El primer calambre que recibió el líder estatal del PAN, José de Jesús Mancha Alarcón, se lo dejó caer la Contraloría General del Estado al solicitar a la Sedesol información sobre los contratos que esta dependencia le asignó y que lo tienen metido en un brete que le puede costar la cárcel.

Este calambre jamás se hubiera dado sin la venia del gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, con lo que Pepe supo que su jefe, amigo, protector y cómplice lo abandonó a su suerte.

¿Por qué el abandono? Por casi nada, Pepe no pudo repetir el triunfo del PAN de hace dos años y esta derrota se llevó entre las patas a los Yunes padre e hijo que deseaban ocupar la gubernatura por seis años más.

Sin el aval de Yunes Linares, Mancha tenía la esperanza de agarrarse al único clavo que quedaba en la pared: su reelección en la dirigencia del blanquiazul. Pero para su mala fortuna este jueves se enteró que en un conocido comedero xalapeño se reunieron panistas de todo el estado para manifestarle su apoyo a la dupla de Joaquín Guzmán Avilés y Enrique Cambranis a la dirigencia estatal del PAN.

Este segundo calambrazo lo cimbró porque pegó en la línea de flotación de su embarcación que comienza a hacer agua sin remedio.

Solo y sin el apoyo del gobernador, el futuro de Mancha se oscurece rápidamente.

El 26 de junio el portal de noticias La Silla Rota, dio a conocer que el tuxpeño recibió más de 70 millones de pesos de distintas instancias de gobierno a través de cinco empresas.

El portal asegura que ese dinero corresponde a licitaciones de obras públicas y convenios publicitarios en los ejercicios fiscales 2017 y 2018 y Pepe empleó como prestanombres a su mamá, Cristina Sergia Alarcón Pérez y a su esposa, Monserrat Ortega Ruiz.

En medio del escándalo y con las elecciones a la vuelta de la esquina, el presidente de la Comisión de Procuración de Justicia en el Congreso Local, diputado José Luis Enríquez Ambell, defendió a Pepe al manifestar que no había tráfico de influencias ni era necesario aplicar auditorías a los contratos.

Pero una vez pasadas las elecciones y con el PAN derrotado y dividido, Yunes Linares (que ni perdona ni olvida) decidió que Pepe ya no entra en sus planes y… adiós.

Mientras se apaga la estrella del tuxpeño, refulge la de Joaquín Rosendo Guzmán.

Joaquín ha sido tres veces alcalde de Tantoyuca, diputado local y federal; ha heredado el poder municipal a sus tres hermanos, metió a 20 de sus parientes a la nómina de la presidencia municipal, lo acusaron de robarse 9 millones de pesos (en Tantoyuca juran que fue mucho más), estuvieron a punto de desaforarlo, en la actualidad ocupa la titularidad de la Sedarpa donde casi todo mundo lo desprecia, ha sido señalado de corrupto, bandido, atracador, cacique y otras lindezas, pero de ahí en fuera es muy honrado.

El tipo es un triunfador. Su influencia en Tantoyuca es tan vasta que ha ganado todo lo que se ha propuesto.

Y si a eso se le suma que lleva como compañero de fórmula a Enrique Cambranis, diputado local electo y con grandes posibilidades de sustituir en la coordinación de la bancada panista al inepto de Sergio Hernández, entonces el triunfo de Joaquín es casi un hecho.

¿Qué pasará con Pepe?

Tiene tres opciones: buscarse un buen bufete de abogados porque la bronca que se le viene será de proporciones épicas; huir y rogar al cielo porque no lo apañen o pedir la caridad de que lo acepten en Morena.

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