El accidente del jet en El Lencero evidenció que Bomberos no tienen herramientas
–Chopenjawer

Este sábado 20 de febrero se cumplieron 3 años de la ausencia física del inspector general y delegado Alfonso Lara Montero, uno de los pilares de la Secretaría de Seguridad Pública.

Es una pena, pero los actuales altos mandos de la SSP no conocen quién fue Lara Montero ni tienen la más mínima idea de los inicios de Seguridad Pública en Veracruz: quiénes la iniciaron y porqué se inició. Lo peor, como titular está un neoleonés que ni siquiera conoce todo el estado, a los líderes, a las familias; no tiene ni tendrá arraigo, aunque a estas alturas ya por lo menos debería ubicar algunos pueblos luego de estar dos años y pico en el cargo.

Como dato: la Dirección General de Seguridad Pública del Estado (DGSPE) nace como una oficina dependiente de la Secretaría de Gobierno en los años 50, durante la administración de Fernando López Arias. Su primera sede fue a un costado de Palacio de Gobierno, en la calle Leandro Valle, donde se estacionaban las patrullas apuntando hacia la clínica del IMSS. Una «sede» no oficial, pero que era ocupado como dormitorio por los policías y jefes que llegaban a Xalapa, también era el Hotel Salmones, a una cuadra del Palacio.

Uno de los fundadores de la DGSPE es Carlos Lara Aguilar, «Carrucho», padre de Don Alfonso Lara Montero, quienes crearon estos cuerpos policiacos en apoyo a los grupos ganaderos y agrícolas por el abigeato e invasiones que había las zonas rurales. El fondo, en esa época, era una lucha entre caciques de la época. «Carrucho», ya integrado al gobierno de Veracruz, con licencia, frenaba y ponía orden a quienes pensaban meterse en predios o ranchos.

Desde ese entonces, se puede decir que Lara Montero ya era parte de la policía en Veracruz.

Don Alfonso Lara Montero llegó a tener jurisdicción prácticamente en todo el estado, junto con jefes policiacos de la talla de Antonio Pegueros, Jesús Lozano Cayetano, Margarito Primitivo Huerta Sánchez, Hormido Cruz Bustamante, Remigio Ortiz Olivares o Antonio «El Diablo» Vásquez; policías de carrera que conocían o conocen bien el estado y a sus principales actores políticos. Sabían con quién ir para resolver problemas y era a base de hacerles entender que el Estado era quién mandaba, no los grupos de poder regional que se querían pasar de la raya y finalmente se disciplinaban.

«El de los huevos es el gobernador y yo represento al Gobierno del Estado», era una frase común entre los policías de la vieja guardia que tenían trato directo con el mandatario estatal.

Hasta el exgobernador Yunes Linares reconocía la influencia de Lara Montero. Hay una fotografía donde se aprecia a Yunes como gobernador sentado en una mesa del café La Parroquia con el jefe Lara platicando (a un costado está el exfiscal Winckler con cara de espantado, el exsecre de Gobierno, Rogelio Franco; y Jaime «Sugardaddy» Téllez Marié, entonces titular de la SSP). Se sabe que el «gober Cascarita» le encomendaba tareas como enviar mensajes, y aunque el jefe Lara ya no estaba dentro del sistema, él entendía de institucionalidad y ayudaba al gobernador.

Se sabe que Yunes tenía en aprecio a gente como Lara Montero por situaciones donde tuvo que aprender el «choleño» de los viejos jefes policiacos. Cuentan, por ejemplo, una anécdota sobre un desalojo en Huayacocotla, donde Yunes se bajó empistolado del helicóptero para participar en el operativo, pero Lara, Pegueros, entre otros de la vieja guardia, lo pararon y le dijeron (palabras más, palabras menos): «Usted es el secretario, es la imagen del Gobierno y esta imagen no lo ayuda. Una foto y le echan a perder su carrera»… Dicho lo anterior, Yunes agradeció el consejo y se fue.

A Don Alfonso ya lo querían jubilar desde los tiempos de Alejandro Montano como el primer secretario de Seguridad Pública de Veracruz (hay que recordar de la Dirección General de Seguridad Pública del Estado se convirtió al nivel de Secretaría con el gobernador Miguel Alemán Velasco, homologando al gobierno federal que también creaba la misma Secretaría en el gobierno de Vicente Fox). Se sabe que el General Valentín Romano, entonces subsecretario, le insinuó que se retirara porque venía gente nueva, pero el jefe Lara siempre dijo que quería ayudar al gobernador.

«Su gente nueva sirve pa’ pura chingada; son borregos que necesitan un pastor y el pastor soy yo», le llegó a decir al general subsecretario.

No sólo ayudó, sino que finalmente tuvieron que recurrir a él cuando comenzó a «calentarse» el sur de Veracruz; de estar como delegado en Xico, de inmediato lo mandaron a Acayucan para meter en orden a Cirilo Vásquez Lagunes.

Cirilo y Lara, historia en común

Lara Montero cimentó su poder en el sur de Veracruz combatiendo al llamado «Cacique del Sur», Cirilo Vásquez Lagunes, quien desde Acayucan, con sus huestes, tomaba el control de las asociaciones ganaderas locales y ayuntamientos.

Una época particularmente difícil por la efervescencia política del momento, fue a finales del sexenio de Agustín Acosta Lagunes (gobernó Veracruz de 1980 a 1986), cuando Cirilo comenzó a presionar para tener peso político. En ese entonces, tomó 30 palacios municipales al sur de la entidad.

Siendo inspector de Cosamaloapan o Coatzacoalcos (el dato no está preciso), Alfonso Lara Montero fue llamado a Xalapa por el gobernador Acosta Lagunes para darle la misión de liberar en un mes esos palacios municipales. Le dieron dinero, 400 policías, equipamiento y la bendición del «uno».

Era director de Seguridad Pública el capitán Luis de la Barrera Moreno, quien además pidió el apoyo de la Secretaría de la Defensa Nacional para que surtiera de soldados de la 29/a Zona Militar.

El método era muy sencillo (tome en cuenta que no había tecnología como ahora: no había celulares ni cámaras digitales): llegaba la columna y se estacionaba lejos del punto de conflicto. Mandaban a dos «orejas» vestidos de civil para que recopilara datos esenciales: quién era el líder, cuántos eran, qué horarios usaban para comer, descansar, etc.

Para mandar la información en tiempo real, se habilitaban taxis como patrullas. Es decir, había unidades que trabajaban encubierto para Seguridad Pública y a los cuales les pasaban los recados escritos a mano para que llegaran con el delegado, en este caso, Lara Montero.

Una vez teniendo los datos corroborados, se escogía la hora –regularmente era cuando bajaban la guardia– y se hacía el operativo en no mas de 6 horas, porque tenían que ir a otro municipio para desalojar otro palacio. Amanecía, entregaban el control a la Policía Municipal y la columna se encaminaba al mediodía a otro desalojo. A veces, hasta en un día, se liberaban dos palacios municipales.

En 28 días, Alfonso Lara Montero tomó el control y desalojó los 30 palacios municipales tomados por la gente de Cirilo Vásquez.

Este clase de operativos le generó mucho prestigio y respeto a Lara Montero. Le dio también mucho peso entre la clase política, sin perder el sello de la institucionalidad.

Después de que Cirilo Vásquez fue asesinado el 19 de noviembre de 2006 a la edad de 51 años, al jefe Alfonso lo retiraron de la SSP. Eran tiempos de Duarte, con Arturo Bermúdez como titular de la SSP.

En retrospectiva, quizás fue una muy mala decisión.

Ahora que se ha desatado la violencia en el sur, de plano parece que la actual Secretaría de Seguridad Pública no le halla el modo de cómo resolver la situación, pero volvieron a la fórmula mediática del secre Bermúdez: ir a hacer todo un show con patrullas y policías fuertemente armados para tomarse la foto en retenes, como si eso fuese a resolver algo.

Si estuviese Don Alfonso, ya muchas situaciones estarían resueltas, y sin necesidad de andar posando para la cámara.

Una anécdota para finalizar. La relata un chofer de Don Alfonso que trabajó varios años para él: «En Acayucan andábamos buscando una casa en renta para que el personal pernoctara y llegamos a una; el dueño admiraba a Don Alfonso Lara Montero y nos dijo ‘si Don Alfonso viene y me estrecha la mano, les presto la casa sin pago de renta’. Pues fue el jefe y el hombre emocionado por conocer a la leyenda del sur».

NOTA PARA PEGAR EN EL REFRI: Ya se supo. Que Chalo Vil-Chencho anduvo vendiendo candidaturas por el orden de los dos millones de pesos, por eso no quería salirse de la secretaría general. El negocio que habrá hecho el vato… La pregunta es: ¿se habrá comido todo eso solo?

OTRA NOTA: Que se está vaticinando la anulación de la elección interna del PAN en Veracruz, por los hechos ocurridos el pasado 14 de febrero. El tema ya está impugnado y en tribunales, y así que digas que la tiene segura «Miguel Chiquito», no.

LA ÚLTIMA PORQUE VOY POR UN ALIPUS PAL FRÍO: Lamentable la muerte de seis militares en el accidente del Lear Jet que cayó en la comunidad El Lencero, municipio de Emiliano Zapata, justo detrás del aeropuerto de Xalapa. Algo que se ve en los videos donde cuerpos de emergencia intentan sofocar el incendio y rescatar a los cuerpos, es que están operando sin herramientas y se ve la desesperación porque intentaban apagar el fuego con cubetas de agua y tratando de abrir la cabina donde estaban los cuerpos del piloto y copiloto… ¿En verdad no tienen herramientas o no les han dado ahora en tiempos de la Cuarta Transformeishion?
@pablojair