En esta parte final de la conversación, Fuensanta Méndez habla de su proyecto como solistas y hace una serie de reflexiones en torno al son jarocho y a los ejes sobre los que gira su música.

La mujer de las cavernas

Un diseñador de modas mexicano que vive en Rotterdam hace cada año una celebración del Día de Muertos a la que invita a artistas a hacer cosas en su taller. Él piensa que en Holanda la muerte es un tabú muy fuerte y que la forma en que la vivimos aquí en México es muy sana: hablamos de eso y hasta hacemos chistes y lo vivimos y lo digerimos, entonces, por su cariño a la vida quiere hacer algo cada año en donde se hable de la muerte.
En noviembre del año pasado me invitó a participar, pero como todo es de su bolsa, no podía pagar y pensé yo puedo hacerlo con mucho gusto pero no puedo pedirle a más gente que toque sin cobrar, entonces dije bueno, voy a hacerlo sola, y preparé un par de canciones mías muy rudimentarias con una loop station. Lo hice, funcionó y alguien se enteró y me invitaron a hacerlo otra vez en diciembre. Para esa ocasión tuve que preparar media hora de música pero tuve mucho más tiempo y disfruté mucho el proceso de trabajar sola, quizá porque soy alguien que siempre está considerando mucho cómo se sentirán los demás y cuando invito gente a tocar mi música también estoy todo el tiempo pensando que estén a gusto.
La gente con la que toco es entregadísima, no tengo ni una queja, pero es una dinámica distinta y para este proyecto pude estar como la señora de las cuevas en mi cuarto por una semana preparando música, tomándome el tiempo que quería para producir mis propias rolas con contrabajo, voz y una loop station, y fue muy mágico.
Fui al concierto, yo abrí, luego tocaron Felix Schlarmann, Tineke Postma, una saxofonista con muchísima carrera, y Gideon Van Gelder, un grupo muy interesante de jazz. Hice ese concierto junto a mucha gente que admiro y me sentí muy cómoda, entonces dije bueno, pues también voy a hacer esto (risas) y empecé a hacer conciertos sola, y con el sello que me firmó, en marzo grabé un EP con cuatro de mis canciones, lo estamos terminando y va a salir pronto.
La loop station la uso muy básica, pongo dos o tres ruiditos simplemente para que me faciliten llevar un programa sola. La loop station me da un poco más de variedades pero, realmente, los conciertos en los que la uso son casi acústicos, la utilizo nada más para apoyarme un poco porque no quiero que empiece a limitar mi lenguaje en los instrumentos.

El llamado de la sangre

Ahorita tengo los ojos puestos en la música folclórica para hacerla mía. Empecé con el son jarocho cuando estaba en la secundaria Xalitic, ahí daba clases Tacho Utrera y estuve en su taller durante un año, y con mis amigos, cada vez que íbamos a casa de alguien tocábamos son jarocho, y como tenía muchos amigos que también estaban en el son jarocho, poco a poquito me fui acercando a zapatear, a tocar la jarana y a cantar, e iba a los fandangos. Eso es parte de mi vida, siento que la mayoría de mis valores líricos están muy relacionados con el color del son jarocho, definitivamente. Ahora, a veces toco la jarana, he compuesto algunas cosas para jarana pero no soy jaranera.
Yo siento que el son jarocho tiene una energía que parece que viene del centro de la tierra, es como una energía húmeda y roja, muy sanguínea. En Ámsterdam, un tiempo me dio por irme a la calle a tocar son jarocho, lo hacía casi todos los días, ahorita tengo un proyecto con un mexicano que vive en Rotterdam que se llama Leonardo Prieto, él está en Son de aquí, antes estuvo con Los Parientes. Toca muchísima música latina pero es compositor de música contemporánea, está haciendo allá un máster en música contemporánea y en piano clásico.
Toca el tres cubano, la jarana, el requinto y zapatea increíble, empezamos un dueto con el que hemos hecho varios conciertos de son jarocho tradicional pero también estamos haciendo son jarocho con unos tintes un poco más avangard, con ese lenguaje de la música contemporánea que los dos amamos. En ese dueto toco contrabajo y canto.

La propia voz

Siento que todos los esfuerzos, que también se viven mucho en el jazz, de preservar las tradiciones son respetables, pero la música evoluciona quieras o no y aunque te aferres a preservar la tradición, de todas formas va a cambiar, y qué maravilla, porque si la música no es un espacio en donde uno puede construir algo actual, mejor vamos a un museo.
No he encontrado un cajón en donde quepa mi música, definitivamente está enraizada en bastante lenguaje de jazz contemporáneo porque ese es un lenguaje que yo hablo armónicamente, hay improvisación y los músicos con los que toco tocan jazz contemporáneo, pero también tiene mucho del folclor latinoamericano como de cantautor, pero no hago fusión, cuando compongo trato de pensar qué elementos de una canción son importantes para mí, yo no quiero escribir música que se vuelva una telaraña sin el hilo conductor dorado de la canción, pero tampoco escribo canciones que son solamente melodía y armonía, normalmente hay otras cosas, siempre estoy tratando de equilibrar entre la simpleza de una canción, el contenido de la poesía y la armonía para que se impulsen en vez de estorbarse, entonces, si tuviera que definir mi estilo, diría que es jazz contemporáneo-cantautor latinoamericano-avangard, porque hay muchas cosas que son libres en mi música, el arte para mí es saber qué instrucciones dar y cuáles no, porque hay muchísimo espacio para los intérpretes, tiene mucho de avangard y de la música improvisada libre, eso es definitivamente una vertiente muy fuerte, entonces, yo diría que esas tres cosas son las raíces de lo que estoy componiendo.

PRIMERA PARTE: La atrapa-atmósferas
SEGUNDA PARTE: La voz ultramarina


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