La idea de la autoridad morenista fue desde un principio (tal como en su momento lo adelanté), cumplir la instrucción de la presidenta sin estirar en exceso la liga de tolerancia que ofrecía Rocío Nahle. En una reunión nocturna Sheinbaum pidió tanto a Luisa Alcalde como a Andy López, hallar una “salida salomónica” al tema de Miguel Ángel Yunes hasta que “los tiempos sean más propicios”.
Fue así que optaron por dejar que el silencio de la Comisión de Honor y Justicia de Morena gritara (a todo pulmón), que no existía el consenso suficiente para aceptar la afiliación del expanista, evitando así que el movimiento generara algún precedente con el senador ante lo que pueda ocurrir en el futuro, y los planes hacia él.
La estrategia de que fuera la inacción la que “empujara” a que Yunes retirara su solicitud fue de Luisa Alcalde, y secundada por Andrés López Beltrán, estuvieran o no de acuerdo con dicha decisión. Y es que la “sugerencia” en Palacio Nacional fue darle prioridad a Nahle, “y dejar que las cosas caigan por su propio peso”.
El razonamiento siempre fue que la tardanza de la Comisión de Honor haría su “trabajo”, y que el mismo Yunes preferiría retirarla, previa charla con Adán Augusto López, situación que no cambiaría en nada tanto su apoyo a la presidenta Sheinbaum como su adhesión a la bancada morenista en el Senado.
El movimiento agradó en Palacio Nacional, pues no sólo es Yunes Márquez quien cierra el tema, sino que se le da la razón a Nahle (situación que siempre prefirió Sheinbaum), y se abre la posibilidad (sólo eso, posibilidad) para que el veracruzano se afilie a algún aliado de Morena, o permanezca sin partido pero votando a favor de lo que mande la presidenta.
Adán Augusto López supo (casi desde el arranque), que ganarle esta batalla a Nahle no sería nada fácil; por ello decidió hacer de Yunes “un morenista en el Senado aunque no tuviera su credencial de afiliación al movimiento”; continuará en la bancada oficialista sin ser militante.
Es así como las autoridades morenistas obtuvieron lo que se pidió en aquella reunión celebrada en Palacio Nacional: “una salida salomónica al controvertido tema yunista”. Ganó finalmente Nahle, no cabe la menor duda, y la que más dividendos se lleva es la presidenta, “pues a pesar de lo ocurrido continuará teniendo un aliado más en el Senado”.
Veremos qué ocurre.
X: @aaguirre_g
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