Luego de que se conociera la renuncia de Manlio Fabio Beltrones a la dirigencia nacional del PRI, una de las voces que se hizo escuchar fue la de César Camacho Quiroz, actual coordinador de la bancada priista en San Lázaro y ex presidente nacional del PRI.

Dijo que lo que ahora necesita el partido es «a una persona con experiencia, pues no hay tiempo de experimentar». En su opinión, lo que se requiere es gente con visión de futuro, con actitud abierta, con posición progresista «y eso no está asociado con la edad, está vinculado con un perfil de gente con capacidad para escuchar y para aglutinar”.

La acotación del coordinador de los legisladores federales del PRI suena oportuna y certera, y habría que analizarla a fondo para aplicarla en Veracruz.

Así como la salida de Manlio Fabio Beltrones ha sido tomada como «una actitud coherente» de un dirigente partidista que fue derrotado en las urnas, ya en Veracruz se cuentan las horas para que Felipe Amadeo Flores Espinosa asuma la misma postura. Fue bajo su mando que el PRI perdió, por primera ocasión, la gubernatura.

Ante lo evidente de su salida, muchas voces se han alzado para sugerir a la figura que se encargue de retomar el rumbo de ese partido. Lo hay quienes, aún con la fiebre electoral, plantean que sea el propio candidato derrotado, Héctor Yunes Landa, el que tome las riendas del PRI; sin embargo una gran mayoría de líderes y militantes de ese partido prefieren que el próximo dirigente sea alguien vinculado -en proyecto y visión a futuro- al que vaya a ser candidato a la gubernatura en el 2018. Esto es, que el nuevo dirigente sea «pepeyunista».

Héctor Yunes no sólo no lo es, sino que -al parecer producto del shock que le provocó la derrota- asume que puede volver a contender dentro de dos años, haciendo caso omiso a la voluntad de los veracruzanos, expresada en las urnas y rompiendo de facto el acuerdo con su compañero en el Senado.

En referencia al relevo de Manlio Fabio Beltrones, César Camacho evitó mencionar el nombre de algún personaje que pudiera cumplir el perfil que él mismo delineó, aunque sí habló del trabajo que le tocará hacer:

«Ir por lo votos de una sociedad civil exigente y demandante a la que hay que conquistar, porque nadie nos va regalar su voto”.

Una figura que ha sido mencionada con insistencia, porque parece encajar con la visión que se tiene de lo que debe ser el próximo dirigente priista, es la del alcalde de Xalapa Américo Zúñiga Martínez. Joven, parte de una nueva generación de políticos, que ayudaría a «cerrar un ciclo», como lo planteó el propio César Camacho.

El detalle es que la propuesta no ha sido tan bien recibida. Sus detractores pretenden endilgarle (de forma injusta) la responsabilidad de la derrota en los dos distritos que integran a la capital del estado, mientras que los que simpatizan con él, temen que se pierda a un alcalde que está realizando un extraordinario trabajo.

Hace algunos meses hubo voces que sugirieron que Américo Zúñiga (hijo de aquel prestigiado político y servidor público Guillermo Zúñiga Martínez) fuera nominado como candidato al Congreso local. La respuesta del alcalde fue clara: Él recibió un mandato de los ciudadanos xalapeños para ocupar la Presidencia Municipal y no estaba en sus proyecto abandonar esa encomienda para buscar una vez más el voto.

Esa circunstancia prevalece. Américo Zúñiga está cumpliendo con eficacia la encomienda recibida en las urnas y dejar esa responsabilidad para atender el llamado de su partido, no sería bien visto por la sociedad.

Es cierto, urge un cambio para sacar al priismo veracruzano del marasmo en el que está sumido. Habrá que abrir la baraja y escuchar más voces. Seguramente hay liderazgos que pueden ser rescatados para iniciar el relanzamiento.

Pero todo esto se debe hacer ya.

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