no sólo se ha convertido en un precedente para la ilegalidad —al continuar desmantelando selva con todo y las suspensiones dictadas por un juez en Yucatán—, sino que también se ha caracterizado por contratar empresas previamente involucradas en actos de corrupción y proyectos que han causado daños masivos en nuestro país. Como Grupo Carso, encargados de la construcción de la línea 12 del metro que colapsó en CDMX en 2021, Grupo México, responsable del mayor derrame de químicos en el Río Sonora en 2014 y posteriormente del derrame tóxico ocurrido en el Mar de Cortés en 2019; ambas empresas demandadas. La lista de empresas continúa.

Violaciones a los derechos humanos de los pueblos indígenas: Habitantes de las comunidades mayas han sido objeto de múltiples abusos, desde hacerlos firmar documentos que no coinciden con lo pactado oralmente, hasta ser desplazados de sus tierras con promesas falsas y negarles información sustancial del proyecto. Se sigue vendiendo un concepto de inclusión por medio de una “consulta” que debió ser culturalmente adecuada y que viola los siguientes tratados y acuerdos que incluso la ONU ha señalado:

• Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo.

• Declaraciones de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos de los pueblos indígenas.

• Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de la Organización de Estados Americanos.

Una obra que representa un daño irreversible al acuífero Maya: En medio de una crisis de agua en varios estados de nuestro país, el gobierno prioriza la construcción de una obra que pone en riesgo la principal fuente de agua para el sureste de México: el gran acuífero Maya. El sistema de ríos subterráneos más grande del mundo, debajo de un suelo kárstico que fácilmente se desmorona, no sólo se caracteriza por su fragilidad sino también por la carencia de filtración, esto quiere decir que cualquier sustancia que se derrame en la superficie pasa directamente al manto acuífero, significando un riesgo inminente de contaminación.

La destrucción del medio ambiente: Es inconcebible que en la segunda selva más importante de América, un ecosistema único que aloja especies en peligro de extinción como el jaguar y el grisón, endémicas como la dama blanca (pez ciego de cenotes) y una gran cantidad de especies de flora y fauna protegidas, se haya iniciado un proyecto de esta magnitud.

Estar en contra del tren no es “oponerse al progreso” de las comunidades históricamente abandonadas. Estar en contra del proyecto Tren Maya es estar en contra del abuso de poder, la corrupción y la impunidad. Es luchar por un desarrollo sostenible, por el respeto a los pueblos originarios, a la legalidad, por la protección del agua y los ecosistemas de los que dependemos.

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