A nivel mundial, ya se reportaron 529 millones de casos de personas con la enfermedad COVID-19. Pero después del gran pico por el predominio de la variante Ómicron del coronavirus en enero pasado, el número de casos notificados semanalmente está bajando. Sin embargo, las autoridades sanitarias y los investigadores en virología y genómica consideran que no hay que relajarse aún porque la pandemia no terminó. Se detectó que hay tres sublinajes de la variante Ómicron que están aumentando su frecuencia en las muestras de pacientes que se analizan en la vigilancia genómica global.

Durante el último mes, tres sublinajes de Ómicron “han demostrado una tendencia en aumento entre las secuencias cargadas en la base global de vigilancia del coronavirus”, según el reporte semanal de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La subvariante BA.2.12.1 pasó de estar en el 11% de las muestras al 16%. La subvariante BA.4 pasó del 2% al 3%; y la BA.5 ha crecido del 1% al 2%. El reporte también advierte que los países que hacen vigilancia genómica están subiendo menos secuencias que antes. Por lo cual, los aumentos en las frecuencias de las subvariante podrían ser mayores..

En Estados Unidos, los casos de COVID-19 habían descendido notablemente en abril. Pero desde fines de mayo están aumentando. La escalada está asociada al sublinaje BA.2.12.1, que se ha convertido en la versión dominante entre los nuevos casos de coronavirus en Estados Unidos. Todavía no hay indicios de que la subvariante BA.2.12.1 cause una enfermedad más grave que las formas anteriores. BA.2.12.1 representó alrededor del 58% de todos los nuevos casos en EE.UU., según las estimaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) para la semana que terminó el 21 de mayo.

¿Podría la subvariante BA.2.12.1 aumentar en la Argentina y otros países de América Latina próximamente? El investigador en virología del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y miembro de Proyecto País, el consorcio de genómica del coronavirus del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Argentina, el doctor Humberto Debat, respondió a Infobae: “La extensa circulación viral ha permitido que el linaje Ómicron del coronavirus SARS-CoV-2 continúe evolucionando: produjo subvariante que no solo son más transmisibles sino también más asociadas a escape inmune. BA.2.12.1 surgió en Estados Unidos a principios de febrero y se expandió esencialmente en la región noreste incluyendo Nueva York, donde representa más del 80 % de todas las nuevas infecciones por el coronavirus. De hecho, en USA en este momento es dominante representando más del 60% de las infecciones”.

En tanto, las subvariante BA.4 y BA.5 se detectaron en Sudáfrica en enero y rápidamente se convirtieron en dominantes allí con una frecuencia combinada de más llegando a cerca del 100% de las infecciones, según el virólogo. “Sus trayectorias de crecimiento, aumento de frecuencia y desplazamiento de otros sublinajes en los Estados Unidos y Sudáfrica indican una ventaja de transmisión significativa que probablemente resultará en una mayor expansión, como se está observando en países como Portugal, donde BA.5 es actualmente dominante”, afirmó. Ya los sublinajes BA.2.12.1 y BA.4 se han identificado en muestras de pacientes con COVID-19 en la Argentina, aunque la ola que empezó en abril está impulsada por Ómicron BA.2 y se está frenando.

“Esos sublinajes se diferencian de otras versiones de Ómicron por algunas mutaciones de interés específicas. Por ejemplo, la mutación adicional en la proteína de la Espiga en la posición L452 (que ya habíamos visto en las variantes Delta y Lambda) se encuentra tanto en BA.2.12.1 como en BA.4/5 y facilita el escape de algunos anticuerpos y aumenta la infectividad viral”, señaló Debat. “También la mutación F486V encontrada en BA.4/5 facilita el escape a diversos anticuerpos. En términos generales, de acuerdo a diversos estudios, BA.2.12.1 es 1,8 veces más resistente a los sueros de individuos vacunados y con dosis de refuerzo que BA.2 (el sublinaje dominante en nuestro país)”, agregó.

Las subvariante BA.4 y BA.5 son 4,2 veces más resistentes y, por lo tanto, a nivel teórico es más probable que provoque infecciones en personas que ya tuvieron la infección o que están vacunadas que conforman la mayoría de la población, advirtió Debat. “Esta gran capacidad de evasión de esos sublinajes sugieren que es probable que impulsen más infecciones en los próximos meses. Predecir hoy si BA.4/5 o BA.2.12.1 serán dominantes en nuestra región va más allá de las propiedades biológicas de los sublinajes. La realidad a nivel poblacional es mucho más compleja que los ensayos de neutralización in vitro. También si bien es entendible que estemos atentos a Ómicron y sus sublinajes que representan casi la totalidad de las muestras relevadas a nivel global, debemos tener en cuenta que las variantes de preocupación que llegaron a ser globalmente dominantes del coronavirus, como Alpha, Delta y Ómicron, surgieron de forma estocástica e independiente, afirmó el científico.

Un estudio publicado en febrero en el Morbidity and Mortality Weekly Report midió la eficacia de las vacunas contra el Covid-19 a lo largo del tiempo. Los investigadores hicieron un seguimiento de las consultas al hospital y a los servicios de urgencia entre las personas que habían recibido dos o tres dosis de vacunas de ARN mensajero en Estados Unidos. Compararon los resultados entre los períodos en los que predominaban las variantes Delta u Ómicron.

Durante ambos períodos, las personas que recibieron una dosis de refuerzo contaron con una mayor protección que las que sólo recibieron dos dosis. Pero durante el período Ómicron, la inmunidad fue menos fuerte y cayó más rápido. Esto sugiere que Ómicron es mejor que las variantes anteriores a la hora de evadir la protección que dan las vacunas

Sin embargo, a pesar de ser menos eficaz que contra Delta, una dosis de refuerzo sigue dando una protección significativa contra la enfermedad grave causada por Ómicron en comparación con dos vacunas solas, sugirió el estudio. El problema es que aún no todas las personas se han aplicado las dosis de refuerzo: solo el 26% de la población mundial. Y la capacidad de Ómicron para eludir la inmunidad inducida por las vacunas se puso de manifiesto durante la ola entre diciembre y marzo pasado, cuando los casos de personas ya vacunadas alcanzaron nuevos máximos.

En el último año, la diferencia entre los vacunados y los no vacunados, tanto en lo que respecta a los casos como a las muertes, se ha reducido. Esto sugiere que las dosis del esquema primario de vacunación ya no proporcionan tanta protección contra el coronavirus como antes. Aun así, los casos y las muertes entre los individuos vacunados siguen siendo muy inferiores a los experimentados por los no vacunados.

Además de las vacunas, la infección previa por el virus Covid-19 puede proporcionar protección inmunitaria contra futuros brotes de la enfermedad. Un informe de los CDC publicado en abril estimaba que casi el 60% de los estadounidenses habían sido infectados por el virus Covid-19. Los resultados se basan en muestras de sangre recogidas en laboratorios de todo el país, que pueden analizarse para detectar los anticuerpos producidos en respuesta al virus. La estimación de febrero fue superior al 34% de diciembre, lo que refleja el gran número de estadounidenses que se infectaron durante la ola de Ómicron entre diciembre y marzo.

A medida que más variantes infecciosas como la BA.2.12.1 se afianzan en EE.UU., la inmunidad acumulada tras la ola que ocurrió entre diciembre y marzo puede estar protegiendo a la población de un mayor aumento de casos. Pero los investigadores advierten que tener anticuerpos de una infección anterior no garantiza la protección contra la enfermedad futura. Y no está claro cuánto o durante cuánto tiempo sigue siendo efectiva la memoria inmunitaria.

La capacidad de Ómicron para eludir las defensas inmunitarias aumenta el riesgo de reinfección, es decir, de contraer el virus más de una vez. Un estudio realizado en Qatar y publicado en el New England Journal of Medicine descubrió que, en la mayoría de los casos, la infección previa proporcionaba menos protección contra la reinfección con Ómicron que contra variantes anteriores como Alfa, Beta y Delta.

No se dispone de datos a nivel nacional sobre las reinfecciones de Covid-19. Pero los datos del estado de Nueva York mostraron que las reinfecciones alcanzaron su punto máximo durante la ola de Ómicron por BA.1, y que luego empezaron a aumentar de nuevo en marzo, después de que se detectara por primera vez el BA.2.12.1 en el estado. Queda por ver en qué medida el aumento de BA.2.12.1 determinará la última oleada de Covid-19. El resultado depende en parte de la interacción entre la inmunidad adquirida por la población y la capacidad del virus en continua mutación para evadir estas defensas.

infobae.com

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