A pesar de que el gobernador Cuitláhuac García y su secretario de Seguridad Pública, Hugo Gutiérrez Maldonado, siguen cacareando que Veracruz es el segundo estado más seguro del país y los índices delictivos van a la baja, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública dice otra cosa. En el primer bimestre de este año la entidad volvió a ocupar el primer lugar nacional en secuestros (desbancó al Estado de México) y es tercer lugar en feminicidios. De los 38 secuestros contabilizados en el país entre enero y febrero, Veracruz registró seis; cuatro de mujeres mayores de 18 años y dos de menores de edad; arriba del Estado de Mexico que registró cinco, Baja California tres y de ahí para abajo. En ese lapso se contabilizaron dos feminicidios en Coatzacoalcos y dos en Cosamaloapan (aunque unos colectivos dicen que fueron seis y otros siete), de ahí el deshonroso tercer lugar. Pero eso ya no es noticia en una entidad donde estos flagelos forman parte de lo cotidiano, de lo ya visto. Es tanta la irresponsabilidad de nuestras autoridades para aplicar justicia que el ciudadano común ha optado por tragarse sus penas cuando uno de los suyos es víctima de la delincuencia, porque ir a denunciar es lo mismo que no hacer nada, y otros han comenzado a hacer justicia por propia mano, como es el caso del violador que fue colgado en la congregación de Palmas de Abajo, tras cometer el crimen de violar a una menor de edad y cuando lo detuvieron los habitantes del lugar prefirieron colgarlo, justicia por propia mano, que entregarlo a las autoridades porque saben que al rato lo sueltan y seguirá haciendo daño a la sociedad. La justificación que dieron del linchamiento es que “el violador se arrepintió y mejor se suicidó”. Por su inactividad, por su falta de eficiencia, porque han dejado a la sociedad a merced de la delincuencia las autoridades en Veracruz han perdido la confianza.