“No soy de los que dejan botada la chamba” Juan Antonio Nemi Dib

Eran los primeros días de 1987 cuando llegué a las oficinas del gobernador en el palacio de gobierno. Don Fernando Gutiérrez Barrios me había citado a las 11:00 horas y había que estar quince minutos antes con el profesor García Mercado, su particular, porque a las 11:00 en punto abría la puerta y a cumplir con la cita. Don Fernando era un obsesionado de la puntualidad, decía: “si quieres que respeten tu tiempo, respeta el de los demás”. Detalles que hablan de la formalidad de las personas y que en un político valen oro porque son contados los que la practican.

Total a, las once en punto entré al privado del gobernador.

Tras un saludo afectuoso, como era siempre, desde que arrancó su campaña y me senté a desayunar en el restaurante del hotel Xalapa junto con Dante Delgado Rannauro, quien me hizo el favor de presentarme con El hombre leyenda, y empezó la plática.

-¿Qué opina la gente de mi gobierno?, era la pregunta que me hacía siempre interesado por la opinión de los gobernados, siempre cuidando su buena imagen, siempre político de gran sensibilidad. Estábamos en eso cuando por el teléfono le avisó el profe García Mercado que ahí estaba el alcalde de Pánuco, el ingeniero Fortunato Guzmán Rivera, a quien había mandado a llamar el gobernante.

Hágalo pasar de inmediato, ordenó Gutiérrez Barrios.

Me paré del sofá y cuando me disponía a despedirme el gobernador pidió: Espéreme tantito, don Manuel, quiero que sea testigo de algo. Y me volví a sentar.

García Mercado abrió la puerta y entró junto con el inge, quien atento espetó: Señor gobernador, gusto en saludarlo, aquí estoy, a sus órdenes.

Siéntese, señor presidente, ordenó don Fernando, y él hizo lo mismo quedando frente a frente. Le clavó esa mirada que como un par de espadas se hunden en el cerebro y comenzó: Lo he mandado a llamar porque sé que, debido a su cercana relación de amistad con nuestro amigo Joaquín (Hernández Galicia “La Quina”), su compadre, le ha mandado materiales para la construcción de algunos caminos, de algunas aulas escolares y, en general, para obras que se dispone a realizar en el municipio de Pánuco. No sé desde cuándo el líder petrolero le da ese tipo de apoyos pero entiendo que desde que inició su administración; quiero que regrese de inmediato a su tierra, levante todo lo que le llegó de materiales y se los regrese a Joaquín, antes, hágame una lista de las necesidades de su municipio y pase a entregársela a Raúl Ojeda (Secretario de Finanzas de su gobierno), él tiene instrucciones de apoyarlo con todo lo que requiera, mañana mismo le estaremos entregando esos materiales.

Sí, señor, contestó Fortunato y, tras un molesto silencio, don Fernando volvió a hablar en tono más fuerte: No quiero volver a saber que Joaquín se mete en el municipio que usted gobierna, ingeniero, es mi responsabilidad atender las necesidades de todos los municipios de Veracruz, el gobernador soy yo y cuando necesite algo aquí estoy.

Sí, señor, volvió a contestar Nato (así le dicen de cariño en Pánuco) y se despidió.

Don Fernando volvió conmigo solo para comentar: ¿Cómo ve, don Manuel, “La Quina” ha venido avanzando en el norte de Veracruz, ya compró tierras a nombre del sindicato que regentea y las ha entregado a campesinos de la región para que las cultiven, pero además apoya, como al alcalde de Pánuco, a los presidentes municipales que lo buscan y eso no está bien… El poder no se comparte, el gobernador de Veracruz se llama Fernando Gutiérrez Barrios.

Javier sí lo compartió

El incidente que me tocó vivir con Gutiérrez Barrios cuando le llamó la atención al alcalde panuquense por sus nexos con “La Quina”, a quien le permitía avanzar en su zona de influencia en el norte del estado, me enseñó que, efectivamente, un gobernador debe asumir, solo, la responsabilidad del ejercicio de la autoridad en todo el estado, no debe permitir que algún colaborador hable o tome decisiones en su nombre, ni un familiar por cercano que este sea.

Dante Delgado Rannauro, por ejemplo, jamás permitió la injerencia de nadie en su gobierno, incluso prescindió de los servicios de funcionarios que le dejó el mismo Fernando Gutiérrez Barrios, el Secretario de Gobernación.

Sin embargo, Patricio Chirinos Calero sí lo hizo. A lo mejor por su afición al aguardiente, por pereza mental, o por indiferencia con sus responsabilidades, dejó en manos de Miguel Ángel Yunes Linares el manejo político del gobierno y por eso es que había dos grupos al interior del gabinete, los que había nombrado Patricio y los que encumbró Miguel Ángel.

Miguel Alemán Velasco, en cambio, hizo lo contrario, si bien es cierto que tuvo a su alrededor hombres fuertes como Alejandro Montano Guzmán, Sergio Maya, Ricardo García Guzmán y Roberto López Delfín, también es cierto que todo lo que hacían lo consultaban primero con el gobernante; aunque lo adornaran con suficientes argumentos para salir con la suya, siempre lo pasaban por el tamiz de quien era el gobernante.

Fidel Herrera Beltrán hizo lo mismo. Con excesiva imprudencia, durante su sexenio, no hubo hoja de un árbol que cayera sin que él estuviera enterado, pecaba de cuidadoso en el ejercicio del poder. Las contadas ocasiones en que alguien hizo algo sin consultarlo, lo echó abajo, filtrando en los medios de comunicación burlas contra el osado colaborador. Y, bueno, como es de todos sabido El Tío no compartió el poder pero sí la lana. En su eficiente tarea de saqueo y de hacer cualquier tipo de negocio al amparo del poder, contó con la complicidad de todos los integrantes de su gabinete; de ellos, solo Carlos Aguirre, Jorge Carvallo, Erick Lagos y Mauricio Audirac compartieron los dividendos del atraco, a los demás les tocaron migajas. Pero en cuanto al poder, Fidel no compartió un solo gramo en los seis años en que permaneció en la silla principal del Palacio de Gobierno, hasta el último minuto de su administración.

Lo contrario ha ocurrido en la actual administración, en perjuicio de los veracruzanos. Javier Duarte de Ochoa arrancó compartiendo el poder con su antecesor, con Fidel Herrera Beltrán y toda la familia Borunda; se rodeó de “amigos” que a los pocos días le estaban dando la espalda. Un ejemplo claro de esto fue la primera elección de diputados locales, Duarte quiso ganar mayoría en el Congreso y para ello invitó a Erick Lagos, a Adolfo Mota, a Marcelo Montiel y a otros miembros de su gabinete para que buscaran las diputaciones en sus distritos y lo mandaron a la goma, simplemente no quisieron participar y de frente negaron a Javier Duarte su participación: A mi déjame donde estoy, no me molestes, busca quien quiera ser diputado, yo no estoy disponible, habrían dicho a su cuate, al chamaco encumbrado, al joven bien intencionado pero ingenuo, a quien los había hecho pero a quien no respetaban.

¿Con cuántos ha compartido el poder Javier Duarte de Ochoa? Con todos. Funcionarios de primero y segundo nivel, asesores y parientes cercanos han abusado de su condición traicionando la confianza del titular del poder Ejecutivo. Por eso es que la administración está de cabeza, cada quien hace lo que le viene en gana.

Cuánto bien le hubiera hecho al joven Duarte que hubiera aplicado la máxima de Don Fernando: El poder no se comparte. Otro gallo nos cantara a todos.

Reflexión

Al ser una de las dependencias más cercanas a la población veracruzana a través de los programas sociales, la Sedesol estatal debe garantizar su imparcialidad y la transparencia en el uso de los recursos públicos, por lo cual instaló el Comité Preventivo de Blindaje Electoral rumbo a las elecciones locales de junio, que fue avalado por Tania Celina Vázquez Muñoz, consejera del OPLE y Juan Schuster Fonseca, investigador de la UV. Escribanos a mrossete@nullyahoo.com.mx formatosiete@nullgmail.com www.formato7.com/columnistas