Tras ordenarse la suspensión de actividades no esenciales y el confinamiento doméstico de la población mexicana, a raíz de la pandemia de Covid-19, las denuncias por violencia doméstica y de género crecieron hasta 100% en algunas regiones del país, según informó la Secretaria de Gobernación.

Ante este panorama, en México entraron en operación diversos sistemas de atención a casos de violencia de género y violencia doméstica, dirigidos básicamente a la población potencialmente afectada, las mujeres, así como sus hijas e hijos, pero a finales de marzo, a estas acciones se sumó una iniciativa ciudadana, orientada a prevenir estas agresiones con una táctica diferente: proporcionando atención psicológica de emergencia a los hombres que están a punto de un estallido violento en casa, a través del número telefónico 55 52 64 20 11.

A esta línea telefónica de emergencia pueden marcar los hombres que enfrenten el impulso de agredir a alguno de sus familiares. El servicio es gratuito, está activo las 24 horas, se puede marcar desde cualquier punto de la República Mexicana, y se mantendrá activo todo el tiempo que dure el confinamiento sanitario.

“El incremento de la violencia doméstica y de la violencia contra las mujeres, por el Covid-19, es algo que sabíamos desde un inicio que iba a ocurrir –explica Yair Maldonado, representante de la asociación civil Género y Desarrollo, creadora de la línea de emergencia y especializada en la atención de hombres generadores de violencia–. Las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud advirtieron que el confinamiento de las mujeres con sus agresores aumentaría su vulnerabilidad, pero en México, eso no está modificando el plan de contingencia de las autoridades, entonces, es la sociedad organizada la que está intentando cubrir estos espacios”.

A. es un joven de 29 años que vive en matrimonio, padre de una pequeña niña, y su esposa está embarazada de su segundo bebé. Durante toda su vida se consideró un hombre tranquilo. “Yo decía que no era violento –recuerda–, sino que la gente me hacía enojar”. Pero lo que pasaba en realidad, reconoce hoy, es que “a veces estamos negados a aceptar nuestros errores”.

Ser una persona violenta es algo difícil de admitir ante los demás, dice A., pero más difícil es hacerlo ante uno mismo, “porque son comportamientos que traemos desde hace años, que la gente tiene muy absorbidos”. Hasta hace poco, por ejemplo, dentro del entorno doméstico, A. consideraba que “lavar los trastes, lavar su ropa, tender la cama, eran labores de mujer”, creía “normales” muchos prejuicios inculcados, como que las mujeres no son aptas para ciertas labores como manejar un automóvil, y cuando se sentía de alguna forma insultado, automáticamente respondía con un agravio igual o mayor.

“Ciertas actitudes eran parte de mí –narra a.–, ciertos comportamientos corporales, ciertas frases, ciertos modos, que yo consideraba normales, comunes. Tenía una idea muy errónea: creía que yo era poco violento, pero no existe eso de ser poco violento o muy violento, eres violento, tal cual, y eso es algo de lo que nadie está exento, y no dejas de ser violento cuando lo aceptas, sino cuando reconoces tus errores y cambias. Del error se aprende.”

En México, la agresiones domésticas y las agresiones contra las mujeres son dos tipos de violencia que mantienen un incremento sostenido al menos desde hace cinco años, y en ambos casos, los hombres son los principales agresores.

Entre 2014 y 2019, por ejemplo, en México aumentó 60% el delito de violencia familiar, los feminicidios se incrementaron 139% y las agresiones de género fuera del espacio doméstico se elevaron 67%.

Atención psicológica de emergencia a los hombres que están a punto de un estallido violento en casa, a través del número telefónico 55 52 64 20 11.

En la línea de emergencia para hombres al borde de estallidos violentos se brindan a los usuarios herramientas para manejar la situación inmediata, explicaron sus promotores, a través de la escucha y el acompañamiento de un terapeuta experto, orientados a disipar la tensión en la persona y a motivar una reflexión sobre las formas de violencia que ejerce, sus consecuencias, así como formas para comenzar a erradicarlas.

“Esta estrategia va dirigida a todos los aquellos hombres que, por el confinamiento, están enfrentando el escenario de pasar más tiempo en casa, con la esposa, con los hijos e hijas, y que pueden estar pasando por momentos de tensión, de frustración, que no saben manejar”, explica Hugo Barbosa, encargado del área de atención a usuarios y reeducación, de Gendes.

“Al llamar a la línea de emergencia –continúa–, encontrarás alguien que te escuche, que te haga sentir acompañado en esta situación, que te haga sentir que no estás solo, que hay una alternativa para los problemas que estás enfrentando, y a partir del contexto particular que estés enfrentando, un terapeuta te va a brindar algunas estrategias que te pueden servir para no lastimar a las personas con las que convives. Recordemos que esto va para largo y es mejor mantener una sana convivencia en el hogar, que es el lugar en donde estamos con las personas que queremos, eso es importante.”

A. inició su proceso para “desaprender” sus comportamientos violentos y machistas un año antes de que se declarara la contingencia sanitaria, en enero de 2019, y es desde su experiencia personal que invita a otros hombres generadores de violencia a buscar apoyo para mejorar su vida, en especial durante el actual periodo de confinamiento.

“Esto de cambiar, de dejar de ejercer violencia, no es como un dolor de cabeza que se te quita tomándote una píldora . Pero es muy sano hablar de tus problemas con alguien que no es de tu familia, con alguien que no es tu amigo, con un psicólogo con el que te puedes abrir por completo, sin temor a ser criticado. Yo he llorado, he gritado, he expuesto cosas que no me animo a hablar con mi familia, con mis amigos, por temor. Porque cuando intenté hablar de mis problemas con mis amigos lo que recibí fue rechazo o el típico ‘ya güey, supéralo’.”

Con de la reflexión emprendida, señala A., hoy es más capaz de identificar las señales de exasperación y de enojo que anuncian respuestas violentas de su parte, físicas, verbales o emocionales, y conoce técnicas de respiración, de relajación y de interpretación de los hechos, que le permiten afrontar cada una de estas situaciones, sin generar o reproducir la violencia, ya no sólo con su familia, sino con todas las personas con las que tiene contacto.

“Antes, si alguien me decía una grosería, inmediatamente mi reacción era contestar igual –ejemplifica– y ahorita como que dijo ‘está bien, quizás está enojada esa persona o tuvo un mal día’. A lo mejor me mentó la madre, pero yo hago mis respiraciones, me relajo, para no contestar de la misma manera, para no generar más violencia. Y no digo que ya no genero violencia, que me tomé una píldora y me curé. No, pero ahora reflexiono qué tipo de violencia ejerzo, cómo puedo evitarla, y sigo en este proceso, para poder relacionarme mejor con mi familia.”

Unam global/Paris Martínez

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