Escucharlo tocar esos increíbles acordes
y melodías noche tras noche fue
un regalo increíble.
Esta es una inmensa pérdida que deja
un vacío enorme
debido a la singularidad de Lyle.
Simplemente no hay
y nunca habrá nadie como él.
Gracias amigo mío (…)
Que tengas un buen viaje
y estaremos seguros de mantener
tu espíritu vivo aquí abajo.
(Antonio Sánchez)

«Lyle fue uno de los mejores músicos que he conocido. A lo largo de más de 30 años, cada momento que compartimos en la música fue especial. Desde las primeras notas que tocamos juntos, tuvimos un vínculo inmediato. Su amplia inteligencia y sabiduría musical nutrieron cada aspecto de quién era en todos los sentidos. Lo extrañaré con todo mi corazón», escribió Pat Metheny en su página web el lunes pasado, 10 de febrero, cuando se enteró de la muerte de Lyle Mays, el pianista, compositor y arreglista corresponsable del sonido de una banda —Pat Metheny Group— que dejó una impronta en el jazz rock de los años ochenta y noventa.

Desde que nació, Lyle era músico: su padre era guitarrista y su madre, pianista. La maestra Ross Barron le dio sus primeras clases de piano e improvisación cuando era muy pequeño. A los nueve años, tocó el órgano en la boda de un familiar, ese fue su debut en público. «En su adolescencia —informa el portal El Clarín— tenía cuatro intereses básicos: ajedrez, matemática, arquitectura y música, y confesaba que el álbum ‹Bill Evans At The Montreux Jazz Festival› y ‹Filles of Kilimanjaro›, de Miles Davis (ambos de 1968) fueron centrales en su formación como músico de jazz».

El encuentro con Pat Metheny sucedió en el Wichita Jazz Festival de 1975, cuando ambos andaban por los 22 o 23 años. «Mi atracción inicial por el talento de Lyle surgió ante todo por sus sensacionales habilidades como pianista. Y noté desde la primera vez que lo escuché que su forma de tocar reflejaba un sentido profundo y natural de orquestación. A partir de ahí, las cosas naturalmente llevaron a una capacidad inigualable para hacer una especie de arreglo/orquestación sin precedentes —solo Joe Zawinul había explorado ese aspecto de tocar en grupos pequeños de formas similares que proporcionaron inspiración», escribió el guitarrista dos días después del deceso del mayor cómplice de su vida.

Si bien grabó cuatro álbumes a su nombre, Mays fue un músico que renunció a todo individualismo en aras de la construcción colectiva del sonido, en el mismo texto de El Clarín se lee:

«Mays era un tecladista capaz de generar solos extensos y hasta épicos pero nunca como una declaración individual sino como parte de una construcción musical; tanto el tecladista como Metheny (y en este aspecto es imposible separarlos) generaron un estilo especialmente sofisticado emparentado con el jazz rock. Desde este proyecto conjunto con Metheny, Mays logró expresar una estética sonora del medio oeste norteamericano donde fusionaban el folk-rock y el country con el jazz posterior a los años sesenta. Quizás la mejor descripción de esta propuesta es el haber creado el sonido de pradera. Discos como ‹American Garage› (1978), ‹As Falls Wichita, So Falls Wichita Falls› un poema tonal (1981) y ‹Travels› (1983) fueron fieles reflejos de esta corriente.

«También fue parte central en la evolución de Metheny Group cuando comenzaron con el guitarrista a incorporar ritmos y melodías de Sudamérica, en especial de Brasil y la Argentina; fue Mays quien reordenó esos elementos para alcanzar una fusión hemisférica sin igual que abrazaba el norte con el sur y que hizo inmensamente popular a la banda».

Con el lirismo heredado de Bill Evans, el beat de Miles Davis y sus propias concepciones estéticas, Lyle Mays se integró al equipo de obreros laboriosos que han construido una obra sólida y vigorosa que ya forma parte de los anales melómanos de la humanidad.

 

 






 

 

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