Cuando llegó a Xalapa, Alex Lozano se quedó sorprendido de la capacidad de los músicos fue descubriendo desde los primeros días de su estancia en esta ciudad, hoy, a escasos cinco años de distancia, se ha convertido en uno de ellos. Seguramente, tanto en JazzUV Band como en Jazz House Collective, en Sideman Trío, en Zenda, en el grupo de Silvana Estrada y en los diversos proyectos en los que ha participado, su beat y su swing se han convertido en referentes para las nuevas generaciones que se aproximan al jazz.
Hace unos días, durante un poco más de una hora me contó su desarrollo desde el primer contacto con la batería, cuando tenía 11 años, hasta este momento en el que está a punto de egresar de JazzUV.

Brothers In Arms

Yo soy David Alejandro Lozano Villagarcía, soy de Torreón, Coahuila, solamente de nacimiento porque no crecí ahí, donde crecí fue en Morelia, Michoacán. Vengo de una familia en la que nadie toca ningún instrumento pero sí son melómanos y les gusta la música de todo tipo. A mi papá le gustan cosas bien distintas, escucha de todo y yo creo que eso es lo que me ha hecho flexible a la hora de escuchar música.
Empecé a tocar la batería a los 11 años por mera curiosidad, porque se me hacía que se veían bonitos los instrumentos, me parecían muy atractivos visualmente y me llamaban mucho la atención. Mi hermano empezó con la música antes que yo, se podría decir que él fue mi primera influencia, es tres años mayor que yo y empezó a tocar la guitarra y a escuchar grupos de rock, no sé si es en todos los casos pero yo siento que siempre los hermanos mayores ejercen mucha influencia, uno siempre trata de hacer lo mismo que ellos, seguirles la corriente y copiarlos en lo que sea, entonces, cuando él empezó a tocar la guitarra y a escuchar grupos de rock, yo empecé a ir detrás de él, únicamente que yo escogí la batería.
Él fue la persona con la que soné la primera rola, cuando yo tenía como 11 o 12 años. Primero me metieron a clases, mis papás habían probado un montón de cosas para ver con qué me entretenía: fútbol, karate y esas cosas, pero ninguna funcionaba y probaron con música y parece que ahí encontraron una manera de entretenerme. A mí me gustó mucho y además se dio que a mi hermano también, entre los dos empezamos a hacer música y esa idea les llenó de mucha felicidad a mis papás, les gustaba vernos tocar juntos.
Por influencia de mi hermano, lo primero que empecé a tocar fue rock y el primer grupo que formamos fue de metal, yo tendría unos 14 o 15 años. La banda se llamaba Runas, estaba mi hermano, Juan Manuel Lozano Villagarcía, Daniel Pineda Durán, Francisco Castillo y yo. Nos metimos a concursos de la Yamaha y cosas así, y llegamos a ir al DF un par de ocasiones a concursar con nuestra banda. Pero todo eso empezó a cambiar cuando empezamos a crecer todos, siempre nos gustó la música pero cumplimos 18 y todo mundo empezó a tomar caminos distintos. Los intereses de todos cambiaron, el único que siguió con la idea de querer estudiar música fui yo.

Inner Urge

Daniel Pineda es uno de los primeros personajes que me empezó a mostrar otro tipo de cosas, además del rock, me empezó a enseñar bateristas, guitarristas de otros estilos, fue el primero que me dijo quién era Antonio Sánchez y ese tipo de cosas que yo jamás hubiera imaginado escuchar, y gracias a eso decidí estudiar música de manera formal, porque solo tomé unas pocas lecciones y después seguí por mi cuenta de manera autodidacta. Cuando cumplí 18, más o menos, decidí estudiar la música un poco más en forma y me nació la idea de entrar a una escuela para aprender más.
Mi primer maestro de música, ya en forma, fue un guitarrista del Conservatorio de las Rosas, allá en Morelia, se llama Carlos Alberto Aréchiga, él fue el que me dio las primeras lecciones de música más específicas, el primero que me habló de historia, de periodos, de teoría y me preparó para entrar a la Escuela Nacional de Música en el DF, ahí había un examen en el que había que saber varias cosas de armonía y teoría, cosas que yo no sabía, y este maestro me ayudó a entender todo eso.

Morelita me voy/ hasta la Nacional

Cuando salí de la prepa, a los 18 años, me fui con mi papá al DF, presenté el examen y entré a la Escuela Nacional de Música de la UNAM con la idea de estudiar composición, porque sí me gustaba mucho la batería pero también me hacen ruido otras cosas: aprender a tocar otros instrumentos, entender un poco más los instrumentos armónicos y melódicos. En esa escuela adquirí los primeros conocimientos teóricos bien en forma y me enseñaron a tocar el piano, lo cual me ayudó a entender un poquito todo lo demás, y también a pasar los exámenes de admisión de las escuelas.
Estuve un año y medio en la Nacional de Música, la verdad es un ambiente que no comprendí muy bien porque yo venía de tocar música popular, mi idea de la composición era un poco más apegada a esas cosas con las que yo había crecido y el ambiente de la creación y la composición en las escuelas de música clásica es muy abstracto, es música muy cerebral y me tomó de golpe, apenas estaba yo aprendiendo cómo formar acordes y mis compañeros de composición ya estaban pensando en deshacer el piano y ponerle hojas y cosas así. A mí me costaba trabajo entender ese rollo.

Le puso Jorge al ritmo

Además de mis clases de la Nacional, le pedí clases de batería a un maestro que da clases en la Superior, se llama Jorge Fernández, él fue el primer profesor de batería de jazz que tuve, fue el primero que me dijo te voy a pasar estos ejercicios de técnica, las baquetas se agarran de esta manera, fue el que me empezó a dar una visión más completa del instrumento y a tocar de una forma un poco más sensible, porque yo venía de tocar solamente rock y él fue el primero me dijo mira, puedes tocar así pero también puedes tocar más suave. Me empezó a hablar de cosas que yo, en su momento, no comprendía muy bien como todas las capacidades dinámicas y sonoras del instrumento, fue el primero que me empezó a hablar de técnica, de cómo sacar el sonido de la batería de distintas formas. Yo tenía 18 o 19 años.

Chilanga banda

A la par, uno de mis compañeros de la Nacional de Música, que se llama Alfredo Valadez, tocaba el bajo eléctrico con un argentino y me invitaba a trabajar con ellos. El argentino se llama Esteban Butticce, tenía conocidos que lo invitaban a tocar a varios lugares del DF y del Estado de México y nos traía recorriendo la ciudad de arriba a abajo de miércoles a sábado. Aunque tocábamos puro rock en ese trío, eso me ayudó a entender cómo es el hueso, cómo tiene uno que resolver para trabajar y estas cosas. A este amigo, Freddy, también le gustaban otras cosas y me ponía discos, me hablaba de conceptos de la música diferentes, él también quería estudiar jazz y empezó a sembrar esa curiosidad en mí.

Triste canción de amor

Seguí con esa dinámica pero de pronto empecé a desubicarme en la Nacional, empecé a bajar un poco el rendimiento porque estaba trabajando en las noches y estaba con mi otro maestro y las clases de composición no eran realmente interesantes para mí, entonces empecé a colapsar, habré tenido como 20 años y dije voy a ver si puedo cambiarme a la Superior de Música, lo que hago tiene más que ver con la batería y con otro tipo de cosas, no tanto con la composición abstracta de los músicos de escuela.
Llegó un momento en que tuve que decidir para darle una forma mi vida, dije ¿qué voy a hacer, me voy a quedar aquí o me voy a ir por el lado del jazz y de la batería, de la música popular?,
Yo, la verdad no sabía mucho de los personajes de la escena del jazz pero como tenía que darle un rumbo a mi vida dije pues vamos a jugarnos el volado y a ver si pega, y decidí cambiarme a la Superior. La primera ocasión que iba a hacer mi examen de admisión, fue una completa tontería pero me equivoqué de hora (risas), era a las 11 de la mañana y yo pensé que era las cinco de la tarde y fue un relajo, cuando llegué, ya todos habían hecho su examen y se me fue la oportunidad de entrar. La segunda vez que intenté, ya había tomado lecciones con mi maestro de batería de jazz, según ya estaba más preparado pero no fui aceptado. Fuimos un montón de aspirantes y nos fueron descalificando etapa por etapa. Fueron como seis etapas, yo llegué a la última junto con otros tres bateristas y solo aceptaron uno, entonces dije chale, ya no quedé aquí, entonces recordé que un compañero de la Nacional de Música, contrabajista, solía tomar clases aquí en Xalapa con un profesor y un día me dijo oye, yo voy seguido a Xalapa y la otra vez descubrí que hay una escuela de jazz y están estos maestros, y dije pues vámonos para Xalapa.
Entonces me tocó darle discurso a mi papá: oye papá, la verdad es que yo quiero darle un giro diferente a mi carrera, no soy muy feliz aquí en la escuela de música clásica, he aprendido mucho pero siento que no me hallo -obviamente no le dije que las materias de composición iban por los suelos (risas)-. Hay una escuela de jazz en Xalapa y quiero irme para allá.
Mis padres siempre me han apoyado mucho en las cosas que hago y, además, siempre me han visto picando piedra, veían que estaba en la Nacional y trabajaba por las noches y al mismo tiempo estaba yendo a clases con un maestro. Mi papá me veía siempre muy activo y yo creo que le daba cierta seguridad y me dijo órale, yo te apoyo y vamos a ver qué sucede.

(CONTINÚA)

 

SEGUNDA PARTE: La casa del jazz
TERCERA PARTE: La ciudad de las flores



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