“Si yo fuera rico… tararara tarará tarará…”, canta Tevye, el lechero judío, (https://www.youtube.com/watch?v=rKSI68osEds) en el Violinista en el tejado, la pieza musical que obtuvo gran fama en Broadway y fue llevada al cine por Norman Jewison allá en los años 70 del siglo pasado, con tanta suerte que logró ganar tres óscares de la Academia de Hollywood.

“Si yo fuera rica/o…”, cantan ahora llenas y llenos de esperanza muchas políticas (feliz Día Internacional de la Mujer) y muchos políticos de nuestro estado y de todos los partidos, que buscan ansiosamente colocarse en el añorado primer lugar como regidor en cualquiera de las planillas que aspirarán a triunfar en las elecciones para los nuevos 212 ayuntamientos.

Y buscan esa primera posición porque es la única que ofrece una plena seguridad (si es que hay algo que pueda llamarse seguro en este mundo con tantas mudanzas) de lograr el puesto-propuesto, gracias a que por las reglas de la representación proporcional los partidos perdedores que hayan tenido una votación advertible conseguirán meter cuando menos a un regidor.

“Si yo fuera rico…”, se frotan las manos algunos que saben que un regidor gana un sueldo jugoso -que es bastante jugoso incluso en los ayuntamientos más pequeños con presupuestos reducidos- y que además recibe sobresueldos por las comisiones en las que participa (y que de repente es merecedor del agradecimiento de la autoridad municipal por haber propuesto o apoyado en el cabildo alguna iniciativa que le interesaba a aquélla; agradecimiento que se proyecta en prebendas en efectivo o en especie, cuentan las leyendas urbanas… y rurales).

Dicen los que saben que en los municipios grandes un regidor puede llegar a obtener mayores ingresos que un diputado local -que tan bien ganan- y razonan que eso es posible porque los regidores son menos -no llegan a 15 en las comunas grandes- y entonces el pastel del cochupo se reparte en tajadas más grandes.

Por eso, por esa ambición desmedida por el dinero (ay, ese vicio de la naturaleza humana que tanto daño nos hizo en los -12- años pasados, y que trae prófugos o próximamente prófugos a tan conspicuos personajes, otrora tan importantes y poderosos en Veracruz, y que trae devastado a nuestro estado)… por esa ambición desmedida, empecé a decir antes de que me ganara el sentimiento en el paréntesis, es que vemos el triste espectáculo de la avidez entre los correligionarios de los partidos, y vemos que se pelean amigos contra amigos, compadres contra compadres y hermanos contra hermanos.

Por el dinero, vil metal, se ponen en entredicho afectos y amores, honras y prestigios, historias y relaciones.

Si el puesto de regidor fuera honorario, seguramente los partidos políticos andarían ahorita buscando con la lámpara de Diógenes a un hombre que fuera justo, justo lo cándido que se necesita para entrarle a trabajar de gratis. Pero como el bocado es quincenalmente apetitoso, su “nombre es Legión, pues somos muchos” (Evangelio de San Marcos 5:9).

Éramos muchos y parió la abuela, hubiera dicho mi primo Arturo Galindo, que es bueno para los dichos precisamente, y por eso se amontonan los probables y sus seguidores en las sedes (la estatal y las municipales) de los partidos, en busca de sus respectivos presidentes; por eso mismo se arrellanan en los cafés y restaurantes alrededor de los periodistas, porque un buen comentario puede ser la llave que abra la puerta de la abundancia; por eso caen tantos incautos en las garras de charlatanes que les sacan su dinerito a cambio de una supuesta recomendación ante quien toma las decisiones.

Ser candidato a alcalde ya no garantiza nada, en ningún partido. Lo seguro entonces es la primera o segunda regidurías. Y tras esas andan como locos todos.

“Si yo fuera rico…”

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