Andrés Manuel López Obrador no sólo es un mitómano, también es un consumado cuentero. En vísperas de su Segundo Informe dijo que sólo el 25 por ciento de los mexicanos rechazan su gobierno y al 5 por ciento le da igual. Esto es falso.

El promedio de aceptación que tiene es del 58 por ciento que sigue siendo excelente, mientras que la desaprobación es del 38 por ciento, con un 4 por ciento de mexicanos a los que ni les va ni les viene su forma de gobernar.

Ayer durante el Informe dijo: “Pronostiqué que la crisis económica provocada por la pandemia sería transitoria; dije que será como una V, que caeríamos pero que saldríamos pronto; afortunadamente así está sucediendo; ya pasó lo peor y ahora vamos para arriba; ya se están recuperando los empleos perdidos, se está regresando poco a poco a la normalidad productiva y ya estamos empezando a crecer”.

Falso, falso, falso. Por principio de cuentas la crisis económica comenzó desde antes de la pandemia. El crecimiento no será en forma de V sino de L, es decir, será muy lento porque la economía ha caído 12 puntos y de acuerdo con las calificadoras internacionales tardará cinco años en recuperarse. El vaticinio es que el 2021 será el peor año en cien años. Y una cosa es que estén regresando los empleados a sus labores y otra que se estén recuperando los empleos perdidos, lo que tampoco es verdad.

Pero tras ese cuento se chutó otro. “Desde Francisco I. Madero, nunca un presidente había sido tan atacado como ahora; los conservadores están enojados porque ya no hay corrupción y perdieron privilegios. Sin embargo, gozan de una absoluta libertad de expresión y ello es prueba de que hoy se garantizan las libertades y el derecho a disentir. La represión política ha quedado en el pasado”.

Nuevamente volvió a falsear. Después de Madero el presidente en funciones más criticado atacado y vituperado fue Vicente Fox, le siguen en ese orden Enrique Peña, Felipe Calderón y Andrés Manuel. Ojo, el individuo que se lleva las palmas por lo contumaz y persistente de sus ataques al priista y los expanistas es López Obrador.

Otra de sus mentiras es que da a entender que desde que llegó al poder hay libertad de expresión y no es así. Ésta se ejerce desde finales de los setenta del siglo anterior y se consolidó a mediados de los ochenta.

¿Que ya no hay corrupción? Que se dé una vueltecita por Veracruz y luego hablamos.

“Es mucho lo realizado y en lo fundamental nos queda realmente poco por definir”, dijo en otra parte de su discurso. ¿Pero qué ha hecho? ¿Cuántos kilómetros de infraestructura carretera, cuántos mercados, cuántas escuelas, cuántas clínicas y hospitales o al menos cuántas tomas de agua ha inaugurado en dos años?

Hace unos meses dijo que recibió 401 hospitales abandonados, saqueados o a medio construir y este martes volvió a repetir lo mismo porque no ha hecho otra cosa que señalar ese imperdonable abandono. ¿Ya puso en marcha un plan para rehabilitarlos? No. Y lo más seguro es que continúe con la misma cantaleta en su Tercer Informe.

Otro cuento que dejó boquiabierta a la raza de bronce, fue cuando aseguró que de los 100 compromisos que hizo en el Zócalo el 1 de diciembre de 2018, ya cumplió 95 y solo cinco están pendientes. Je je je. Un somero repaso a sus primeros 50 compromisos hace ver que no es así.

Faltan los apoyos a las estancias infantiles que prometió mantener y borró del mapa; faltan las 100 universidades que prometió poner en funcionamiento en 2019; falta promover la investigación científica; faltan los apoyos a damnificados; falta el Programa de Mejoramiento Urbano en colonias de la frontera norte (Tijuana, Mexicali, Juárez, etc.).

Falta el derecho a la salud principiando por los medicamentos; falta fomentar la actividad pesquera; falta transferir a las comunidades mineras el impuesto que se cobra a las empresas por la extracción del mineral; falta bajar el precio de las gasolinas que han aumentado un 42 por ciento desde que llegó al poder.

Faltan casi todos los Bancos del Bienestar. En su compromiso número 34 promete: “No habrá amiguismo, nepotismo e influyentismo, ninguna de esas lacras de la política”. Y nuevamente lo invito a que venga a Veracruz para que vea cómo se las gastan sus achichincles en esos tópicos.

Total que faltan… uta… le faltan por cumplir más de los cinco compromisos que dice que le faltan.

Y como se trataba de cuentear en lugar de informar, aseguró que desde que llegó a la presidencia ya no hay desapariciones, actos de tortura ni masacres. Y en este punto le reviraron casi de inmediato.

Amnistía Internacional dio a conocer que del 1 de diciembre del 2018 a la fecha, se tienen registradas 11 mil 653 personas desaparecidas y no localizadas.

Y en cuanto a las masacres, ahí están las de Minatitlán y Coatzacoalcos como macabro ejemplo.

López Obrador también presumió la baja en feminicidios, pero Amnistía Internacional le rayó el cuaderno con cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que dicen que entre enero y julio de este año ese delito se incrementó un 5.4 por ciento respecto al mismo periodo del 2019.

Y por último, Amnistía Internacional le dio un coscorrón que debería avergonzarlo: “Para poder lograr un cambio sustancial en derechos humanos, el gobierno tiene que dejar de culpar a las administraciones anteriores de la situación y, en su lugar, aceptar la responsabilidad de lo que sucede en el presente y buscar soluciones para atender las graves deudas pendientes en la materia”.

Nada en su Segundo Informe sobre los 10 millones de desempleados, sobre el incremento de los pobres y miserables, sobre la falta de inversión nacional y extranjera; nada sobre los niños con cáncer y los enfermos de VIH que siguen padeciendo por falta de medicinas.

Nada sustantivo; puro cuento, pura palabrería insulsa combinada con retórica pedante para halagarse el oído. En siete palabras: Puro choro reciclado el del señor Presidente.

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