Óscar Javier Martínez, añoso divulgar del jazz, fue contaminado de radiofonía y melomanía por su padre, un indígena zapoteco que fue músico y colaborador de estaciones de radio que Oxama —pseudónimo Óscar Javier— visitaba cuando era niño. Los enormes micrófonos de bulbos, las consolas de perillas y los teatro-estudio que tenían las emisoras de los años setenta, forman parte del álbum fotográfico de su memoria.

El contagio del jazz data de los ochenta, cuando la Radio Universidad de Oaxaca tenía una barra vespertina de ese género, programación que descubrió el pequeño Oxama y de la que se convirtió en asiduo escucha.

Cuando tenía veinte años, inició la gran aventura de su vida: en 1994 salió al aire su primer programa radiofónico: El bar fantasma, producción que se transmitía semanalmente por Radio Universidad de Oaxaca. En el 96, a través de la Corporación Oaxaqueña de la Radio y la Televisión transmitió una serie de veintiséis programas que se llamó Jazztuvo [«el peor nombre que se le puede poner a un programa —me dijo alguna vez entre risas—, pero, bueno, fue la inocencia»]. Al terminar la serie, en la misma emisora produjo otros dos programas: A todo jazz, y Noches de jazz, programa que, a lo largo de un lustro, acumuló un millar de emisiones.

El 30 de marzo de 2009, la fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca lo apoyó para que hiciera El sexto continente, programa que llegó a su emisión número mil el 30 de noviembre de 2017 y que continúa al aire. Hace unos años, El sexto continente se subió al tren de las plataformas digitales mediante un blog homónimo, y la semana pasada, inauguró su versión audiovisual mediante un canal de YouTube. «¿De qué hablamos cuando hablamos de Jazz? ¿Por qué esta música se ha vuelto el perfecto vehículo para la tolerancia, el entendimiento y la paz? ¿Qué contiene en su ser que nos provoca tanto gozo?», se pregunta en la primera entrega —a la que ha titulado Viaje al corazón del jazz— de esta nueva aventura. Dejo la liga para que lo conozcan, se suscriban y se vuelvan seguidores consuetudinarios de esta nueva alternativa para contaminarse de jazz. Véanlo sin cubrebocas ni sana distancia, el jazz es altamente contagioso, pero su efecto es la elevación desmesurada de los niveles de felicidad.

 

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