«Es a partir de la escuela que me empezaron a conocer, a reconocer y a invitar más a tocar, yo nunca dije ya estoy tocando profesionalmente, simplemente me di cuenta de que ya estaba tocando en muchos lugares y grabando en estudios, y dije mira, solo llevo cinco años en Nueva York y ya estoy haciendo todo esto», me dijo Jhoe Garay en esta parte final de la conversación en la que habla de sus experiencias en Nueva York y en México, y de algunos de sus proyectos.

Encuentros cercanos

En Nueva York hay una comunidad de músicos mexicanos que la están armando bien: Marcos Toledo, Rive Quiroz, Rudyck Vidal, Rey David y varios más. Cuando vine a hacer audición a JazzUV, conocí a Beto Jiménez, más o menos siete años después estaba en un concierto en un lugar de Nueva York que se llama Marrow y vi una cara familiar, me volteó a ver y me dijo:
—Hola, ¿eres de México?
—Sí, yo te conozco, tú eres el que daba clases de guitarra en JazzUV
—Sí, soy Beto Jiménez
Estaba por empezar su maestría en Nueva York. Fue un encuentro muy padre que no me esperaba y terminamos siendo buenos amigos, es una de las amistades que ni me imaginaba tener, la verdad es que es un gusto reconectarse con gente de acá y ver que la escena está creciendo, que hay más gente involucrada en esta música y que va para arriba, se le ve muy buen futuro al jazz en México.

Presta pa´la orquesta

Me falta un año para terminar la carrera y si todo sale bien, si tengo el apoyo de alguna beca de parte de la escuela o de parte del Conacyt, me encantaría hacer una maestría.
Hace como año y medio tomé una clase de arreglo para grupos pequeños y semigrandes, desde un trío hasta un noneto, y nuestro proyecto final fue hacer un arreglo para un noneto. Siempre me gustó mucho el arreglo, me gusta crear las estructuras y tener solos y a los solos ponerles un background, y con esos backgrounds crear texturas y un clímax a ese solo, y darle forma a todo el arreglo. Después tomé la clase de Arreglo II, que era para ensambles grandes, toda la clase se dedicó a hacer arreglos para big band y me encantó. Una de mis influencias grandes es Thad Jones-Mel Lewis Orchestra, y de los vivos, María Schneider, me encanta cómo crea paisajes con su música, y todavía estoy decidiendo si hacer la maestría en performance en guitarra o hacerla en arreglo, porque creo que para allá voy, como que me estoy inclinando más a hacer arreglos para big band.
Ahorita estoy trabajando en unos arreglos para big bang, tengo un proyecto de hacer composiciones para big band para el que estoy buscando apoyos, pero de eso les hablaré después, eso es lo que viene.

Cómplice de una voz

También tengo un proyecto con una cantante de Chipre que se llama a Christina Christofi, es un proyecto a trío. Una ocasión, un pianista que la acompañaba no pudo hacer la tocada y le dijo que me contactara, la cantante me habló, hicimos la tocada y de ahí ya no le volvió a hablar al pianista (risas), ya se quedó conmigo y en cada tocada que tiene, me llama.
Ella estudió en la universidad en la que estoy estudiando pero se graduó ya hace tiempo. Se supone que el próximo año vamos a ir a un festival a Chipre, pero todavía no está confirmado.

Voz de la guitarra mía…

Siempre que vengo a México, trato de tocar con músicos de acá. Cuando yo empezaba, veía a Gabriel Puentes y decía algún día voy a tocar con él pero no sé cuándo, es increíble, era mi héroe y lo sigue siendo. El año pasado tenía la idea de armar un trío con órgano acá en México, le comenté a mi amigo River —el baterista de mi quinteto— y me dijo Roberto Blanco es la persona que tienes que llamar. Lo contacté y me dijo fíjate que estoy en Chiapas, y no pudimos armar ese trío.
Él tiene un trío que se llama Organizer en el que el baterista siempre es Gabriel Puentes pero el guitarrista cambia, a veces es Pancho Lelo de Larrea, a veces es Alberto Medina, y el verano pasado me invitó a mí, entonces pude tocar con él y con Gabriel Puentes. Hicimos una fecha en la Ciudad de México y todo salió muy bien.
Como dos días después, me llegó un mensaje de Karina Galicia, yo ya la había escuchado, ya sabía quién era, qué estaba haciendo y siempre me pareció muy buena música. El mensaje decía:
—Oye, te fui a escuchar a ese concierto, hay que hacer algo juntas, te dejo mis videos
—Yo sí sé quién eres, he escuchado cosas tuyas; por supuesto, vamos a juntarnos para tocar
Pero a los tres días de esa fecha yo me iba de vuelta a Nueva York. No pudimos coincidir en ese verano, pero cuando estaba programando mi viaje para diciembre, le mandé un mensaje y le dije oye, voy a ir de tal fecha a tal fecha, ojalá podamos vernos y tocar o armar algo, y afortunadamente se armaron tres fechas —dos a dueto y una a trío con Israel Cupich— y estuvo muy bien, hubo muy buena química y nos entendimos muy bien, Karina es una persona súper creativa, muy talentosa y es increíble persona. Tocamos música de Telonius Monk y hubo un click inmediato, nos entendimos muy bien musical y personalmente.
El verano pasado también tuve la oportunidad de tocar con Roberto Aymes, increíble contrabajista mexicano y amigo, lo quiero mucho, siempre ha sido como un mentor para mí. También he tocado con Alex Mercado, con Pablo Prieto, con Emmanuel Chopis, con Erick Alfaro, con Israel Cupich.

Un mundo nuevo de ilusiones

Lo que más me emociona y me tiene ocupada ahorita es traer el quinteto a México y hacer ese intercambio cultural. Estamos pensando no solo hacer conciertos sino también alguna master class, hemos pensado en un workshop sobre procesos de aplicación para las universidades de Estados Unidos, tanto a nivel licenciatura como en maestría —porque dos de los miembros ya acabaron su maestría allá—. También podría dar asesoramiento para aplicar a la beca Latin Grammy, porque allá es muy caro y no todos tienen los fondos para ir a estudiar, esa beca me ha ayudado muchísimo a pagar la colegiatura de la escuela y creo que también podría ayudar a los músicos de aquí que se quieran ir a estudiar a Estados Unidos.
A veces te encuentras con gente que dice no, nada más para mí, o no te da la información porque dicen solo yo, pero no se trata de eso, se trata de crecer juntos, de saber que somos una comunidad, todos somos mexicanos y si yo te puedo echar la mano a alguien, lo hago con gusto, no te voy a ocultar nada, no voy a decir el Latin Grammy solo es para mí; yo no quiero ser la única mexicana que tenga la beca del Latin Grammy, mientras más la tengan, mejor, así creceremos culturalmente y el movimiento del jazz mexicano se va a hacer más rico, va a haber más conexiones y todos saldremos ganando.

La incansable lucha por el «sí»

La verdad es que me ha ido muy bien en Nueva York, no ha sido fácil pero estoy muy agradecida por las cosas que he vivido, por las experiencias que he tenido y agradezco mucho a mis maestros de la escuela, en especial a un trombonista que se llama Scott Reeves que siempre creyó en mí, sobre todo en los primeros dos semestres, cuando yo no creía en mí, él siempre me decía tú puedes, ahí vas, tienes algo especial, solo suéltalo, no pienses. Siempre que lo veo le agradezco mucho. Otra persona que me ayudó bastante y me sigue ayudando es Steve Wilson, el saxofonista alto; a pesar de tener siempre una agenda muy apretada porque toca con Chick Corea, Kenny Barron, la orquesta de María Schneider, siempre tiene un tiempo para hablar conmigo, para mandarme un mensaje y preguntarme ¿cómo van las cosas en la escuela? o recomendarme con gente para hacer gigs. Más recientemente, otra persona muy importante ha sido Mike Holober, entre él y Mac Castro abrieron la puerta a mi interés por los arreglos de grandes bandas y estoy muy agradecida con ellos. También estoy muy agradecida con mi familia, por supuesto, en especial con mi mamá pero también con mi papá.
Cuando era chica, una vez mi papá me dijo el «no» ya lo tienes, ahora ve a buscar el «sí», desde entonces ha sido parte de mi filosofía: anímate a preguntar a la gente, acércate a los músicos con los que quieras tocar, lucha por lo que quieras hacer, el «no» ya lo tienes, lo único que esperas el «sí», así conocí y logré tocar con músicos como Gabriel Puentes, Israel Cupich, Pablo Prieto, Alex Mercado, Roberto Aymes. Todo lo hice con eso en mente: no pasa nada, solamente pregunta, el «no» ya lo tienes.

PRIMERA PARTE: La incansable lucha por el «sí»
SEGUNDA PARTE: Giant steps




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