—Ayer me fue imposible llegar, mi pequeño Salta. —me dijo el maestro apenas se acercó a la mesa del café, y continuó su explicación:

—Me tocó en el camino a la ciudad un grupo de manifestantes que exigían algo que no alcancé a escuchar. Por lo que vi, ellos decidieron que la mejor manera de molestar a la autoridad era hacerle la vida imposible a todos los ciudadanos, sus iguales, y para ello cortaron el paso de la transitada carretera que nos lleva a la ciudad a quienes vivimos en los pueblos aledaños. Así que estuvimos detenidos por más de dos horas, y a mí no me quedó más remedio que bajar del autobús y regresar caminando a mi casa. Pero aquí me tienes para culminar lo que te estaba diciendo respecto del mejor amigo del hombre, el perro (aunque en una de ésas el hombre es el peor enemigo del perro).

Te decía que hay que tener cuidado con las mordidas de los canes, porque en su hocico pululan bacterias y virus que llegan a ser peligrosos para el ser humano. Anteayer antes de irme hablaba de un bicho particular, el estreptococo pyogenes, que puede llegar a causar una fascitis necrotizante, una gangrena que prácticamente se come la piel humana y todo lo que encuentra a su paso hasta el hueso.

—Ah caray, señor Gurú, eso está para espantarse —exclamé—. ¿Y qué tan a menudo puede suceder un caso así?

—Bueno, no es muy usual. Más bien es una rareza, pero el peligro de que se pueda dar es patente si tienes una mascota en casa y convives con ella… o si alguien la tiene, la saca a pasear y no tiene el cuidado de evitar que su perro  muerda a alguna persona.

—Es cierto que hay muchos (¿dueños?, ¿amos?) tenedores de perros que no guardan ninguna precaución con las molestias que le pueden causar a quienes no tienen la costumbre de convivir con este tipo de animalitos o animalotes.

—Y aquí viene lo ético del asunto. Tener un perro implica una serie de responsabilidades con el propio animal y con la sociedad. En principio de cuentas, exige que se le alimente bien, que se le cuide, que se le bañe y que se manejen adecuadamente sus residuos corporales: heces, orina, pelos y baba. Un perrito requiere tanto trabajo y tantos cuidados como tener un bebé, si se hace con compromiso. Y después vienen las responsabilidades con los demás. Cualquier perro ladra con estridencia (los peores en este departamento, asómbrate, son los diminutos chihuahua, que hacen un verdadero escándalo a partir de sus pequeños hocicos) y molesta al vecindario; también ocasiona fuertes olores si no se le baña o no se limpian con rapidez sus excreciones, y añade el peligro de una mordedura, que puede ser muy dolorosa y peligrosa, según vimos.

—¿Se ha dado cuenta, maestro, de que cada día hay más personas que tienen mascotas, sobre todo gatos y perros?

—En efecto. Yo creo que tiene que ver con la soledad. Como cada vez estamos más solos porque las relaciones humanas se han ido al caño, buscamos la aparente compañía de un perro, lo que hace exclamar a sus dueños que es como un ser humano, que sólo le falta hablar y que es más leal que cualquier persona y más cariñoso que toda nuestra parentela junta. Yo, la verdad, prefiero aguantar mi soledad a tener que andar levantando caca y limpiando orines, pero ya sabes cómo soy de especial, Saltita, y más con responsabilidades que son adquiridas artificialmente.

Dicho lo que tenía que decir, el pensador se levantó y se fue.

sglevet@nullgmail.com

Twitter: @sglevet

Facebook.com/sglevet

www.journalveracruz.com