Las sociedades se demuestran incapaces de comprender la realidad que les rodea, dejando transcurrir su permanencia, atareados en atenciones inciertas sobre el desarrollo, la más de las veces en un estado de inconsciencia inconsciente, como lo es la modificación climática, creada precisamente por ese estado inconsciente de la inconciencia transformándose en una escenificación de la pintura del Boy with Machine del alemán-estadounidense Richard Lindner, metafórica  máquina de máquinas que tiene su principio en la maquinación de la inconsciencia siendo bastante probable su origen de esta transformación en el cambio climático de los siglos XVI y XVII que modificó el contexto de las civilizaciones; la subsistencia en una visión de “oportunidad” de ir contra la naturaleza, a la cual ha ido destruyendo la incorporación de la materialización de los pensamientos del hombre, enfrentando así en los siglos dieciséis y diecisiete  la condicionante de la presencia de la llamada Pequeña Edad del Hielo que cubrió el mundo, modificando el hábitat para ajustar sus condiciones de acoplamientos y conexiones, de diálogo entre las diferentes especies que se necesitan para permanecer en una constante de equilibrios ecológicos y evolucionar en lo que hemos llamado tiempo, aunque éste, el tiempo, permanece suspendido en la inmensa quietud del universo.

La evolución tecnológica es el paseo esquizofrénico que obliga a orientarse socialmente, conduciéndonos como civilización no civilizada a la crisis climática actual, lo que provoca y continuara provocando la transformación integral de las sociedades humanas, en su modo de vida, su economía e incluso, modificando el pensamiento, que es el creador de las ideas.

El CO2 acumulado durante millones de años ha estado produciéndose en la atmósfera permanentemente, provocando una similitud a la de hace tres millones de años, nos dice el historiador Philip Blom, en su último libro, El motín de la naturaleza.

Esa máquina irracional inconsciente que nos describen los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattari en El Anti Edipo, capitalismo y esquizofrenia; “todo es ruido ininterrumpido de máquinas”, al contrario de Lenz que se colocó más allá de la distinción hombre-naturaleza, más allá de todos los puntos de referencia, no vivió la naturaleza como naturaleza, sino como un proceso de producción permisible en donde ya no existe ni hombre ni naturaleza si no solo el proceso que los produce a uno dentro del otro. Deleuze y Guattari, reafirman la existencia en todas partes, de máquinas productoras o deseantes, las máquinas esquizofrénicas, toda la vida genérica: yo y no-yo, exterior e interior que ya no quieren decir nada.

Daño irreversible la emisión de CO2, que ya ha transformado las temperaturas medias, al sistema climático entero, las corrientes oceánicas, los casquetes de hielo polar, las temperaturas y los niveles de oxígeno, así como a las corrientes en chorro a gran altura que determinan el clima. La depredación provocada por el hombre consciente-inconsciente, deforestación de los bosques tropicales, a un ritmo de ¡30 campos de fútbol por minuto!, acompañada, esta depredación por los efectos de la agricultura industrializada, intensificando la degradación, y como refiere el mismo Blom, “el progreso tecnológico de la humanidad ha alcanzado un nivel que la ha convertido en una amenaza existencial”, que la destruye; no solo para los propios seres humanos, sino para la vida toda, los insectos y los osos polares. “La ecuación ha cambiado radicalmente. Los seres humanos de épocas anteriores se beneficiaron de la soberbia de considerarse al margen y por encima de la naturaleza, precisamente porque no tenían la capacidad tecnológica de poner en peligro su propia existencia”.

En todo este ecosistema modificado, es en donde la intuición, el conocimiento, el entendimiento del comportamiento del cambio climático y de los seres vivos en su entorno, en una actitud de sobrevivencia, buscan el hábitat que les permita la evolución de sus especies, una evolución de permanencia; por eso es absurdo escuchar que, de manera irracional para el sentido común y la ciencia, haciendo  Elogio de la locura, se declare que no se es responsable por la presencia del mosco transmisor del dengue, consecuencia del cambio climático, porque no se atendió y entendió la importancia preventiva de implementar acciones a tiempo para evitar las muertes, previsibles y prevenibles, que causó la epidemia; la presencia del mosco vector no se ha superado, no se ha ido, ni se ira, cohabita permanentemente en la biodiversidad por sobrevivencia, en diversas altitudes y latitudes de la geografía veracruzana, en un proceso de adaptación de su especie. No visualizar esto, socaba el pensamiento humano, desconcertando a las sociedades, que en estado de indefensión les van conduciendo al marasmo de la irracionalidad.

Se vislumbran ya los perfiles de una civilización en proceso de adaptación al cambio climático. “La naturaleza obliga a la humanidad a reconsiderar su posición de “corona de la creación” con licencia para explotar impunemente los recursos”, insiste Philipp Blom; los cultivos para la producción hortícola, por ejemplo, se van modificado con métodos que conservan, preservan y respetan las condiciones de la naturaleza como el sistema hidropónico, en donde el horticultor, ya no es la imagen clásica tradicional del campo, sino que ésta se encuentra en mejores condiciones. La alternativa es, como ha sugerido el filósofo francés Bruno Latour: pensar que la humanidad no vive “sobre la tierra”, sino dentro de la zona crítica. “Esta zona crítica, que abarca la atmósfera y la biosfera habitables, está compuesta de innumerables agentes, desde los gases, los insectos y los microbios, hasta las corrientes marinas, los sistemas climáticos y los seres humanos”, y una que otra rara especie absolutista, irracional.

Sintácticas

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