En esta parte final de la conversación, Beto Guzmán hace una serie de reflexiones en torno a su concepción de la música.

El íntimo contacto

Ya llevo el sesenta y cuatro por ciento de mi carrera, me he adelantado un poco, ya tengo la experiencia de estar en una licenciatura entonces ya sé cómo se mueve la vida académica, ya sé cómo funciona y rápido me pude mover para quitar algunas materias. Solamente revalidé cuatro materias, yo esperaba que me revalidarán más pero me dijeron que no, por ejemplo, yo esperaba que me revalidaran solfeo pero no se pudo, y está bien porque es muy distinto el solfeo que llevé en Guadalajara, aquel era más de entonación, más de lectura, veíamos el ritmo pero distinto, no era como aquí. En JazzUV se llama Lectoescritura, me dio clases el maestro Tonatiuh [Vázquez], es muy bueno, súper organizado. Es un compositor que sabe lo que dice y lo que hace.
Desde que llegué a Xalapa me he dedicado a escribir música y ahorita estoy aprendiendo técnicas para componer para pequeños y grandes ensambles, tengo escritas cosas para quintetos, para sextetos, pero aún no pruebo nada, sigo analizando, sigo aprendiendo, no soy tan acelerado, me gusta tomarme mi tiempo para poder aprender algo.
Estoy escribiendo una suite y quiero contenga todos los elementos que estoy aprendiendo ahora combinados con lo que aprendí en Guadalajara, porque aunque el jazz y el clásico son lenguajes diferentes, yo nunca he visto que no tengan relación. La vislumbro como tercera corriente, un poco como, bueno, me estoy yendo muy largo, pero como el disco The Bird of the Third Stream, es un discazo.
Grabé algunas maquetas, que me gustaría seguir trabajando, con Édgar de la Torre, Adal Pérez, Esteban Serrano y Nelson Torres —un trompetista—, suenan muy bien, nada más me gustaría, antes de sacar algún material, seguirlo revisando, seguirlo tocando. Me gusta darle el tiempo a los proyectos, madurarlos.
Yo no considero ser muy farandulero, más bien soy una persona metida en otras cosas y ahorita estoy en el proceso de comprender el lenguaje del jazz, me gustan mucho las reflexiones que hace Miguel Zenón sobre eso, dice que antes de planear hacer un disco como líder, más bien hay que clavarse en el lenguaje, verdaderamente tener un contacto íntimo con la música, eso es, más bien, lo que busco, estar conectado con la música. No estoy en contra de quien haga sus discos como líder ni nada, me parece bien que la gente y los proyectos avienten música, pero yo no soy así, me gusta mucho la pintura y me identifico con los pintores que, cuando están pensando en cuadro, hacen miles de bocetos hasta que se lo saben de memoria, ya saben bien lo que quieren y cuando lo pintan, fluye de manera increíble, más o menos así veo la composición, hay que estar trabajando, trabajando, descansándola, volver trabajar y otra vez a descansarla, y cuando ya la tienes, dices ahora sí ya está, ya me gustó; tal vez es un proceso más lento para la era en la que vivimos pero también se vale (risas).

El flechazo al corazón

Cuando llegué aquí, el primer disco que escuché fue el de Pachi [Carlos Zambrano] y uno de los primeros grupos que escuché fue La Manta, me dejaron con la boca abierta porque están tocando cosas que sí se tocan en Guadalajara pero no las llevan a esos niveles como La Manta o como Sonex. Me empecé a informar sobre eso y hasta me compré una leona para aprender, pero la escuela y las otras cosas no me dan chance de agarrarla tanto, sí me gustaría meterme en la onda del son pero más adelante, ahorita no puedo.
En Guadalajara toqué un par de veces con Nirl Cano —el hijo del maestro Ernesto Cano, un etnomusicólogo muy importante— en un proyecto que tiene que se llama Mexkla en el que mete ritmos del mundo mezclados con la música improvisatoria y todo este rollo, él toca son jarocho y lo toca muy bien.
Cuando escuché en vivo a Ramón [Gutiérrez] con Óscar Terán y no me acuerdo qué otros músicos, me quedé impresionado, es música con la que se identifica uno inmediatamente, entra derecho al corazón, no hay ningún filtro intelectual, nada, es un flechazo al corazón.
En Guadalajara tomé algunas clases y toqué algunas veces con Vico Díaz y en una ocasión le pregunté por qué había cambiado de instrumento —dejó el contrabajo y ahora es leonero— y me dijo que tocaba el contrabajo y podía moverse, hablar con ese instrumento y todo, pero que en cuanto agarró la leona y empezó a tocarla, fue como que le salieron alas, se le desprendió todo el plumaje; así me lo dijo y se me hizo una reflexión bien bonita porque sí, eso es lo que sientes cuando escuchas norteño o mariachi o son jarocho.

Coda

Cuando tuve la oportunidad de hablar con Antonio Sánchez le pedí un consejo, le dije oye, yo quiero estudiar jazz, quiero salirme de aquí, ¿qué me recomiendas? y me dijo pues estudia tres veces más, al tiempo que pienses invertir de estudio, súmale tres veces, y en eso ando.

PRIMERA PARTE: Entre rosetones y guarniciones
SEGUNDA PARTE: Jazzimiento en la arena

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