En esta última parte de la conversación, Gabriel Puentes habla de sus experiencias agridulces en Xalapa y se despide con algunas reflexiones en torno a su carrera y a su relación con la música.

Noche de luna en Xalapa

La primera vez que vine a Xalapa fue con Panchito Lelo a un Festival Jazzfest. Fue como en el 2001, una época en que Xalapa se había vuelto una plaza de un pequeño circuito, una minigira que podíamos echarnos desde el DF; por ejemplo, tocábamos el jueves en Puebla, el viernes en Cholula, el sábado en Xalapa, el domingo temprano en Coatepec, después un asadito en Xico y nos regresábamos el lunes; y en cada lugar ganábamos más o menos bien, estaba cubierto el hospedaje, los transportes, compartíamos con amigos de acá, Aleph Castañeda se hizo mi amigo desde la primera vez que vine, incluso conocí a Édgar Dorantes por él y empezamos a tocar. Yo venía con Diego Maroto y tocábamos con algunos músicos de acá; hace muchos años vine con Panchito Lelo, dimos un curso y ahí conocí a Óscar Terán, a Rolando Alarcón, a varios cuates que tengo hasta ahora.

Noche que huele a jazzmín

Por muchos años estuve viniendo con Jerry López, con Ilan Bar-Lavi, con [Diego] Maroto, con Mark Aanderud, con Beto Cobos. En esos viajes, de repente empezó a tomar forma un proyecto con Édgar: le iban a dar la dirección del Orbis [Tertius] y nos invitó Agustín Bernal, a Rey David Alejandre y a mí para armar el Orbis el nuevo, pero como a mitad de camino se enteró que no podía disponer de las plazas de la gente que estaba ahí, entonces rechazó la invitación, dijo no me interesa si no puedo poner a la gente con la que quiero armar el grupo.
Nos reunimos varias veces para ver qué proyecto podíamos proponerle a la UV. Después de varios meses, empezó a tomar forma un proyecto educativo pero centrado en que iba a haber un grupo de base con Édgar en el piano, Agustín en el bajo, Rey David en el trombón, yo en la bataca y, eventualmente, Miguelito Cruz en la percusión. Íbamos a invitar músicos, por ejemplo, algún saxofonista de Nueva York, algún guitarrista como Beto Medina o cualquier otro músico de fuera, y con ellos íbamos a montar música y hacer conciertos. La idea era hacer algo como lo que hace el San Francisco Jazz Collective: hacer una residencia de un mes en que se monta música, se ensaya y se hace una gira para presentar el proyecto, pero la UV financiaba varios grupos que prácticamente no tenían actividad, y no querían ensartarse con otro proyecto. Entonces le dimos forma de proyecto educativo como alternativa a las opciones que había en México, que eran pésimas: la [Escuela] Superior [de Música] estaba hecha con las patas, la [Escuela de Música] DIM no tenía licenciatura pero tenía alumnos que estudiaban jazz, y las otras opciones del DF eran realmente cualquier cosa. En las ciudades grandes como Puebla, Guadalajara, Monterrey era lo mismo, había conservatorio y escuela de música, pero no había una opción para profundizar en el jazz.

Noche perruna en Xalapa

Le fuimos dando forma al proyecto y en el 2008 empezamos, con cero bombo y cero platillos, en la casa que está en Allende con Leona Vicario, donde ahora está el Café Tal. La Universidad rentó la casa y nosotros conseguimos los pizarrones y todo lo demás. Tavo Bureau puso su bataca y fue a Casa Ahued a comprar unos banquitos de plástico para el salón de batería.
No sabíamos cuántos alumnos iba a haber. No podíamos exigir muchos requisitos, entonces era muy amplio, desde el que iba pasando por la calle hasta músicos profesionales. Fue un éxito, sobrepasó cualquier expectativa, se nos salió de las manos y, sobre todo, a la UV.

Noche de bruma en Xalapa

Ese año fue muy productivo e interesante, yo estuve viniendo cada quince días durante todo el 2008; no falté ni una vez, no llegué tarde ni una vez, no quedé pendiente con ninguna materia. Se suponía que debía empezar a dar clases a las nueve de la mañana, pero como tenía tantos alumnos, alargué mi horario de ocho de la mañana a ocho de la noche con una hora en medio para comer. Eran dos días intensivos, terminábamos de dar clases el martes, íbamos brevemente El Refugio, porque había jam, pedíamos una cena ligera y tomábamos el camión a las dos de la mañana para llegar al DF a las seis.
Fue un año extenuante, yo andaba con varios proyectos, con grabaciones, giras, y siempre me las arreglé para encontrar la logística indicada y salirme a tiempo para agarrar el vuelo de medianoche y estar dando mi clase los lunes a las ocho de la mañana dos veces al mes, nadie valoró eso nunca. Cuando acabó el año, vieron que iban a tener que ampliar la escuela para recibir más alumnos y que Agustín, Rey David y yo éramos empleados muy caros —porque nos pagaban bien—, entonces nos pidieron que firmáramos una carta de renuncia para no tener que indemnizarnos.

La puerta chica

Fue, prácticamente, un beca, porque sí fue mucha chamba pero para mí fue un ingreso adicional porque yo seguía viviendo de tocar, andaba en por todos lados con Eugenio Toussaint, estaba planeando mi primer disco como líder —se llama Simple, lo grabé en 2008 con lana que gané de dar clases; gracias a esos ingresos adicionales que no venían directamente de tocar, me pude ir dos días a Nueva York a grabar en un buen estudio con los músicos que quise.
Estuvo chido mientras duró, pero se acabó, y nos sacaron por la puerta chica porque era fírmenle o fírmenle. Si nos iban a correr, debían darnos el finiquito que nos correspondía, pero tenían muy presionado a Édgar, nos decía no, no los van a correr, los van a recontratar pero hay que firmar esta carta para no acumular antigüedad, es algo que la Universidad hace con todos los externos. Firmamos sabiendo que en realidad nos estaban corriendo, eso generó un quiebre con Édgar, pero no hay rencor ni nada de eso porque además de la parte profesional y laboral, estaba la parte humana: habíamos estado en tantas reuniones por tanto tiempo, convivíamos con la familia, nos visitaba en el DF. Con toda la presión, pero Édgar nos tuvo que pegar la desconocida y dejarnos ir, a la mala, por la puerta chica.
Con lo que nos pagaban acá a cada uno de los maestros, quedaron contratados cuatro; cuando yo salí, entraron Renato [Domínguez], Rolando [Alarcón], Tavo [Gustavo Bureau] y Vladimir [Coronel] como maestros, y la UV repartió entre ellos cuatro lo que me pagaban a mí.
Cristian Mendoza vino al primer Festival JazzUV, tocamos con él en el Tierra Luna y ahí, Agustín dijo: queremos aprovechar para anunciarles a los alumnos y a la gente que desde el próximo semestre ya no vamos a estar por razones ajenas a nuestra voluntad; porque no le habían dicho nada a nadie y había gente que se seguía inscribiendo pensando que iba a tomar clases con Agustín, con Rey David o conmigo, nos usaron como gancho para atraer gente de muchos lados de la república, yo tenía alumnos de Chihuahua, Cancún, el DF, uno de Puebla, otro de Cuernavaca, y se mudaron a Xalapa porque iban a tener clases cada quince días con nosotros porque eran clases muy buenas: los que no tocaban, salieron tocando, y los que ya tocaban, salieron tocando mucho más, tuve algunos que después destacaron mucho como Vladimir Coronel y otros que ahora están tocando increíble. Gustavo Bureau me echaba la mano la semana que yo no venía, él les daba un repaso con rudimentos y cosas técnicas para las que no era tan necesario que yo estuviera.

La Meca del planeta

También había un plan medio maquiavélico de convertir a Xalapa en la Meca del jazz en Latinoamérica, son esos planes que cada tanto se le ocurren a algún funcionario: elucubra grandes cosas y se consigue un presupuesto que, con todo lo que se pueda decir —por lo menos antes de Duarte (risas)—, era generoso, podían traer a quien se les ocurriera, a Jack DeJohnette, a Tain Watts, a Joe Lovano, a McCoy Tyner, cosas que antes eran impensables, al principio era casi imposible que soltaran lana para un borrador.
Eso también me cagó porque era la parte política de trabajar en una institución educativa que yo no conocía y que no me gustó nada; a Édgar le metían mucha presión, si decía necesitamos que nos den dinero para comprar unos amplificadores porque no puede ser que Aleph [Castañeda] camine desde su casa con el amplificador para prestarlo cada vez que hay clases; rentaron la casa, qué bueno, pero necesitamos que nos apoyen un poquito más; le contestaban ok, se casa la hija de no sé quién y tienes que ir a tocar ahí.
Hubo un problema con Édgar medio severo porque una vez nos llamó a Agustín y a mí para decirnos:
—Necesito que vengan este fin de semana para hacer unos ensayos
—¿Unos ensayos?
—Sí, es que la Universidad nos está solicitando para unas tocadas importantes
Cancelamos cosas para venir porque, según esto, era muy importante. Llegamos, nos fuimos a JazzUV y ya había una camioneta para llevarnos a tocar en el Museo de Antropología para la boda de la hija de alguien; el rector quería quedar bien, era su regalo y nosotros éramos los pelotudos que estábamos ahí. Cuando me di cuenta de eso, le dije a Édgar:
—¿Sabes qué?, voy a agarrar el camión de vuelta y no me vuelvas a llamar para una pendejada así, cabrón, porque si quieren que venga a esas tocadas me dicen cuánto ofrecen y yo evalúo si me conviene, o me pueden preguntar cuánto cobro por un evento de este tipo, les doy un presupuesto, si les late, chingón; pero así no quiero entrar a este juego. No me vuelvas a llamar para una pendejada así, o cuando menos infórmame.
—Es que tengo mucha presión, me están exigiendo, yo no puedo exigirles a ustedes y no se me ocurrió otra forma de hacerlos venir porque sabía que no iban a querer venir a eso, y si no lo hacía así, no me iban a soltar el dinero
Te decían no hay presupuesto, pero había esa cosa tácita medio corrupta: bueno, este es tu trabajo, pero si haces esta cosa más, te consigo el dinero. O había quien lo hiciera para no perder su trabajo, la gente dice pues es la chamba, hay que cuidarla. Eso pasa, a veces, con los músicos, muchas veces nos dejamos pisotear; pero yo, a la primera dije:
—¿Sabes qué?, perdóname pero no
Le hablé a Vladimir [Coronel] para que fuera a esa tocada, le pagué —porque no lo iba a mandar gratis—, creo que mil pesos y me regresé al DF bien encabronado.
Tenían a Édgar agarrado, no era una cosa personal. Yo lamentaba mucho que lo fueran llevando cada vez más del piano al escritorio, porque cuando te agarra esa onda, es muy difícil seguir en la música con el nivel que Édgar tenía.

Con un milagro acallado / se desmadró la ciudad…

Tuvieron la intención de que Xalapa fuera autónoma completamente, entonces JazzUV quiso abarcar y acaparar todo: había Sonora JazzUV, Quinteto JazzUV, Big Band JazzUV, Sexteto de Dixieland JazzUV, y todo gratis por los profesores, como parte de su chamba; tenían que dar clases pero, además, ponerse el gorrito y decir que tocaban dixieland, y después ir a la sonora y tocar salsa, y no cobrar porque era parte de su chamba.
En ese momento dije le están partiendo la madre a todo porque, antes, yo venía tocar al Tierra Luna y ganaba bien, pero cuando Marisol podía tener a Édgar gratis, ¿qué le quedaba a los alumnos de piano?, o ¿qué le quedaba a un músico que venía y le decía?
—Te quiero pedir una fecha
—Sí, pero no hay lana
—¿Cómo que no hay lana?, yo cobro tanto
—Pues sí, pero ¿para qué te voy a pagar si tengo a los maestros de JazzUV tocando aquí gratis?
Además, el Festival JazzUV era muy ostentoso y atraía miradas y gente porque venían músicos súper pesados de la escena mundial, pero te podías tomar una foto y verlos tocar, con un grupo que no armaron ellos, en el Teatro del Estado, que no es precisamente el highlight donde los quieres ver como pececitos en el agua con sus pares. Era una cosa medio forzada, les decían vas a tocar con el maestro no sé qué y con el de acá, y creo que para ellos no era cómodo. Emiliano Coronel dice que Jack DeJohnette se lo jodió tanto que se traumó por un momento, después lo tomó bien pero lo súper jodió, le decía ¿por qué tocaste esto?, está de la chingada. Andaba medio mal genio porque no le gustó el hotel. Sí, era muy chingón, pero era más ostentoso que otra cosa.
La otra es que Agustín, Rey David y yo, medio tácitamente pero estábamos vetados. Yo vine a tocar una vez con Alex Mercado y Aarón Cruz; el trío de Alex Mercado, en todas sus reencarnaciones y etapas, siempre llena, Alex es muy movido, hace su talacha en las redes sociales y todos sus proyectos tiene un foro lleno; esa vez, nadie, absolutamente nadie llegó a Tierra Luna. Vladimir y Emiliano Coronel, casi escondidos, me dijeron no nos vayan a ver porque nos dijeron que no podíamos venir a ver esto. La orden de JazzUV era no vayan a verlos, aguántense y el fin de año les traemos a McCoy Tyner; no vayan a ir a ver a los que antes daban clases porque ahora están vetados. Algunos iban a vernos clandestinamente y nos saludaban a escondidas porque eran los cuates, pero los demás ni se aparecían. Nos borraron de la historia, mucha gente que está en JazzUV no tiene ni idea de que Agustín y yo estuvimos cuando empezó.
Al otro día del concierto de Alex, venía Hernán Hetch con A Love Electric, Aarón tocó con Alex e iba dobletear, yo le iba a prestar la bataca a Hernán. Les dijimos oigan, no vino nadie, entonces Todd Clouser avisó: amigos de Xalapa, va a ser gratis, ni siquiera va a haber cooperación voluntaria, cáiganle. Todd Clouser también es de los que más se mueven, en sus giras, A Love Electric llena foros por todos lados, graba discos, está constantemente activo; pues no fue nadie a Tierra Luna, entonces dije no, Xalapa ya valió madres.
Dejé de venir a tocar a Xalapa, venía porque mi chava es de acá y en esa época vivía acá y yo vivía en el DF, a veces ella iba y veces yo venía para acá y llamaba a Aleph, a Óscar Terán, a Tavo Bureau, a otros cuates y nos veíamos para tomar un café y platicar, pero tocar ya era impensable.
Hubo períodos oscuros de JazzUV, la época en la que que estuvo Jordi Albert fue la peor, Xalapa se aisló del resto de la república, solo aparecía una vez al año en el Festival JazzUV porque la gente decía vamos a Xalapa a ver a Joe Lovano y después se regresaban. Eso fue lamentable y yo lo anuncié sin querer ser pájaro agorero: fui con Édgar a una reunión en Difusión Cultural y Manolo [Zepeda] empezó a delirar, quería hacer una cosa así como el Dubái del jazz y yo decía en Dubái hay lana, pero vas a un estadio de fútbol y las butacas son de oro pero no hay nadie y el partido está de hueva, no se trata de dinero.

Por eso quiero tu sueño arrullar, sueño que es flor de jazz

Eso fue hace como siete años, pero en los últimos años ha levantado de nuevo, afortunadamente, ahora se vive una efervescencia, en los festivales ves trescientos alumnos en una jam, eso no pasó nunca ni con el seminario, que era también muy efervescente. Siento que ahora ya todo está muy sano y muy chido, el proyecto está en muy buenas manos y con generaciones de músicos que han llegado y que han hecho una escena más brillante, hay grupos independientes como el Jazz House Collective y hay foros como el Cauz en el que la gente puede llegar y hacer jam, el público puede escuchar grupos que vienen de fuera; ha sido un trabajo más a largo plazo y de más visión.

Porque toqué estoy vivo

Porque escribí porque escribí estoy vivo.
Enrique Lihn

Yo la música me la autoprocuro y me la dosifico en niveles altos desde siempre, no necesito que alguien me diga esta es la lista de diez discos que hay que escuchar para tocar bien el jazz; considero que es muy importante que te desarrolles de manera personal basado en tu curiosidad, porque tu gusto moldea tu estilo, lo que tú tocas está informado de lo que lo que más te gusta. A veces escucho algo y se me eriza la piel, entonces lo retrocedo y me hago la pregunta: ¿puedo recrear ese sonido?, ¿hacerme dueño de esa magia?, ¿ser capaz de proyectar ese holograma genera una sensación en el que escucha que hace que mueva el pie, que hace que quiera quedarse un rato más, que valga la pena salir de la casa, que valga la pena apagar el celular y dejarse llevar por esa música? Yo siento que esas sensaciones están en esos detalles y los estoy buscando todo el tiempo para poder apropiarme de ellos, para poder, como Stravinsky, robármelos. No los trato de inventar, cuando ya me he robado varios, se combinan y se pervierten y se modifican y terminan siendo mío, y están informados de todo lo que he escuchado desde chico.
Mark Aanderud es como un hermano para mí, tanto de generación como de vida musical, tocábamos mucho a dueto o a trío —música original, standards, repertorio específico: puro Monk, puro Bill Evans, puro Bud Powel, puro Lennie Tristano; taller de métricas irregulares— tres o cuatro veces por semana sin un objetivo específico, no porque hubiera chamba, no porque fuera a haber un toquín, simplemente por aprender y mejorar, y ese tipo de talacha siento que es la que ha hecho posible que cuando he tenido la oportunidad de viajar o cuando ha venido gente a México de alto nivel, que son mis ídolos, he podido tocar con ellos y dar el ancho; hacerlo sobresalientemente tal vez no, pero cuando menos hacerlos sentir cómodos y hacerlos darse cuenta que pueden venir sin su baterista. Hay gente que ha regresado y me ha vuelto a llamar porque sabe que ya tengo el repertorio porque ya me lo aprendí, entonces es un ensayo menos. Eso es parte de lo que entrego como músico profesional y tengo la suerte de que me tocó gratis, obviamente lo mantengo en forma porque lo estoy ejercitando siempre.
En Chile ya visibilizaba que podía vivir decentemente de la música, aunque era más difícil porque tenía que dar clases y tocar en la noche y agarrar una chamba de mediodía, y cuando llegué a México me di cuenta que podía vivir exclusivamente de tocar, por eso que me quedé aquí y me siento muy afortunado.

PRIMERA PARTE: La música llegó a buscarme
SEGUNDA PARTE: A fuego lento
TERCERA PARTE: Los perros románticos



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