Con cifras del panorama anual de inclusión financiera con perspectiva de género 2019 publicado por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), existen datos suficientes para determinar que sí existe brecha de género en el uso y acceso a servicios financieros y bancarios formales que dejan en desventaja a las mujeres al ejercer sus finanzas personales.

Una pequeña muestra la encontramos en los créditos hipotecarios en donde la brecha fue de 6.7 puntos porcentuales durante el 2018. La reflexión viene a propósito del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer que se conmemora todos los años precisamente el 25 de noviembre, fecha en la que se realizan marchas y actos diversos, manifestaciones y exigencias sobre el tema para que se avance precisamente en dejar atrás todas aquellas formas que de un modo u otro agravien o lesionen los derechos y la integridad física, moral, o psicológica sobre nosotras.

De ahí la importancia de evidenciar circunstancias poco comentadas que padecen diariamente las mujeres que en busca de un futuro mejor o simplemente por tratar de ser una “ayuda” en el ingreso y sustento de sus familias, y careciendo de empleos formales y por tanto comprobantes de ingresos y demás requisitos necesarios para acceder a financiamientos formales, caen en manos de agiotistas, usureros, o financiadoras dirigidas al sector popular o peor aun financieras que operan con aparente legalidad pero que en los hechos cometen los peores abusos y atropellos en contra de sus acreditadas.

Casi todas las historias comienzan con el sueño de emprender un pequeño negocio o simplemente completarse para el gasto familiar y la educación de los hijos o la salud de los padres, al recurrir a ofertas de créditos engañosos con altos costos (ocultos) en el apartado de intereses. Ello previa firma de documentación legal fabricada a modo de hacerla exigible en los tribunales en caso de no pago.

Seguida de factores externos o ajenos a la voluntad de las acreditadas -como la pandemia- que las colocan en insolvencia o incapacidad para responder por pagos semanales, quincenales o mensuales que se van acumulando para generar más intereses.

Así, la ignorancia de la terminología legal, la falta de asesoría y de empatía de sus familiares las arroja en un abismo sin fondo de problemas legales y sin duda preocupaciones que pueden llegar a perjudicar su salud, sano desarrollo social e incluso psicológico.

El esquema que durante años se les ha aplicado a los deudores a través de la infalible fórmula, si debes, paga; derivará sin duda en una forma de violencia económica invisible, que pareciera que a nadie le importa: la violencia económica.

Hace ocho días precisamente platicábamos en la asamblea del Barzón, los casos de personas que habitan en lugares alejados al medio urbano, quienes atrapados y sintiéndose sin salida en el problema de las deudas, han decidido escapar por la puerta falsa al quitarse la vida, porque no hubo quien les manifestara apoyo, solidaridad o una simple esperanza de que esos males aparentemente “invencibles” si tienen solución. Por ello en el marco aún de las fechas y sin dejar de levantar la voz por todas aquellas que sufren de violencia económica por su sola condición de ser mujeres, les decimos, no están solas, aquí estamos con Ustedes.

¡Únanse a la Jornada Estatal para la Defensa del Patrimonio Familiar!

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