La alcadesa dispuso que el ayuntamiento se hiciera cargo de los trámites y los costos del funeral porque fue un gran servidor público y no había nadie que viera por él; no tenía familia y, aunque todo mundo lo conocía, sus pocos amigos ya habían muerto, era un hombre solo, por eso, cuando al tercer día llegaron siete postales para él, el gerente de la oficina de correos las metió en un sobre y las devolvió al remitente con una nota sobria en la que le informaba de su deceso y le daba el pésame.1 Cartas
Pensemos en un pueblo pequeño. Debe tener un parque central, como Dios manda, y en el parque una banca ocupada por un anciano. Pongamos una hora, digamos que son alrededor de las siete de una tarde fresca de abril.
8 TimbresEl anciano, hombre espigado, esbelto, de pelo totalmente cano y muy platicón, lee un ejemplar de Selecciones del Reader’s Digest cuando un hombre de unos treinta y tantos se sienta a su lado.
—Buenas tardes, joven
—Buenas tardes
—Usted no es de aquí, ¿verdad?
—No, soy de Xalapa, vine por cuestiones de trabajo
—Todo el pueblo pasa por aquí y uno se acostumbra a ver todas las caras, por eso le pregunté, porque no se me hace conocido, además yo conozco todas las casas del pueblo; antes jubilarme conocía a toda la gente pero han nacido muchos y ya no sé ni quién es hijo de quién. Xalapa es una ciudad muy bonita
—Sí, también a mí me gusta mucho, ¿conoce?
—No, pero he visto muchas postales
(Necesitamos ponerle aroma a la tarde, ¿jazmines?, ¿gardenias?)
—Vengo todas las tardes, cuando baja el calor; me gusta esta banca porque llega el olor de los azahares y se oye la música del kiosko.
3 Oficina(No caeré en la tentación de musicalizar la escena con jazz; pensé en un cilindrero, pero resulta demasiado anacrónico)
—Don Guillermo, el de la nevería del kiosko siempre pone música clásica, me gusta mucho
(Love is Blue, en la versión de Paul Muriat, suena en el fondo, difuminada entre la algarabía de los pájaros que buscan acomodo en los árboles para dormir)
—¿En qué trabaja usted?
—Soy arquitecto, vine a ver unos terrenos para hacer unos proyectos de vivienda
—¿Va a venirse a vivir acá?
5 Mochila—No, solo haré los proyectos y vendré un día a la semana para supervisar la obra. Y usted, ¿de qué se jubiló?
—De cartero. Ahora ya nadie quiere a los carteros porque solamente llevan recibos, cobros y esas cosas, pero en mi época, la gente nos esperaba con mucha ilusión. Recuerdo las caras de alegría de las muchachas cuando llegaba carta de su novio que estudiaba fuera, o de las mamás cuando recibían una postal de su hijo que trabajaba en la ciudad. Lo que más me gustaba eran las postales, jamás leí los mensajes, se lo juro, pero sí veía de dónde eran y me aprendía de memoria los lugares, fue mi forma de viajar, nunca pude ir más lejos que la playa de Chositas, por eso le digo que se me hace que Xalapa es muy bonita, vi muchas postales de Los Lagos, del Parque Juárez, del Museo de Antropología, de la catedral, del estadio, de las cuatro estatuas tan bonitas que tienen allá. Me gustan mucho las postales pero, ¿sabe?, nunca he recibido una, ni una carta, ni nada
4 Cartas—¿Cómo es eso?, ¿por qué?
—Mi hermano mayor, Francisco, fue el primer cartero de la familia; entró a trabajar al correo muy joven porque mi papá falleció y había que ayudar en la casa, ya no pudo seguir estudiando. Primero repartió a pié, después sacó una bicicleta en pagos y fue ahorrando hasta que pudo comprarse una moto. Un día un camión se le cerró en la carretera, tuvo que orillarse mucho, se derrapó con la grava y fue a caer a la cuneta. Todavía lo recogieron con vida pero se había pegado en la cabeza y antes no se usaba casco, esa misma noche murió.
Yo acababa de entrar a la prepa pero la verdad es que nunca fui muy bueno para el estudio. Don Germán, el gerente del correo, me preguntó si quería trabajar la plaza de Paco. Dejé la escuela y desde 1960 hasta 1995 trabajé ahí, treinta y cinco años de servicio repartiendo cartas con sol, con lluvia, como fuera, recorrí este pueblo completito en la bicicleta que dejó mi hermano; nunca quise comprarme una moto, desde el accidente les tengo miedo6 Buzón
(Ray Coniff, desde el kiosko, dispara su versión de Bésame mucho, se escuchan nítidamente los coritos, los pájaros descansan ya).
—Pero ahora, jubilado, ya puede disfrutar a su familia
—No tengo familia. En la prepa tuve una novia, cuando entré a trabajar le dije que iba a ahorrar para que nos casáramos pero ella empezó a juntarse con los ricos y terminó casándose con uno que tenía carro. Nunca volví a tener otra novia, nadie quería casarse con un cartero, todas querían un licenciado, un doctor o, de perdido, un arquitecto. Los albañiles y la gente del campo sí encuentran con quien casarse, pero los oficios de enmedio no. Ninguna mujer quiere ser la esposa de un hombre que trabaja en el correo, en el telégrafo o como dependiente en una tienda, solo doña Valentina aceptó casarse con don Álvaro, el periodista, pero luego lo dejó
—¿Y no tiene familia fuera?
—No los conozco, mis papás se escaparon, se vinieron a este pueblo y nunca más supieron de sus familias. Creo que mi abuelo quería matar a mi papá, por eso nunca dijeron dónde estaban y con el paso del tiempo se fueron olvidando de todos, ya no los extrañaron.
7 PostalCuando se mató mi hermano mi mamá se puso muy triste, lloraba todo el día, no quería ni comer, y a los seis meses se murió de pura pena. Yo soy solo, no tengo nadie que me escriba y quiero pedirle un favor muy grande
—Claro, usted dirá
Con su mano arrugada pero firme, sin trepidación alguna, extrae un tarjeta manuscrita de la bolsa de la camisa y se la entrega al arquitecto en el justo momento en que Richard Clayderman inicia su Balada para Adelina:
Manuel Acuña 12
Centro
Villa Neruda
12 Buzón—Hace mucho tiempo que espero aquí a algún fuereño para pedirle ese favor, pero a la mera hora no me atrevía, me daba mucha vergüenza, ahora ya estoy viejo y no sé si me quede mucho tiempo, por eso me atrevo a pedirle que cuando se regrese a Xalapa me mande una postal, usted dígame cuánto debo darle para que la compre y la lleve al correo. Quiero esperar al cartero con ilusión, como me esperaron a mí muchas veces, además quiero que la encuentren entre mis cosas cuando me muera, para que la gente vea que sí tuve alguien que me enviara una postal. Hágame ese favor, voy a agradecérselo mucho
—Por supuesto y no tiene que darme nada, con gusto lo haré, pero no me ha dicho cómo se llama
—Yo soy el cartero del pueblo, el cartero de Neruda, póngale ese nombre, todos me conocen así.

 

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