Si se me ocurriera hacer un relato o una novela cuyo protagonista escuchara, a los siete años de edad, solamente dos piezas de un grupo de jazz y eso fuera suficiente para que, en ese momento, se asumiera como músico, quizá resultaría inverosímil. Si dijera, además, que cinco o seis años más tarde no fuera solamente músico sino jazzista consolidado, integrante de un grupo que anduviera en giras, teatros y festivales, probablemente el lector abandonaría mi relato y se iría en busca de una historia más creíble.
Como muchas veces la historia supera a la ficción, los invito a leer la verdadera y feliz historia de Pablo Prieto, baterista mexicano.

Intro

Yo soy de la Ciudad de México, de una familia numerosa, éramos siete hermanos. En la casa siempre escuchábamos música en las consolas que había antes, escuchábamos de todo, música clásica, música mexicana, música pop, rock and roll, de todo y de repente, cuando yo tenía siete años, cayó en la casa un disco de vinil de 45 rpm que solamente decía: Dave Brubeck Quartet. Blue Rondo à la Turk. Take Five. Ya me encantaba la música pero cuando escuché ese disco me quedé atónito, dije ¿qué es esto? Especialmente con el tema Blue Rondo à la Turk quedé maravillado por la impecable técnica y la limpieza de ejecución de estos cuatro maravillosos músicos. Fue cuando dije yo quiero hacer eso, soy músico por Dave Brubeck, él es el culpable de que yo no tenga un empleo fijo.
De ahí en adelante vino una gran pasión y un amor por la música. Como todos los bateristas, empecé a tocar con las cacerolas, las ollas y las cubetas de la casa, después vino una batería y unas clases en las que la pasión se confirmó. Aunque tomé unas clases, realmente fui autodidacta. Lo curioso del caso es que, desde el momento en que me atrapó esta música y empecé a estudiar, prácticamente me asumí como músico, no me pregunté qué iba a ser, nunca dije, por ejemplo, a mí me gusta el futbol, nada de eso, siempre dije yo soy músico.

Once When I Was Very Young

Cuando estaba en la primaria hice una audición para formar parte de la banda de la escuela que tocaba en fiestas, en kermeses, en las graduaciones. Cuando llegué a la audición no pregunté ¿cómo se hace?, no, yo llegué, me senté y, no sé cómo, pero toqué sin saber nada de música. Había una fila como de 30 chamacos que querían tocar la batería y me escogieron a mí.
Como ya me asumía como músico, lo tomé muy en serio y empecé a tomar clases privadas con un maestro, después me metieron a una academia de música que estaba por la calle de Fresno. Ahí me dieron lecciones de solfeo y las lecciones básicas del instrumento, del tambor y todo eso
Después entré a la secundaria y, al mismo tiempo, a la Escuela Nacional de Música de la UNAM donde empecé a estudiar diferentes materias tales como Solfeo, Conjuntos Corales, Historia de la Música, Teoría Musical, Percusiones, obviamente clásicas porque en la Escuela Nacional de Música no había baterías, me daban los principios del tambor y de los timbales. Ahí estuve un poco más de dos años.

Take One

En mi colonia había un pianista de jazz jovencito que había ganado un concurso en una escuela y tenía que presentar un par de conciertos, uno en la Sala Chopin y otro en el Teatro Ferrocarrilero. Este joven pianista, que se llama Horacio Rangel, empezó a buscar un baterista que tocara jazz porque en aquel entonces, y así debe seguir siendo, en muchas colonias existían las clásicas bandas de garaje, el grupo de colonia que toca rock o covers y él quería un grupo de jazz entonces preguntó y una amiga de una hermana mía que era muy amiga de él le dijo fíjate que conozco un chavito de 13 años que toca muy bien la batería. Casi, casi que no creyó pero dijo bueno, déjame ver.

Trío de Horacio Rangel (Imagen, cortesía de Pablo Prieto)
Trío de Horacio Rangel (Imagen, cortesía de Pablo Prieto)

En la casa había un piano, ya sabes, el clásico piano que fue de la abuelita o del tío.
Al otro día llegó Horacio Rangel, nos conocimos y dijo vamos a tocar, y cuenta la historia que el joven quedó fascinado porque, me dijo después, cuando me vio tomar las baquetas no fue como vamos a jugar a tocar a ver qué sale sino que yo ya estaba, muy serio, en mi papel de músico.
Le encantó, formamos el Trío de Jazz de Horacio Rangel e hicimos las presentaciones de ese premio. Después tuvimos la fortuna de que a Horacio se le ocurrió llevar su trío de jazz a las universidades y las escuelas, cosa que no se usaba mucho. Algo parecido a lo que hizo Dave Brubeck, Jazz Goes to College. Horacio Rangel tocaba muy bien el piano, se le ocurrió tocar puertas en las universidades y en las preparatorias y estuvimos dando conciertos para diferentes escuelas en la Sala Chopin, en El Palacio de la Música en Veerkamp, en el Teatro Ferrocarrilero, en el Teatro Gorostiza.
Estuvimos muy activos, el grupo llamó la atención y nos invitaron a tocar en uno de los festivales más importantes de jazz que había en México en aquella época, el Festival de Jazz de Cuernavaca. Nosotros fuimos en el 76, se celebró en la Hacienda de Cortés, estuvieron Francisco Téllez y su Cuarteto Mexicano de Jazz, Eugenio Toussaint con el grupo predecesor de Sacbé que se llamaba Blue Note. Estuvieron los mejores músicos de jazz de la escena de aquel entonces y no sé si nosotros de colados pero llamó mucho la atención el trío y, sobre todo, llamó mucho la atención un niño de 14 años que ya estaba tocando la batería, todo el mundo decía que lo hacía muy bien (te digo lo que decían, no es que lo diga yo). Después fuimos a otros conciertos y seguimos tocando hasta que Horacio Rangel terminó su preparatoria y empezó a estudiar otra carrera.

Trío de Horacio Rangel (Imagen, cortesía de Pablo Prieto)
Trío de Horacio Rangel (Imagen, cortesía de Pablo Prieto)

Tocar en ese grupo fue increíble porque me dio una formación muy importante antes de terminar mis estudios básicos de música. Si me asumía como músico a los nueve años de edad, después de esta experiencia no era solamente baterista sino que ya era jazzista.
En la Escuela Nacional de Música me preguntaban:
-¿Por qué te gusta la batería?
-Porque toco jazz y ya doy conciertos
-¿Cómo, dónde?
-Pues aquí y allá
-¿Pero cómo, estás empezando aquí en la escuela y dices que ya andas dando conciertos?
-Pues, sí
No me creían pero era así, yo estaba tocando en varios lugares de la ciudad, en teatros y en conciertos de jazz en otros escenarios, no tocaba en bares porque estaba muy pequeño pero ya era jazzista.

 

SEGUNDA PARTE: El jazz viajero
TERCERA PARTE: En mi propio dulce camino
VER TAMBIÉN: Dave Brubeck, Pablo Prieto y el regalo eterno

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