Hace unos años, se veía a Alonso Blanco en varios proyectos, no solo de jazz, acompañaba cantantes como Lizarely Servín o Persi Vignola, o tocaba en el Ensamble Marinero de Laura Rebolloso. Un día desapareció, parecía que se lo había tragado la tierra, pero no, se lo había tragado el mar. En esta última parte de la conversación, habla de su travesía por los siete mares, y de sus proyectos actuales en tierra firme.

El siete mares

Como te decía, cuando estaba en JazzUV quería salir del país y pensaba que podría hacer una maestría en una de esas escuelas prestigiosas de jazz, eso me llamaba la atención pero me di cuenta de que se necesitan miles de dólares y dije no, pues no tengo un ahorro de miles de dólares (risas), entonces dije ¿cómo le hago para irme a otros rumbos? Me acordé que, hace años, un cuate que trabaja en los barcos me dijo en los barcos está bien, si quieres te recomiendo; pero yo estaba en la Orquesta [de Música Popular UV] y le dije que no estaba interesado.
Hace como dos años y medio, casi tres, le tomé la palabra, le dije oye, ¿cómo está eso de los barcos que me habías dicho? Me dijo está muy bien, y me explicó de qué se trataba. Me metí a eso y en un momento me habló uno de los agentes que andan ahí, me dijo oye, hace falta un pianista para un barco, ¿estás interesado?, podemos hacer la audición mañana. Y así, de un día para otro hicimos la audición en línea. Obviamente, hay que tener un nivel musical, hay que leer y todo eso. Como a la semana o a las dos semanas, me escribió y me dijo oye, hay una oferta. Me mandó el itinerario y era increíble, eran lugares que ni sabía que existían; iba a recorrer el Mediterráneo, el mar Adriático, las islas griegas, una cosa de película. Eran seis meses pero acepté, dije sí, vámonos. Eso fue en 2017, fue la primera vez que me embarqué.

Primera Carta de relación

El barco estaba en Niza, Francia, me fui en avión y allá lo tomé. Fui para tocar en la orquesta del barco, es una banda como de nueve músicos: metales, piano, bajo, guitarra, batería. En el barco había muchos músicos de todo el mundo, nada más había otro mexicano, yo extrañaba a la flota de paisanos; además, todos hablaban inglés a su manera y yo a veces no les entendía nada, el director era australiano y hablaba un inglés bien raro, me hacía indicaciones en los ensayos y yo nada más le decía «yes», pero no le entendía nada (risas); decía no puede ser, mis clases de inglés no están funcionando aquí.
Esa fue mi primera embarcación y fue una experiencia increíble, conocí lugares paradisíacos, de película, fue impresionante. No paras, generalmente, cada día vas a un puerto diferente; por mucho, te estacionas dos días en un solo lugar. Fuimos a varios países de Europa y ese itinerario cruzaba el mar Atlántico hasta llegar a América, eso fue una locura porque yo decía ¿vamos a cruzar el mar abierto? (risas), y lo más loco fue que íbamos a la isla de Bermudas y dije:
—Pero ahí está el Triángulo de las Bermudas
—Sí, así es
—No puede ser, ahí se han perdido barcos y aviones, no vaya a ser que desaparezcamos (risas)
Afortunadamente, llegamos a la isla sin problemas, no desaparecimos (risas). Fueron como diez días de mar, una locura, afortunadamente no me tocaron mareas o ciclones, nada de eso.
Hay una anécdota bien chistosa: antes de salir de Europa, cruzamos por el estrecho de Gibraltar. Embarcamos en Gibraltar y me salí con un cuate de la orquesta a caminar. Dijeron que había que estar en el barco a las cuatro de la tarde para irnos, por despistado, pensé que teníamos que regresar a las seis. Mi cuate dijo voy a hacer una llamada y le dije bueno, pues te veo luego. Seguí caminando, viendo cosas, y en un momento dije a ver si veo a mi cuate en la cafetería para echarnos un café antes de regresar. No lo vi y dije ya me voy al barco. Cuando me fui acercando, me llegó la señal de Internet y me entraron unos mensajes del director de la orquesta que decían Alonso, ¿dónde estás?, ya se va el barco (risas). Corrí como loco, lo bueno es que estaba cerca. Nada más me estaban esperando a mí, subí y nos fuimos.
Regresamos América y fuimos a las islas antillanas; a Cuba, a Puerto Rico, a las islas holandesas. Me bajé en Puerto Rico y de ahí volvé para México.

Segunda Carta de relación

Cuando regresé, decía no vuelvo a embarcarme; después de seis meses ya ponía rayitas en mi hoja como los reos (risas). Pasó un tiempo y me decían oye, ¿quieres regresar? Yo decía no, quizá algo corto. De repente me dijeron oye, la próxima semana, si quieres, te vas a Australia y Nueva Zelanda. Acepté y me fui, fue un viaje como de mes y medio. Me fue increíble, me encantó Australia, está llena de bosques, hay jardines botánicos por todos lados. Nueva Zelanda, igual. Tocábamos en la orquesta en las tardes y podíamos salir en las mañanas.
El repertorio era mucho de la onda de show de Broadway, música de teatro musical. Acompañábamos todo tipo de espectáculos, llegaban showman o cantantes que ya tenían su repertorio armado y teníamos que acompañarlos. Hacíamos dos shows en la noche, a veces no era en el teatro sino en un bar donde se hacían jam sessions, ahí tocábamos lo que queríamos.
Esos barcos son como una ciudad, tienen un teatro que tiene un equipazo: hay piano de cola, sonido de primera, luces, técnicos, vestuario. Tiene todo, no reparan en nada, y hay bares en los que tocan grupos más chicos.
Es difícil porque te absorben tanto los lugares a los que vas que, a veces, muchos músicos ya no estudian ni nada, nada más cumplen lo que tienen que hacer; pero yo dije no, esto está muy bonito pero yo necesito hacer música, entonces, desde el primer viaje me puse a componer, a hacer arreglos y a estudiar. Cuando no había nadie, buscaba dónde había un piano y me ponía a estudiar para no estancarme, afortunadamente hay tiempo.

Tercera Carta de relación

Regresé y de repente me llegó un mensaje de otra compañía:
—Hace falta un pianista
—Pues quizá pueda hacer algo corto
—Sí, hay algo corto pero tengo uno que creo que te va a gustar, chécalo
Vi que era para Escandinavia, iban para Irlanda, Noruega, Reino Unido, Escocia, y luego a las islas griegas; dije wow. También era de seis meses y yo dije:
—¿No podrán ser cinco porque tengo un compromiso y tengo que regresar? (risas)
—Bueno, déjame ver
Me aceptaron y me fui. También fue una experiencia tremenda ir a esos países, estuvimos en Liverpool, fuimos a Rusia —a San Petersburgo—, a algunos puertos de Alemania, a toda la zona del norte de Europa. Luego fuimos a Francia y después le dimos la vuelta a España, fuimos a Bilbao, Sevilla, Barcelona. Luego, a varios lugares de Italia, fuimos a Sicilia, me tocó ir a conocer a los volcanes, el Monte Etna y el Vesubio; fuimos a la gran Florencia, es una maravilla estar ahí; a Venecia, a un montón de lugares que ves en las películas. Edimburgo es una maravilla, hay castillos por todos lados; en Liverpool vimos a las estatuas de los Beatles, recorrimos todo lo turístico.
Después de Europa, el barco iba a cruzar a América, pero yo dije no, gracias, yo ya me voy a mi casa (risas). Ahí sí había como cincuenta mexicanos, fue muy bonito convivir con ellos. Eso fue el año pasado.

Cuarta Carta de relación

Me ofrecían más contratos, te puedes quedar ahí el tiempo que quieras y muchos músicos han seguido esa dinámica, hay gente para la que esa es su forma de vida porque le va mucho mejor que estar en su país.
Regresé y dije no, yo ya no quiero, pero me siguieron buscando y regresé este año (risas). Yo decía sí, pero cosas cortas, entonces estuve haciendo algunos contratos cortos este año, pero ya fueron a Sudamérica. Fuimos a Brasil, cruzamos toda la capital del Amazonas; es una experiencia muy diferente, los pueblos que veíamos ahí parecían de México. De regreso fuimos a las islas holandesas, Curazao y todas esas islas; es otro mundo, todo bien bonito, todo ordenado, todo para turistas. Ese fue como de un mes y medio.

Quinta Carta de relación

Me bajé y dije ya, pero me hablaron y me dijeron oye, hay otro para Sudamérica, pero del lado del Pacífico. Me subí en Argentina, pasamos por uno o dos puertos de Chile y de ahí nos fuimos a Perú. Las compañías llevan a los turistas a lugares especiales en cada puerto, los que forman parte del staff tienen derecho a apuntarse para ir a esos tours y escogen a uno que se puede ir como acompañante de los huéspedes, en ese viaje tuve mucha suerte porque me tocó ir como cuatro o cinco veces.
También fue una experiencia increíble, fuimos a Trujillo y a varias zonas arqueológicas. Todo parecía México, hay mucha hermandad; fuimos a probar la comida típica de Perú, que es una delicia, y dije esta sí se da un trabón con la de México.
Fuimos a Ecuador, subimos a Panamá, cruzamos el famoso Canal de Panamá, es una experiencia muy loca. Nuevamente fuimos a las islas holandesas y de ahí nos fuimos a Estados Unidos. Llegamos a Florida, porque ahí es la base de estas empresas, me bajé y tomé mi avión para México.
Ahí toqué en otro contexto, no fue en la orquesta, toqué con un grupo que se presenta en otro escenario. Era un grupo de jazz y música para baile, tocábamos standards de jazz y cosas latinas. En el grupo estaban un boliviano y varios argentinos. Tocábamos todos los días. Ese fue el último viaje que hice este año, fue como un mes, más o menos.

Tierra firme

Este semestre me estuvieron llamando y mandándome ofertas pero quise pararle un poco porque muchas veces pasa que te subes al barco y te apartas, ya no estás en la escena y cuando regresas tienes que volver a empezar.
No estuve embarcado pero tuve otra salidas, una cantante oaxaqueña tuvo presentaciones en Francia y me invitó. Estuvimos como diez días allá, regresé y hace poco más de un mes fui a Estados Unidos, a Nueva York y a Chicago, con Laura Rebolloso. Fuimos a grabar algunas cosas con sus hijos —Lucía y Santiago [Gutiérrez Rebolloso]—. En Nueva York está un amigo, Felipe Fournier, tremendo músico y súper cuate, él está muy metido allá, muy movido y con él estuvimos grabando algunos temas de Laura.
En Chicago te encuentras muchos mexicanos, me pareció impresionante, parecía México. También fue una experiencia muy bonita, estuvimos ahí como un mes. Ese fue el último viaje que hice este año.

Myself

Quiero grabar mi música, hacer un proyecto con músicos que están en Nueva York. Me está faltando enfoque en eso, lo he estado posponiendo mucho y ya necesito aterrizarlo y agendarlo, porque si no, nada más se queda en proyecto y ya se merece que lo saque. Estoy trabajando en la composición, quizá podía grabar algo en la Ciudad de México o ir a Estados Unidos, solo tengo que definir cuándo y cómo y con quién.
Ahorita estoy en casa estudiando y quisiera hacer algo de piano solo, eso también me mueve mucho; es un reto, es algo de mucho cuidado, de mucho trabajo, pero hay que hacerlo. Estoy haciendo algo que nunca he presentado porque lo he estado desarrollando y necesito enfocarme más: tocar con percusiones, me pongo dos percusiones en los pies de las que usan los bateristas, se ponen una clave y hay una base que es como una cabaza pero que se toca con el pie. Estoy trabajando eso y me gustaría presentarlo en forma.
La próxima vez que me entrevistes, ya tengo que llegar con mi disco.

PRIMERA PARTE: Take one
SEGUNDA PARTE: En el jazz, la vida es más sabrosa




 

 

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