A diferencia del proceso para elaborar nuevos libros de texto gratuito que duraba hasta 9 meses y tenía la participación de expertos en cada materia, pedagogía y diseño editorial, la SEP convocó por primera vez a maestros de grupo, jubilados y becarios para crear en menos de dos meses los contenidos de los libros de la “Nueva Escuela Mexicana”, el proyecto educativo del actual sexenio, aunque este ni siquiera tiene planes y programas de estudio.

Se trata de 2 mil 365 profesores que fueron seleccionados hace dos semanas, aún sin tener experiencia en el diseño de libros, y están siendo capacitados para que hagan las secuencias didácticas de los 18 nuevos libros de Español, Ciencias Naturales, Historia, Geografía y Atlas, de tercero a sexto grado de primaria, y que la SEP pretende entregar en el ciclo escolar que iniciará en agosto.

Según Marx Arriaga, director general de Materiales Educativos, la actual administración requiere nuevos libros porque –parafraseando una cita del Che Guevara– “es una fantasía generar un libro de texto gratuito que posea un enfoque social, humanista, que no permita una segregación o privilegio en algún sector, con ayuda de las armas melladas que nos hereda un sistema capitalista centrada en el individualismo, la competencia y la productividad”.

Por ello, la Dirección de Materiales Educativos lanzó una convocatoria en marzo pasado para la elaboración de contenidos dirigida a docentes normalistas, investigadoras, becarias, Consejos Técnicos Escolares, maestros, bibliotecarios, directivos, cronistas y maestros jubilados “que consideren al Libro de Texto Gratuito como un beneficio incalculable, como una inversión al futuro de nuestro país”.

Igual que en la convocatoria para ilustradores, en no se define algún pago económico por el trabajo sino que, de ser seleccionados, “señalarán sus créditos en cada reactivo y una pequeña sinopsis curricular al final del libro”.

Marx Arriaga explicó que esta vez no acudieron a expertos sino a ellos, las voces oprimidas, porque “el modelo de conformación del libro de texto como un trabajo de autor unificado se fue consolidando y generando intereses económicos y académicos, a pesar de los resultados negativos sobre el poco impacto educativo, la censura de la información y los prejuicios, la idea de un grupo selecto de autores con un contrato generoso era el único modelo”.

Y en un hecho “histórico”, no tenían a unos cuantos expertos, sino a 2,365 personas que atendieron la convocatoria. “Debemos enfrentar el reto en comunidad, de manera colegiada y horizontal, sin privilegios para que todas tengan las mimas posibilidades de participar. Necesitamos una postura carnavalesca que someta los discursos autoritarios y equilibre a los participantes”, aunque “para las vísceras conservadoras, ello molesta”, dijo Arriaga.

En tanto, entre las capacitaciones que han recibido los maestros están desde “Cómo elaborar un material didáctico”, definiciones de conceptos como “aprendizajes esperados”, “contenidos transversales o “recursos didácticos”, hasta que entiendan que su participación tiene como objetivo “eliminar discursos autoritarios”, y que los libros de textos tienen “una función política y pedagógica”.

Al concluir la capacitación se espera que los maestros sean “sujetos críticos conscientes de los juegos de poder que rodean al diseño que forma parte de los libros de texto”, según les dijo durante los encuentros, Marx Arriaga.

Arriaga llegó al puesto en febrero pasado tras dejar la dirección general de Bibliotecas –el primer cargo público en su historia laboral– para integrarse a la gestión de Delfina Gómez al frente de la SEP, en sustitución de Esteban Moctezuma.

Antes era profesor investigador en la Universidad Autónoma de Juárez y en el mundo académico coincidió en 2013 con Beatriz Gutiérrez Muller, al ser su sinodal en la tesis para obtener el grado de doctora en Humanidades, además de reseñar uno de sus libros en la revista Signos Literarios.

De hecho, el 18 de diciembre de 2018, tras su nombramiento al frente de las Bibliotecas, dependiente de la Secretaría de Cultura, Arriaga agradeció así en su cuenta de Twitter: “Deseo trabajar en la conservación del patrimonio bibliográfico y en el fomento a su lectura… Colmar las expectativas que Beatriz Gutiérrez Muller y Alejandra Frausto han confiado”.

Mientras que Gutiérrez Muller, esposa del presidente López Obrador, le respondió: “Felicidades por tu nombramiento, tu preparación, tu inmensa cultura, tu fina elocuencia, tus premios, certificaciones y altos reconocimientos te sitúan en el lugar indicado para esa encomienda”.

Desde entonces, Arriaga menciona a Gutiérrez Muller a cada uno de sus tuits donde difunde su agenda, convocatorias o avisos, tanto al frente de Bibliotecas como en su cargo en la SEP.

Animal Político solicitó entrevista con el director general pero declinó hacerla bajo el argumento de “veda electoral” que supuestamente le impide emitir declaraciones, según la SEP.

¿Y los planes de estudio?

Para entender el proceso que conlleva la edición de libros de texto gratutuito, Animal Político habló con dos exfuncionarios de la Dirección de Materiales Educativos de sexenios pasados y tres expertos en diseño editorial con más de 20 años de experiencia. En todos los casos pidieron que no se publicaran sus nombres porque aún tienen relación laboral o comercial con la SEP, o temen represalias por parte de la actual administración.

Sin embargo, además de corroborar el historial de cada uno, todos coinciden en la descripción del proceso institucional que la SEP siguió al menos en las últimas dos décadas para el desarrollo de los libros de texto gratuito.

El primer punto para crear nuevos contenidos, explicaron, es tener los programas de estudio. En este caso, el proyecto educativo de la administración de López Obrador fue nombrado “Nueva Escuela Mexicana”, desarrollado durante la gestión de Esteban Moctezuma, titular de la SEP hasta febrero de este año, pero hasta el momento no tiene la propuesta curricular correspondiente.

En 2020, la Dirección General de Materiales Educativos elaboraría los planes y programas de estudio del proyecto, pero debido a la pandemia, esa área enfocó todos los esfuerzos en la creación de los programas para Aprende en Casa, la estrategia para transmitir contenidos educativos a través de la televisión tras el confinamiento.

Los planes de estudio que aún están vigentes corresponden al Acuerdo 592, publicados en agosto de 2011, durante la gestión de Alonso Lujambio como secretario de Educación.

Esto porque los programas más actualizados eran de 2017, correspondientes a la Reforma Educativa de la administración de Enrique Peña Nieto, pero quedaron sin efecto tras la derogación de esta por parte del presidente López Obrador al iniciar su gestión.

Por lo tanto, en junio de 2019, el exsecretario Moctezuma firmó el Acuerdo 15/06/19, donde instruye a que “en tanto se revisa y se elabora un nuevo planteamiento curricular resulta necesario mantener para los grados de tercero, cuarto, quinto y sexto de educación primaria y tercero de educación secundaria la convivencia de los planes y programas de estudio establecidos en los Acuerdos 592 y 12/10/17”.

Por lo tanto, aunque el discurso es que los nuevos libros responden a la Nueva Escuela Mexicana, no es así. Y aún más, habrá niños que cursaron grados con la propuesta de 2017 y ahora regresarán a la de 2011.

El proceso

La elaboración de libros de texto es un proceso en el que intervienen expertos no solo de la materia a tratar, sino de la pedagogía y el diseño editorial, porque “pueden ser muy conocedores de algo, pero es muy distinto saber desarrollar un objeto didáctico”, coinciden los especialistas consultados.

Crear nuevos contenidos comenzaba con el análisis minucioso de los preceptos del plan de estudios, diseñar los ejes transversales, definir los aprendizajes esperados, diseñar las secuencias, orden de los aprendizajes.

También desarrollar un “plan de obra”, donde se define cada unidad y el desarrollo de contenidos hasta el número de páginas. Después se establecían grupos autorales que trabajaban en los contenidos y las ilustraciones que luego eran revisados por grupos evaluadores y posteriormente por Academias y hasta secretarías de Estado.

Las actividades propuestas se probaban entre maestros con sus alumnos y, en cada una de las etapas, se hacían los ajustes necesarios para evitar errores conceptuales, en iconografías o hasta erratas.

El proceso iniciaba un año antes de que los libros salieran a circulación y la fecha máxima para entregar era mayo, tres meses antes del inicio del ciclo escolar en agosto.

Esta vez los contenidos también tendrán que entregarse a más tardar el 31 de mayo para que puedan pasar a impresión. Sin embargo, el proceso para los nuevos libros comenzó en marzo con la emisión de las convocatorias para los contenidos y las ilustraciones.

Es decir, el grupo de voluntarios tendrá dos meses para concluir los libros que los niños tendrán como herramienta principal de aprendizaje en el ciclo escolar 2021-2022.

Animal Político

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