Buenos Aires, 13 feb (Xinhua) — Miles de viajes a China desde las zonas más remotas del planeta ratifican que la unión familiar es una de las expresiones genuinas de la tradición, que se manifiesta con la llegada del Año Nuevo Chino del calendario lunar o Fiesta de la Primavera, la más importante y anhelada en el país asiático.

Este año, durante la temporada alta de viajes del Festival de Primavera, período conocido como Chunyun, se espera que se realicen millones de traslados hacia China desde distintos puntos del orbe.

De esta cifra, un número importante atañe a Argentina, país donde residen cerca de 180.000 chinos, quienes representan la cuarta colectividad de origen extranjero en la nación sudamericana.

Es el caso del comerciante Xue Wenqiang, residente en Buenos Aires junto a su esposa e hijos, quien ha emprendido un viaje hacia su pueblo natal en la provincia china de Fujian (sureste), con el propósito de celebrar la llegada del Año Nuevo Chino (16 de febrero).

Este 2018 será el año del Perro, según la tradición china, precedido por el signo del Gallo.

El nombre en español de Xue es “Martín”, quien desde hace 19 años vive con su familia en la capital de Argentina, tras ser parte de una oleada de migrantes chinos en 1999.

“Martín” viaja cada año a su país de origen para celebrar, junto a padres y amigos, la esperada Fiesta de la Primavera.

El comerciante explicó a Xinhua que en Fujian lo elemental de la Fiesta de la Primavera es el reencuentro familiar, así como la tradicional cena en espera de la llegada del año para ratificar deseos.

Significa también la posibilidad de descansar de las labores cotidianas, asociadas en su mayoría al trabajo, a fin de conducirse desde el plano de la esencia, comentó “Martín”.

“En China, la mayor parte del tiempo la pasamos fuera, ya sea en otros países o provincias, por trabajo o por otros motivos, por eso aprovechamos el Año Nuevo para volver a nuestra provincia y pasarla en familia”, dijo.

La fuente económica de la vida de “Martín” es la importación de mercadería de bazar.

Compartió en este sentido que en el transcurso de los años ha enfrentado desde los desafíos propios del ser migrante, hasta la crisis argentina de 2001, que afectó sus principales inversiones.

En sus primeros años de estancia luego de su arribo a Buenos Aires con dos hijos pequeños, invirtieron sus ahorros en un supermercado, el cual fue saqueado en días cercanos al conocido “Argentinazo”, lo que les afectó de manera importante.

Desde 2005, sin embargo, comercializan productos chinos con un crecimiento siempre ascendente, por lo que han incluido dentro de sus deseos para el Año del Perro, que la economía argentina mantenga el ritmo actual.

“Mis deseos son de prosperidad para la economía de Argentina, que crezca y que los impuestos no aumenten tanto. Le deseo lo mejor a Argentina, porque es como mi segunda casa, mi segundo país”, dijo, aunque sus raíces encabezan la lista de deseos de Año Nuevo.

Antes de partir a Fujian, “Martín” y su esposa Xue Ying (“Luisa”), junto a sus dos hijos mayores, inspeccionaron los cinco comercios que han consolidado en la conocida zona “Once” de la capital argentina.

Verificaron inventarios y giraron instrucciones para la manutención de los locales durante su ausencia, además de despedirse de los empleados con quienes conviven todos los días.

Alistaron también los obsequios para familiares en China, entre ellos productos como aceite de oliva, leche en polvo y caramelos de propóleo para la garganta, que adquirieron en tiendas naturistas o de gran formato.

Realizaron además un itinerario de los lugares que deberán visitar en el país asiático a fin de entregar los obsequios a familiares y amigos.

A esta familia le espera un largo recorrido de 19.000 kilómetros, que deberán repetir a su regreso, viaje que ahora comparten con Víctor, su nieto recién nacido, con lo que confirman la importancia de la unión familiar y el mantener viva la tradición del Año Nuevo Chino.