La noche del 8 de diciembre de 1980, un oscuro y mediocre sujeto veinteañero llamado Mark David Chapman, entró en la historia por la puerta trasera al asesinar de varios balazos al ex Beatle John Lennon.

Aquella noche, después de cometer su atrocidad, Mark se sentó en el quicio de la banqueta del edificio Dakota, frente al Central Park de Nueva York, a esperar la llegada de la policía.

Condenado a cadena perpetua, Chapman ha intentado en nueve ocasiones obtener su libertad condicional y las nueve veces se la han negado. La próxima semana lo intentará por décima vez. (Es por ello que estoy tocando el tema).

Mark David es un hombre de 63 años arrepentido del acto que cometió y lo único que desea es pasar tranquilo el resto de su vida. Ha encontrado la paz en Jesús y está lejos de ser un peligro social, dicen sus abogados.

En septiembre del 2014, cuando solicitó su libertad por octava ocasión dijo: “Siento haber sido tan idiota y elegir el camino equivocado para la gloria. Siento haber causado ese dolor, mucha gente lo amaba (a Lennon)”.

Deseoso de fama, de ser noticia mundial, Chapman llegó a obsesionarse y encontró en John Lennon el medio ideal para salir del anonimato. “Esa luz brillante de la fama, de la notoriedad estaba allí y no pude resistirlo” dijo a los miembros de la Junta de Libertad Condicional que lo regresaron a su celda.

Pero al fin de cuentas logró lo que buscaba. Basta pronunciar su nombre para que casi cualquier persona de cualquier país sepa quién es. Este sujeto sigue siendo el reo más famoso del mundo 37 años después de haber ingresado en prisión.

Mark Chapman mató a un tipo irreverente que rompió con los convencionalismos sesenteros y junto con tres chavos, se alzó por encima de los mortales al escribir, tocar y cantar la música pop más bella hasta ahora.

No se podría entender el mundo actual sin Los Beatles ni John Winston Lennon; el chico miope de Liverpool, huérfano de madre, abandonado por su padre y que fue criado por una tía que lo recriminaba cariñosamente con la cantaleta: “John, esa guitarrita no te llevará a ningún lado”.

Pero esa guitarra y su genio lo llevaron por un mundo donde cada 15 segundos se escucha una canción de Los Beatles.

John Lennon era un irreverente, sí, pero también un pacifista que nos llevó a bordo de un submarino amarillo en un viaje mágico y misterioso mientras imaginábamos que todo lo que necesitamos es amor sentados en un campo de fresas, en la colina donde vive un tonto o paseando por Penny Lane.

John Lennon fue un revolucionario que influyó en la juventud del siglo anterior y en la actual, sin disparar un solo tiro. Un genio del siglo veinte que murió de cinco balazos en la espalda y con su muerte hizo famoso mundialmente a su asesino.

Mark Chapman por su parte es un tipo obstinado y tozudo que buscará por décima ocasión convencer a un jurado que está arrepentido de su monstruosidad y deben dejarlo irse a su casa.

Este diciembre se cumplirán 38 años de que Lennon fue abatido cobardemente y hay quienes piden que Chapman sea puesto en libertad en dos años, para que cumpla en la cárcel los 40 que tenía John cuando lo mató.

Yo opino que Mark debe salir dentro de 40 años, para que cumpla encarcelado los 78 que cumpliría John Lennon este 9 de octubre si viviera.

Creo que sería lo justo.

bernardogup@nullhotmail.com