Tuvieron que pasar 7 homicidios de sacerdotes católicos –apenas una pálida expresión de los más de 124 mil cristianos que han muerto de balazos a falta de abrazos- para que la iglesia ahora sí saliera a llorar a sus muertos como lo hacen miles de familias todos los días.

Habló el Papa –a quienes los morenistas mordieron como perros hasta que su amo los amarró-, los obispos de todo el país y los sacerdotes en cada iglesia. Desde la Vaticano, la iglesia pide un ‘diálogo nacional para alcanzar la paz’. Pero, ¿entre quienes?, si quienes la generan y quienes la permiten les importa un bledo sentarse a negociar la paz. ¡A Morena le vale madres!

Delincuentes y gobierno están a toda madre con que el país siga derramando sangre. Unos controlan el territorio y la delincuencia, y los otros utilizan el miedo para ganar elecciones. ¿Quién querría la paz entonces?

En un mea culpa que llega tarde incluso para los propios religiosos víctimas de la violencia, la iglesia mexicana también ha reconocido su parte de responsabilidad y ha argumentado que no ha hecho lo suficiente para fortalecer el tejido social.

En medio de las condolencias por el asesinato de los sacerdotes jesuitas, el cardenal de Guadalajara, José Francisco Robles Ortega, dijo lo que todos saben: Narco cobra piso a parroquias en Jalisco, aunque en realidad sucede en todo el país. En muchos casos, los párrocos deben pedir autorización al jefe de plaza para realizar las fiestas patronales; la semana pasada, el propio Cardenal fue retenido e interrogado por un grupo del crimen organizado que mantiene un retén en la zona.

Acusó incluso que para obtener la autorización del jefe de plaza y poder realizar las celebraciones de las fiestas patronales en esta zona, la delincuencia organizada exige que se entregue el 50% de lo recaudado en las festividades. ¡Madres!

Pero no ha sido el único. La diócesis de San Cristóbal de las Casas ha denunciado amenazas de muerte del crimen organizado contra sus sacerdotes. Lo mismo que en Manzanillo donde más de 30 curas han sido extorsionados y violentados; lo mismo que en Guerrero, Campeche o Nuevo León. Muy pocos se salvan.

Y mientras, ¿dónde están Morena y sus gobiernos? A toda madre peleándose por las candidaturas del 2024 y llorando como Magdalenas que bulleen al hijo el Presidente. La violencia en el país y el llamado de la iglesia les vale madres. Si no ha pasado nada con 124 mil muertos, ¿qué puede pasar con siete sacerdotes asesinados?, se regodean mientras tratan de amarrar a las corcholatas descarriadas.

Este domingo se vio los dos Méxicos que ha dejado el morenismo: el de los miles que lloran a sus muertos, hoy encabezados por la propia Iglesia que por fin acusa que “el crimen se ha extendido por todas partes trastocando la vida cotidiana de toda la sociedad, afectando las actividades productivas en las ciudades y en el campo, ejerciendo presión con extorsiones hacia quienes trabajan honestamente en los mercados, en las escuelas, en las pequeñas, medianas y grandes empresas.”

“Que los criminales se han adueñado de las calles, de las colonias y de pueblos enteros, además de caminos, carreteras y autopistas y, lo más grave, han llegado a manifestarse con niveles de crueldad inhumana en ejecuciones y masacres que han hecho de nuestro país uno de los lugares más inseguros y violentos del mundo.”

Y el otro México, el de la borrachera del poder, el del valemadrismo de lo que pase porque son de la cuatroté. De los que cantan y se abrazan en medio de un país en llamas y sangre.

Dicen las crónicas, Torreón amaneció el domingo pasado lleno de amor y entre calles y bardas o incluso en las protecciones de los puentes peatonales se leyó el mensaje “Te AMLO Claudia”, síntesis que escrita con corazones de por medio enmarcó la presencia de Sheinbaum en la región, en tanto que los espectaculares de Adán Augusto López se quedarán como testigos de un domingo de pasiones políticas.

En el morenismo a nadie le importa lo que lloren la iglesia o las víctimas. Lo importante es mantener el poder, amarrar a Monreal, que la Sheinbaum y Marcelo no se peleen y que el Presidente pueda elegir a su corcholata favorita sin contratiempos. No importa si heredan un país en ruinas, siempre habrá algo que llevarse a casa, como lo han hecho priistas y panistas.

Fue un domingo de fiesta y dolor.

LA RATONERA

Se mancharon con el hijo del Presidente. Le arrimaron el caballo gacho, pero eso de convertir el bulling contra el chamaco en un asunto de Estado como que no va. La neta es que ojalá y el problema de muchos jóvenes fuera sólo su imagen. Es un mexicano privilegiado que vive en un palacio, que cuenta con escolta personal y se da lujos que muy pocos.

En cambio, hay millones de niños que no tienen medicinas para curar su enfermedad –el cáncer, por ejemplo-, que a esa edad ya andan en bandas de delincuentes, matando cristianos, atrapados entre las drogas y los cárteles. Que están en la calle y la pobreza porque es lo único que conocen. Eso sí es una cobardía, bola de llorones.