En columnas políticas y en redes sociales, al dirigente del Partido Acción Nacional en Veracruz, Joaquín Guzmán Avilés, le ha caído una lluvia de descalificaciones por una supuesta intransigencia a la hora de negociar posiciones, en el marco de la alianza con PRI y PRD.

La versión que más ha circulado sobre la actuación del dirigente panista indica que éste se habría alineado con los intereses de Palacio de Gobierno, a efecto de dinamitar la coalición con priistas y perredistas; sin embargo, aunque posible, dicho planteamiento no deja de ser sólo una especulación.

En términos de investigación policíaca, es común la máxima de que en cualquier crimen, el beneficiario es uno de los principales sospechosos; con esa lógica, la versión sobre esa supuesta intención de Palacio de Gobierno de frenar el acuerdo entre PAN, PRD y PRI no resultaría descabellada; sin embargo, nada de eso se puede comprobar.

Lo que sí se puede comprobar es que en el ámbito nacional, las dirigencias panista, priista y perredista lograron ponerse de acuerdo para establecer una gran alianza opositora; dicha coalición 10 gubernaturas y 171 diputaciones federales; sin embargo, Veracruz fue de los pocos estados donde las negociaciones entre dichos partidos se entramparon.

Los dirigentes de PRD y PRI se encargaron de poner nombre y apellido al responsable de frenar la alianza y el damnificado mediático fue Guzmán Avilés, quien intentó sin mucho éxito controlar los daños.

Al final de ese desencuentro del fin de semana, el dirigente panista sacó la peor parte.

A través de sus redes sociales, por ejemplo, el del PRD soltó un dardo con dedicatoria a su homólogo panista: “no se lucha contra un autoritarismo gubernamental, permitiendo otro de características semejantes y que sin freno, se corre el peligro de ser peores. No podemos ofertar democracia a Veracruz si las imposiciones son permitidas y toleradas por los aliados…”

Previo a dicho mensaje, Marlon Ramírez acusó al panista por pretender quedarse con la mayor parte de las candidaturas a las diputaciones locales.

Parecía, hasta el domingo por la tarde, que las posiciones se alejaban cada vez más y amenazaban con volverse irreconciliables.

Ante las críticas –incluso al interior de su partido– por una supuesta actitud soberbia e intransigente, el dirigente panista se vio obligado a proponer el reinicio de las negociaciones.

Finalmente, este lunes, Ramírez Marín informó que habría establecido comunicación telefónica con los líderes de PAN y PRD, con quienes acordó replantear la posibilidad de la alianza.

El daño a la imagen de Guzmán Avilés ya está hecho; y si el ex alcalde de Tantoyuca, ex diputado y ex integrante del gabinete estatal de Miguel Ángel Yunes no actúa con cuidado, corre el riesgo de registrar un desgaste todavía mayor al que ya tiene entre la cúpula nacional de su partido y entre un sector de la militancia estatal.

Si el panista no se presenta como un líder propositivo y partidario del diálogo y los acuerdos con sus pares del PRI y PRD; si no privilegia la alianza por encima de las posiciones para los grupos de su partido, entonces podría terminar con un daño irreversible en términos de imagen. Probablemente a ello se deba su intento por retomar las negociaciones, para no pasar a la historia como el intransigente que cerró la puerta a la única posibilidad de crear un bloque opositor real contra Morena en Veracruz.

El problema es que para integrarse ahora a la alianza, la dirigencia panista tendrá que estar dispuesta a ceder más candidaturas de las que contemplaba su presupuesto.

@luisromero85