Juan Beristaín Hernández, académico de la Facultad de Pedagogía de la Universidad Veracruzana (UV), señaló que quienes tienen personalidades sanas piensan, sienten y actúan de manera coherente, ya que mantienen un estado de armonía entre la mente, el cuerpo y el espíritu.

“Por otro lado, alguien que presenta una personalidad enferma no es coherente y generalmente tiene dolor físico o sufrimiento emocional”, afirmó el catedrático al impartir la conferencia «Cómo se forma una personalidad sana o enferma”, el 13 de febrero en la Unidad de Ciencias de la Salud, dentro de las actividades del Día del Dentista, organizadas por la Facultad de Odontología.

Beristaín Hernández explicó que para construir una personalidad sana sólo existe una solución: aprender a amar, lo que a menudo se confunde con placer, pues mientras éste es una sensación temporal, aquél tiene que ver con desear, sentir y lograr el bienestar mutuo.

“Para que alguien ame a los demás primero debe hacerlo consigo mismo y crear tranquilidad”, puntualizó.

El docente comentó que tanto la personalidad sana como la enferma provienen de introyectos o experiencias de vida que dejan un aprendizaje significativo, determinan el comportamiento y se manifiestan en los rasgos de la personalidad.

“La ira, la avaricia y la envidia surgen de introyectos negativos; la humildad, la generosidad y la paciencia, de los positivos.”

Para que una persona sea feliz y experimente un estado de armonía que le lleve a vivir en libertad y responsabilidad, debe autoconocerse, analizarse y observarse.

Aseguró que esta labor permitirá tener conciencia y hacer contacto con la realidad a través del razonamiento, conocimiento y sentimiento, y a partir de allí tomar decisiones asertivas: “Una vez que alguien se conoce sólo le queda ser él mismo, porque es la única persona que vivirá su vida”.

UV/Hugo Carlos Hermida

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