Debo confesarte, estimada Verónica, que las dos entregas anteriores tienen muchas partes en las que me ganó la emoción, convertidas sobre todo en ejercicios de ingeniería sentimental, que igual sirven porque tanto revelan.

Pero también es mi intención aportar a la reflexión específica sobre la importante función que te espera dentro del próximo Gobierno, que encabezará tu esposo, si el voto popular así lo decide (perdón por el lugarzazo común, pero trato de atenerme a las reglas del OPLE).

Como esposa, como compañera, como ¿cómplice? -en el sentido amoroso del término-  del político, del aspirante, del precandidato, del candidato (y pronto del Gobernador, si el voto popular… etc.), están demostradas con creces tu valía, tu viabilidad, el importante soporte que le das.

No obstante, como presidenta del patronato del Sistema DIF estatal tendrás que cumplir una función crucial y delicada dentro de la administración estatal: la asistencia a los grupos vulnerables: a los niños indemnes, a las valientes madres solteras, a los voluntariosos discapacitados, a nuestros orgullosos indios -padres de nuestra cultura milenaria y única-, a los dignos menesterosos, a nuestros queridos viejos.

[No entiendo mucho esa necesidad oficial de usar eufemismos en el trato a esas porciones de la población, que lleva a decirles invidentes a los ciegos, personas de la tercera edad a los viejos, indígenas a los indios, personas con capacidades diferentes a los discapacitados, y así por el estilo. Yo siento que cuando a alguien le digo que es un indio o a otro que es un viejo lo hago con el mayor respeto al idioma, a su condición y al orgullo que deben tener por ser lo uno y/o lo otro: pero en fin…].

La asistencia social es el meollo del asunto. Para mí, es la parte más delicada y exigente de la función pública. El ataque a la pobreza y la marginación vienen aparejadas con la salud, la educación, los valores, la vida digna.

A ti te tocará velar por esa parte. Lo que tú y tu equipo hagan por nuestros vulnerables -que son, ay, tantos y tienen tantas necesidades- repercutirá en todo la administración de tu esposo. La vida digna empieza con un buen techo, con un hogar limpio y habitable, con familias en las que hay respeto, pero también una alimentación adecuada, una salud vigilada y una buena educación.

Veo que estás sumando a personas de gran valía, como doña Sonia Sánchez de Chirinos, que será una auxiliar destacada por su experiencia y su talento natural. Seguramente otras personas con calidad similar ya están contigo y se irán sumando otras inteligencias, otras pasiones, otros talentos.

Es duro ver las condiciones a que puede llegar la miseria, ante esa terrible realidad sólo queda el trabajo inmenso, pero también la buena disposición, el sentido del humor como una medicina más (recordemos al doctor Patch Adams), la persistencia.

Y tu propia educación; educación en ambos sentidos: la que adquiriste en casa directamente de tu madre (como pasa en todos los buenos hogares, la esposa es la que educa inicialmente a los hijos), esa formación que te hace ser empática, agradable, sencilla en el trato, y la otra, la académica, la que recibiste en la escuela durante tus largos años de estudio, que se completó con la experiencia de los empleos en los que tan bien cumpliste.

Veo ante ti un enorme reto. Me gusta que no te arredras y no pierdes esa sonrisa que ilumina tu rostro cuando te acercas a los necesitados para ayudarles.

Tu responsabilidad, como para Héctor, es inenarrable, pero tienes madera… y entusiasmo… y voluntad de servicio.

Te deseo -les deseo- éxito, mucho éxito, pues todo será por el bien de Veracruz.

Atentamente.

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