Lo advertí desde el pasado 30 de abril en esta misma columna, justo un día después de que me lo hiciera saber una fuente al interior de Palacio Nacional: “el primer viaje de AMLO fuera del País será para acompañar a Donald Trump; es un asunto que ambos acordaron teniendo a Relaciones Exteriores como testigo”, me dijeron en aquella ocasión. Dos meses después, (posterior a algunos amagues en “la mañanera” para despistar), lo anunciaron como “propuesta de México”. 

Hace casi dos meses, posterior a una llamada del Presidente López Obrador con Trump, compartí lo siguiente: 

“En la última charla que sostuvieron AMLO y Trump, con la traducción e intermediación de la Cancillería Mexicana, hubo acuerdos que no se hicieron públicos sobre el envío de ventiladores para pacientes con Covid19. Uno de ellos fue, simple y llanamente, que la primera gira de trabajo de López Obrador fuera del país se realizara a EU. Ya es un tema de caballeros”.

Trump quiere físicamente a AMLO en su tierra por temas electorales; además, fiel a su estilo, desea jactarse de ser el primero que pudo sacar a López Obrador de su país, de su búnker. Si bien es cierto el de Tabasco ha bajado su popularidad entre los mexicanos radicados en EU, continúa teniendo miles de seguidores, mismos que podrían traducirse en votos para el republicano. 

Además, si bien es cierto nunca antes Trump había alcanzado niveles de desaprobación tan elevados como los que tiene ahora, (derivado de su manejo de la pandemia y los conflictos racistas que le atribuyen), la presencia de AMLO, (dicen sus estrategas), podría sumarle más simpatías que rechazos, y en un panorama que se antoja reñido con el demócrata Joe Biden, serían de mucha utilidad. 

De acuerdo a estas mismas fuentes cercanas al Presidente López Obrador, también se decidió, (con la respectiva anuencia de Donald Trump), anunciar la reunión como si se tratara de una propuesta emanada del Gobierno mexicano, extendiéndola al ministro canadiense, Justin Trudeau, tomando de pretexto la entrada en vigor del T-MEC, cuando el fondo es, en realidad, eminentemente electoral para el estadunidense. 

Además, la consolidación de la reunión en territorio gringo entre Trump, AMLO y Trudeau, se le atribuiría en buena medida a Marcelo Ebrard, el funcionario favorito mexicano de los actuales inquilinos de la Casa Blanca, particularmente del magnate, según me hacen saber colegas encargados de la fuente en Washington D.C. 

La otra misión que tiene el Gobierno de AMLO es convencer a Trudeau de asistir a la reunión. Trump lo pidió de manera expresa, sabiendo que el ministro canadiense podría escuchar más a la Cancillería Mexicana que a él, y así, aceptar “la cumbre en Washington”, a sabiendas de los tintes electorales incluidos. 

Sin embargo, debemos tener presente un asunto: si el Presidente López Obrador visita a Trump en campaña electoral será entendido como un “espaldarazo”. Y si Trump pierde, Joe Biden nos la puede cobrar.

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