«Ya no aguantaba las armonías estereotipadas que cualquiera tocaba entonces. No paraba de pensar que debía haber algo diferente. A veces lo podía oír, pero no lo podía tocar (…) Esa noche improvisé durante mucho tiempo sobre ‹Cherokee›. Mientras los hacía, me di cuenta de que, al utilizar los intervalos superiores de las armonías como línea melódica, colocando debajo armonías nuevas más o menos afines, podía tocar de repente aquello que por tanto tiempo había oído dentro de mí. Me llené de vida», comentó alguna vez Charlie Parker. Ese no fue un soplo de vida solamente para el saxofonista, implicó la renovación absoluta del jazz. Sucedió en los años cuarenta, cuando un grupo de jóvenes jazzistas, entre los que destacaban Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Max Roach, Bud Powell y Thelonious Monk, cansados de las repeticiones incesantes de las fórmulas caducas del swing, se lanzaron a la búsqueda de nuevas maneras de expresión en jam sessions que se prolongaban hasta el amanecer. Sin saberlo estaban replantado todos los conceptos del jazz a través de un estilo absolutamente innovador, el bebop. Por la genialidad de su música y la tragedia de su vida, entre el fulgor de esos músicos brillantes sobresale la luz de Bird.

Ayer publiqué a tres poetas de épocas y geografías muy diferentes que coinciden en torno a la figura de John Coltrane, los mismos tres también aportaron sus plumas para agrandar las las del pájaro negro del jazz, Charlie Parker.

 

Joan Margarit

PARKER CONVERSA CON LA MUERTE

Se vuelve gris el oro en putrefactos
tugurios de tu sombra. Soy aún
el negrazo de huesos inmortales
que improvisa durísimas baladas:
con los húmeros llenos de pinchazos,
sigo siendo el mejor entre los saxos altos.
Se parece a la vida: otra vez
llevo a Art Blakey a la batería
—voz de pozo—, la música callada
y negra de Bud Powell, el maligno
sonido de Miles Davis, tú al bajo.
Formamos el quinteto
más brillante del jazz entre los muertos.

Traducción del autor

 

* * *

Jomi García Ascot

NOW IS THE TIME

A Charlie Parker

Desde el primer arranque
grano a grano
a través del oscuro laberinto
en que cerca la luz
la noche que huye,
apoyado en el latido que se rompe y fulgura
como un espejo roto,
se acerca
despegado.

Resbala en su espiral
el tiempo de sombra y humo
y él busca, desgajado,
las afiladas puertas
en que acecha el instante
para clavarlo al fin
súbitamente solo, suspendido,
—largo, más largo aún en su puro resplandor
libre y cautivo—
quemándolo en su fuego detenido.

Es

Rompe la luz
una cascada en vilo
y vuelve el cuerpo al tiempo
amasando en su pulso,
apoyado el costado en ola y ola.

Está

Y nuevamente acecha
este fulgor del tiempo más allá
en que el aire se fija
deslumbrante
para parar la vida
adentro de la vida.

* * *

 

Diana Marcela González

EN NOMBRE DE LA MISERIA

Fue hombre con la facultad y la potestad del arte,

Poderoso Charlie Bird Parker

La locura siniestra y agazapada en un oscuro pozo le encontró,

Será porque era un maestro con un saxo de plástico y solo con el caos de la improvisación.

En todo caso hablo en nombre de la miseria,

de la pequeña miseria que al final trituró los huesos de su vida,

Y aunque en Nueva York encontró el esplendor de su carrera,

la locura diestra como los ejércitos del implacable corso

hasta allí lo siguió y colgó en la horca de los días solitarios.

Bebop

Las poderosas notas agudas de sus acordes,

Será porque quiso corregir con intensas progresiones armónicas

La durísima opacidad del mundo.

será porque sus obras existieron solo para el futuro.

Será porque hizo una larga fila en las puertas de la muerte,

Será porque quiso ser vencido que invocó a la heroína que lo acompañó toda su vida.

Un quemado Prometeo visitado por negros cuervos que le susurraron antes de obligarlo a

suicidarse:

—No tiene caso, la miseria nunca terminará—

y se lo hicieron creer, y lo forzaron a repetírselo,

más no lo consiguieron.

Esta frase maldita quedó como símbolo

del soberbio pájaro que venció a Dizzy Gillespie

De la personalidad hundida y frágil,

del perseguidor de Cortázar.

será porque era divino,

Que con la habilidad de sus obras nos dejó como obsequio a la posteridad

las melodías más hermosas que el entendimiento del jazz haya llorado.

Será porque era sublime,

Que en nombre de la miseria hizo de la sordidez de las esquinas del ghetto

y las habitaciones paupérrimas una obra purísima y honda de belleza.

 

 

Ver también:
El perseguidor, la pluma mayor para el pájaro negro del jazz
Tres voces cantan a John Coltrane



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