Los morenistas nos llevamos pesado, dicen algunos cuadros distinguidos de la 4T y vaya que tienen razón.
Vimos eso con toda claridad en el gobierno de Cuitláhuac García y lo estamos viendo en el actual proceso para nominar a los candidatos a las alcaldías.
El año pasado, antes de que se confirmara la nominación de Rocío Nahle como candidata a la gubernatura, lo que se vivió en el gabinete del gobernador de más triste memoria para Veracruz fue una situación dramática.
Con la creencia -solo ellos creían eso- de que a Nahle se le podía caer la nominación, desataron una guerra interna que ni en los peores momentos del priismo se vio.
En referencia a los integrantes del gabinete que se creían con méritos y derechos para suceder a su jefe, alguien prudente planteó: Ya párenlos antes de que se maten.
Se dijeron y se hicieron de todo. Una cosa es lo que trascendió públicamente y otra lo que realmente ocurrió antes de que se concretara la candidatura de la ahora gobernadora, quien tuvo que venir a Veracruz a poner orden porque acá nadie lo hizo.
Durante el gobierno pasado hubo otras muchas muestras de cuan pesado se llevan los morenistas, como encarcelamientos ordenados desde la segunda oficina en importancia del Palacio de Gobierno -en los hechos era en donde estaba el poder- contra gente y hasta familiares de personajes de Morena.
Otra muestra de cómo se llevan sucedió en el Poder Judicial, donde magistradas -incluidas las presidentas del Tribunal Superior de Justicia- fueron tratadas en forma indigna, incluso algunas corridas sacándoles sus cosas de sus oficinas, tirando así al piso no solo los objetos personales sino la imagen del Poder Judicial, que aún no se recupera.
Habría que preguntarle al ahora senador Manuel Huerta -en el pasado reciente delegado de Bienestar- si es cierto eso de que se llevan pesado, pero es evidente que no se le olvida cómo le armaron acusaciones públicas y que no fue destituido y enviado a la cárcel porque supo maniobrar adecuadamente.
Y ahí está el caso del legislador Sergio Gutiérrez, presidente de la Cámara de Diputados, a quien zarandearon y ofendieron una y otra vez solo porque se atrevió a querer ser el candidato a gobernador.
Ahora los morenistas siguen igual. Basta ver cómo traen en la mira a la secretaria de Educación, la senadora con licencia Claudia Tello, a quien lo menos que le hacen es hacer circular la versión, una semana sí y a la otra también, que ya renunció a la titularidad de la SEV, solo porque no quieren verse afectados en los intereses heredados.
Y ahí está el otro caso del Congreso del Estado, en donde el actual coordinador de la Junta de Coordinación Política, Esteban Bautista, exhibió malos manejos -por cierto, no se ha llegado al caiga quien caiga, como prometió- en la pasada Legislatura, la que coordinó Gómez Cazarín, el ahora delegado de Bienestar, quien tras esa exhibición le bajó a su protagonismo.
Y ya ni se diga lo que está sucediendo en el actual proceso para seleccionar a quienes serán los candidatos y candidatas a las alcaldías.
Las acusaciones, patadas, difamaciones y agresiones en general prevalecen y lo mismo están presentes en pequeños municipios que en los grandes, como por decir algo Coatzacoalcos y Veracruz, donde, en el último lugar mencionado, le inventan cosas y agreden a quien está arriba en las preferencias, Rosa María Hernández Espejo.
Y como otra muestra, ahí está lo sucedido hace unos días en la Cámara de Senadores, en donde el coordinador, Adán Augusto López, se aseguró que el mensaje llegara claro y fuerte a Veracruz, dándole una muy cordial bienvenida, sonriente, feliz, fraterno, al exgobernador Miguel Ángel Yunes Linares y nombrando a Miguel Ángel Yunes Márquez como presidente de la Comisión de Hacienda -no le bastó ubicarlo en la de Energía-, para mostrarle a la gobernadora Rocío Nahle que estos Yunes están en la jugada municipal, que él está al acecho y que, por los pleitos del pasado no superados, la tiene en la mira.
A ver quién termina ganando esas vencidas, si el senador o la gobernadora, pero seguramente en este pleito veremos una vez más que los morenistas se llevan pesado.
Comentarios