Si el nuevo gobierno no quiere actuar por incapacidad o por un afán equivocado de hacer las cosas de una manera distinta a las reglas no escritas que impone la acción de gobernar, nos está arrastrando hacia la anarquía y la ingobernabilidad. La falta de oficio político de los colaboradores más cercanos al gobernador Cuitláhuac García Jiménez, todos ellos recomendados o amigos de campaña del gobernante, que desconocen la geografía política del estado y las formas más elementales para conducir los destinos de un pueblo, abonan con su actuación a que los adversarios políticos del morenismo se ensañen y alienten la impunidad como es el caso del Fiscal del Estado, a quien no han podido quitar del cargo dejando a los veracruzanos a merced de la delincuencia porque la respuesta del encargado de impartir justicia es dejar pasar, con lo que abona al incremento de los hechos delictivos en el estado; por eso es que hay más secuestros, levantones, ejecuciones, extorsiones… Pero nadie, de los cercanos al titular del Ejecutivo, ha mostrado la fuerza suficiente para hacer que Jorge Winckler por sí solo decida dejar la Fiscalía, como debiera ser; en cambio, se desgarran las vestiduras en debates mediáticos que solo los exhiben como incapaces. Por otra parte, los paros en el transporte público, las constantes frivolidades de los miembros del gabinete, el desconocimiento en el manejo de los medios de comunicación y las acciones violentas de grupos facciosos conocidos en la entidad desde hace muchos años, a los que se les ignora, cooperan a que se forme un caldo de cultivo idóneo para que Veracruz esté al borde de la ingobernabilidad. Cuidado.