El multialientista Santiago Von es fundador —junto con el baterista Abraham Díaz— de una de las agrupaciones emergidas de JazzUV que están causando revuelo entre el público jazzero del país, Blah Blah Jazz Trío. Después pasó por la exigente escena del jazz de la Ciudad de México y actualmente se encuentra estudiando en el Conservatorio de Ámsterdam.
Con su partida a Europa y la de Érick Quijivix, el contrabajista, a Sudamérica, el trío parecía terminado, pero el año pasado, tras una ausencia de dos años, pudo volver a nuestro país por una corta temporada, Abraham propuso reorganizar el grupo con la integración de un joven contrabajista recién llegado a Xalapa, Charly Rodríguez. Con esa formación, Blah Blah Jazz Trío remontó un segundo vuelo de tales dimensiones que la pequeña gira que lograron consolidar en aquella ocasión, terminó en el estudio de grabación de JazzUV, donde lograron el primer registro fonográfico.
El mes pasado, el Santiago volvió para presentar el disco en varios lugares del país. Pese a que fue una gira tan meticulosamente planeada por Abraham que dispusieron de poco tiempo libre, el saxofonista pudo encontrar un espacio para hacer presencia en esta columna. Esto me platicó.

Entre candilejas

Mi papá es actor y tenía una compañía de teatro que se llamaba Teatro Cuerda Floja, el equipo estaba formado por él, mi mamá —que hacía escenografía, veía cuestiones técnicas, hacía el contacto con los lugares—, un grupo de actores y en un momento, los tres hijos fuimos incluidos. Yo soy el menor de los hermanos; el mayor estudió cinematografía, ahora está en el DF trabajando en el área de producción; el de en medio es bailarín, ahorita está en Berlín de freelance pero antes estuvo en Stuttgart Ballet, que es uno de los ballets más reconocidos. Desde que estábamos chicos, mi papá nos mandó a talleres de teatro y nos subió al escenario, esas tablas escénicas las seguimos usando ahora, cada uno de distinta forma.
Yo soy del DF, cuando tenía un año nos mudamos a Chicago a vivir por siete años —ya sabes, a buscar el american dream— y fue ahí donde mi papá comenzó con la compañía de teatro. Empezamos a crecer, todos tomábamos clases de muchas cosas, yo tomé clases de piano pero no era el pianista que se aprendía todas las piezas clásicas, más bien me sentaba a explorar y a jugar un poco. Estudié el piano como de los cinco a los siete años y después me agarró la onda de que quería ser pintor (risas) y por varios años, como hasta los trece, estuve muy clavado en eso. A los nueve, encontré en la casa un saxofón que mi papá había empezado a estudiar en algún momento, y me ponía a jugar con él a escondidas; lo armaba y me podía a sacarle sonido. Cuando mi papá salía, iba a la caja de cositas especiales que tenía y sacaba el saxofón, un día llegó temprano y me encontró con las manos en la masa (risas), y me preguntó ¿qué onda?, ¿quieres estudiarlo?, y yo le dije que sí. Me llevaron a la [Escuela] Superior de Música y ahí empecé a estudiar con Héctor Ornelas, que es maestro de Federico Hültz, Paquito Gómez, Ottis Ganceda, un montón de saxofonistas, casi todos los que salieron de la Superior, pasaron por ese maestro. Yo estuve con él siete años, en el nivel básico y medio superior.
Cuando estaba en la Superior, fue un par de veces la Lincoln Center Orchestra y vi que todos los saxos tocaban el clarinete y la flauta, y todo lo tocaban increíble. Dije a mí me gustaría tocar en una big band, entonces tengo que aprender esos instrumentos también, y cogí el clarinete. Iba a empezar la prepa y me di cuenta de que no me iba a dar tiempo de estudiar como yo quería, entonces empecé a hacer la prepa abierta, ese fue el primer momento en que tomé la decisión de que la música era lo que iba a tomar todo mi tiempo. Dije tengo que ponerme las pilas y ponerme a estudiar en serio, y estuve estudiando en casa como un año.
Enrique Ceja es muy amigo de mi papá, se conocieron cuando estaban bien chavos y estudiaron teatro juntos. Un día fue a visitarnos al DF, acababa de pasar la segunda o la tercera edición del Festival JazzUV, a la que vinieron McCoy Tyner y Jack de Johnette. Me contó que habían llegado estos monstruos, me platicó de la escuela y me dijo que estaba Édgar Dorantes y que estaría bien que viniera a checar.

JazzUV

Después, vine con mi papá a hacer una función de teatro a La Távola, él hacía un monólogo y yo le venía manejando la música. Pasamos a visitar JazzUV, fui a hablar con Édgar, me invitó a la audición, y como un mes después, o algo así, vine a hacer la audición. Yo había escuchado jazz desde siempre porque mi papá tenía un montón de álbumes: de John Coltrane, de Charlie Parker, de Eric Dolphy; esa música siempre estuvo ahí pero yo estaba muy verde con la teoría del jazz y en el examen me preguntaron ¿qué es un acorde dominante? y cosas así, y yo no tenía ni idea. No quedé pero me dijeron vente a los cursos preparatorios para que te preparemos y ya entras a la licenciatura.
Entré a los cursos preparatorios y me acuerdo que el primer día había una jam session en Au Petit, yo era becado y a los que teníamos beca nos tocaba cargar todo el equipo, ahí fue donde conocí a Sebastián Madrigal y a Abraham Díaz, que también eran becarios, y desde ahí empezamos a hacer equipo. Todos habíamos escuchado cosas increíbles de la escuela y estábamos muy entusiasmados de vivir la escena del jazz que tiene Xalapa, que es muy especial y muy cercana, todo mundo se conoce y creo que más en esa época. Los maestros eran súper chavos, Emiliano (Coronel) creo que tenía diecinueve años y ya era maestro, todos estábamos juntos en la jam session, de repente se subían solo los maestros y era increíble.
Hice un año de preparatorios y luego empecé la licenciatura. Siento que JazzUV fue súper crucial para todos los de esa generación y para los que siguen llegando; yo creo que ese fue el primer shock que tuve, antes de eso, todas las leyendas del jazz me parecían inalcanzables, me parecían como dioses, pero cuando venían a los festivales, teníamos la oportunidad de conocerlos, de hablar con ellos y nos dimos cuenta de que son personas comunes y corrientes, que también han tenido sus dudas, que han tenido sus procesos, y que no son inalcanzables, que se trata simplemente de trabajar duro y estudiar como locos. Es increíble Xalapa por todo eso que nos aportó a todos nosotros, darnos cuenta de cómo es esto de aprender jazz y de vivir del jazz, de ir a la jam session, de conocer gente, de tratar de hacer tu música, de aprender la tradición, todo eso fue consolidándose muchísimo aquí en Xalapa.

Bye, bye Xalapa

Después de dos años de estar en la licenciatura, quería irme al DF a trabajar un poco, a conocer también la escena allá que me parecía súper interesante, en ese momento estaba llegando Diego Franco, que era una de las figuras jóvenes mexicanas, lo escuché en una jam session del primer festival que me tocó acá —creo que fue el cuarto— y me voló la mente escuchar a un chavo de veintiún años que ya estaba tocando tan bien y estaba en un trío con Agustín Bernal y Gabriel Puentes. Dije quiero acercarme a estos tipos que están en el DF haciendo esa otra escena, ahora siento que tal vez en ese entonces lo veía un poco separado porque estaba en la escuela, pero la gente de aquí está viajando constantemente allá, los del DF también vienen constantemente, pero siento que fue también bien importante irme porque cuando llegué al DF, y eso estuvo muy chido, como ya no estaba en la escuela, tenía un montón de tiempo para estudiar; me encerré en casa como por unos cuatro o cinco meses, me despertaba a las ocho de la mañana y estaba tocando hasta las nueve o diez de la noche y ahí fue cuando empecé seriamente con el clarinete y con la flauta.

Roma

Juan Pablo Aispuro estuvo aquí porque Flora [Pasquet] vino a dar clases a JazzUV, me conocía, sabía que estaba en el DF y un día yo estaba en casa estudiando y me escribió por Facebook:
—Oye, ¿qué onda?, quieres tocar hoy en la noche
—Sí, claro
—Es en la Roma, empezamos a las ocho
Eran como las siete y media, yo vivo El Ajusco, que está bastante lejos, y le dije:
—Bueno, no llego al primer set, pero al segundo sí llego. ¿Quienes están en la banda?
—Diego Franco, Hans Ávila, Roberto Verástegui y yo
En ese momento yo aún no conocía a Roberto Verástegui, llegué y me voló, es un maestro. A Hans ya lo conocía desde hacía mucho tiempo porque antes de que me vinivera a Xalapa, mis primeras jam fueron con Christian Balderas, Adrián Flores Winkel —un contrabajista de San Miguel de Allende— y Hans, en una pizzería en Coyoacán, yo iba y como no había mucha gente, me daban chance de subirme y regarla y recontra regarla, y terminando me decían oye, eso estuvo bien pero no hagas esto y esto y esto, fueron una muy buena escuela.
Volviendo, llegué a ese hueso y era un alto nivel de jazz mexicano, puros jóvenes tocando a un nivel súper picudo. Eran tres sets, yo llegué al segundo y al tercero, y en esos dos sets debí haber tocado un tema que conocía, los demás eran cosas que nunca había tocado, fue una arrastrada pero aprendí mucho. Me llamaron para la semana siguiente y la siguiente y la siguiente. Estuve como un año y medio con este grupo, tocábamos todos los martes y fue como mi segunda escuela después de JazzUV, pero un poco más del mundo real, había que aprenderse temas cada semana, ir consolidando un repertorio y tocar cada semana; salía del hueso, apuntaba los temas que no me sabía y los trataba de tener para la siguiente semana. Llegaba a la siguiente tocada, decía me aprendí estos temas y querían tocar otros, entonces, realmente era estar aprendiendo un montón con ellos.

Now’s the Time

En esa época quería seguir estudiando y estaba viendo la posibilidad de irme alguna escuela de Estados Unidos, pero están carísimas todas la escuelas de allá, es una locura irse si no se tienen los recursos y en casa no los teníamos. Seguí buscando qué otras opciones de alto nivel había, quería ir a un lugar donde sintiera que soy el peor saxofonista, para empujarme. Un tiempo antes, estábamos ensayando con Blah Blah y encontramos a Colin Stranahan, un baterista americano que tenía un trío de sax alto con Ben Van Gelder, un chavo holandés que en ese disco tendría veintiuno o veintidós años, es un monstruo este tipo, un animal, estuvo en el concurso Thelonious Monk que ganó Melissa Aldana y fue uno de los finalistas.
Lo ubicaba desde entonces y dije este tipo está tocando muy bien, chequé de qué escuela venía y vi que era del Conservatorio de Ámsterdam. Me metí a la página del Conservatorio y vi que el nivel de los estudiantes era altísimo, estaban tocando cosas muy alienígenas (risas) y dije ok, ahora me voy a poner la meta de que me acepten ahí, voy a ponerme las pilas; para eso me sirvió la escuela de estar tocando con Diego, Hans, Roberto y Juan Pablo, ellos me empezaron a preparar para el rigor.
Decidí aplicar para el Conservatorio pero un poco antes de la fecha, mi papá tuvo un accidente y falleció. Yo estaba tratando de encontrar el suelo y con la familia estábamos buscando dónde caer. Apliqué y no quedé, mandé una audición un poco chueca porque no estaba listo emocionalmente.
Al siguiente año estuve trabajando mucho, salió el proyecto de la Orquesta Nacional de Jazz que dirigía Gerry López, me invitaron a tocar y ahí me encontré con un montón de músicos súper interesantes que estaban haciendo cosas bien chidas, y eran de mi misma generación: Miguel Alcérreca, Alonso López Servín, Diego Franco, Federico Hültz, Jahaziel Arrocha, un montón de gente. Anduvimos de gira por el país, estuve escuchando cómo estudiaban estos chavos y dije ok, esto es lo que hay que hacer.

(CONTINÚA)

SEGUNDA PARTE: Perspectivas
TERCERA PARTE: Blah Blah Jazz Trío

 



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