𝐏𝐨𝐥𝐨 𝐃𝐞𝐬𝐜𝐡𝐚𝐦𝐩𝐬 𝐬𝐞𝐫𝐚́ 𝐚𝐥𝐜𝐚𝐥𝐝𝐞 𝐝𝐞 𝐀𝐥𝐯𝐚𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐒𝐢́ 𝐨 𝐒𝐢́

𝑨𝒏𝒂𝒍𝒊𝒛𝒂 𝑷𝑽𝑬𝑴 𝒄𝒂𝒎𝒃𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝒔𝒊𝒈𝒍𝒂𝒅𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝑴𝒐𝒓𝒆𝒏𝒂 𝒆𝒏𝒄𝒂𝒃𝒆𝒄𝒆 𝒍𝒂 𝒂𝒍𝒊𝒂𝒏𝒛𝒂

𝓡𝓪𝓾́𝓵 𝓓𝓸𝓶𝓲́𝓷𝓰𝓾𝓮𝔃/𝓕𝓲𝓻𝓶𝓪𝓼𝓶𝔁
La política es un juego de poder, de cálculo y, en muchos casos, de sacrificios estratégicos. En Alvarado, la disputa por la candidatura de la coalición Morena-Partido Verde Ecologista de México (PVEM) ha llegado a un punto en el que un simple cambio de siglado podría resolver la contienda interna, dejando ganadores y perdedores en el camino.
Con la posibilidad de que Morena asuma la candidatura, Hipólito «Polo» Deschamps se perfila como el abanderado definitivo, desplazando las aspiraciones de Rosario Álvarez Vera, quien tendría que conformarse con una regiduría. Pero más allá de los nombres, este ajuste representa una maniobra para desactivar la inflexible postura de la alcaldesa Lisette Álvarez, quien ha insistido en que su hermana sea la candidata del PVEM, con la amenaza de que, si no es así, el electorado alvaradeño castigará a la coalición en las urnas.
El ajedrez político que se juega en este municipio veracruzano pone en evidencia una realidad innegable: la candidatura no es solo una cuestión de méritos o de respaldo popular, sino de acuerdos en las cúpulas partidistas. Manuel Velasco, líder del PVEM, ha entendido que insistir en la postulación de Rosario Álvarez Vera podría poner en riesgo la alianza, por lo que un cambio de siglado sería la salida más viable para garantizar unidad y competitividad electoral.
El mensaje desde las altas esferas del poder en Veracruz es claro: Polo Deschamps será el candidato, con o sin el respaldo del Verde. El pragmatismo se impone sobre las disputas familiares y las amenazas veladas. Y si la alcaldesa Lisette Álvarez actúa con inteligencia, aún puede capitalizar esta reconfiguración asegurando espacios en la planilla verde, lo que le permitiría conservar influencia a través de alfiles estratégicamente ubicados en el cabildo.
En este juego, la lealtad es secundaria; lo que importa es la viabilidad electoral y la alineación con los intereses de quienes realmente toman las decisiones. Al final, en la política, como en la vida, no siempre gana el que más grita, sino el que mejor mueve las piezas en el tablero.