En esta parte final
de nuestra conversación
habla de la tradición
y de la música actual,
del quehacer profesional
de los soneros de ahora.
Esta columna atesora,
Fany Delgado, esta plática
tan profunda y carismática.
¡Muchas gracias, cantadora!

La creación se ha liberado…

La creación se ha liberado
-sostiene García de León-
de seguir la tradición
que la amarró en el pasado.
Hoy el son, emancipado,
explora una nueva veta,
persigue una nueva meta:
alejarse del ritual,
potenciar lo personal
y sacar el yo poeta

Creo que si grupos de fusión son capaces de acabar con una tradición, es que hay algo en la tradición que ya no está funcionando. El son jarocho vive por la fiesta del fandango, no por el son jarocho por sí mismo y eso se relaciona con cosas muy profundas, con una cuestión de identidad, con una cuestión de práctica comunitaria, de convivencia con el propio lugar donde estás parado. El fandango respondía, por ejemplo, a la fiesta de un santo, a la muerte de un niño o cuando se iba a casar una muchacha, había que hacer un fandango para las cocineras, para que trabajaran toda la noche y no se cansaran, y ahí empezaba la fiesta, con un fandango, si esas cosas están perdiendo, entonces lo otro se debilita.
Obviamente se están transformando muchas cosas por la dinámica actual, hace unos meses veía un documental sobre el canto de ordeño en Venezuela y decía ay, cabrón, creo que eso puede pasarle al son jarocho. Los cantadores decían nosotros no somos músicos, somos vaqueros y cantábamos para arrear las vacas, si las llevábamos una semana o 15 días en camino, teníamos que hacer algo para calmar la ansiedad del animal, ahora qué les vamos a cantar si van en un camión o para qué les vamos a cantar si están todas metidas en un establo; si ya no hay esas necesidades, la música también se va extinguiendo.
Creo que hemos descuidado muchísimo el fandango y hemos puesto mucha atención al género solamente y eso es palpable cuando vienen grupos como el mismo Son de Madera, como Macuiles, como Sonex, como infinidad de grupos que tienen una propuesta mucho más urbanizada, con otro tipo de influencias musicales y afectan al género del son tradicional, y todos los chavitos que no están familiarizados con la fiesta del fandango adoptan, sin cuestionar, esto nuevo que está sonando. No sé si eso está bien o está mal pero creo que tenemos que saber que hay cosas que se van a ir perdiendo y formas dentro del son jarocho que, incluso, ya se perdieron. Como te comentaba hace un rato, la misma formación dentro del fandango, antes había cinco o seis músicos y no hacían falta más, antes, alguien podía tocar solamente la guitarra y no pasaba nada, ahora creo que ir y tocar solamente la guitarra sería aburridísimo porque, además, no se escucharía con 50 jaranas atrás tocando rapidísimo y súper fuerte.
No me parece que esté mal, también es válido, muchos surgimos como músicos desde un taller y perseguimos otra cosa que no se queda en la cuestión comunitaria o de la fiesta, perseguimos una cuestión artística, emancipamos la música. Como dice Antonio García de León en su libro del fandango (Antonio García de León Griego, comp. Fandango. El ritual del mundo jarocho a través de los siglos. México: Conaculta / Ivec / Programa de Desarrollo Cultural del Sotavento. 2006): esta emancipación de la música hace que yo me apropie de ella sin tener que responder a un ritual y la convierto en algo mío y la uso para otros fines, para buscar qué dice mi yo músico o mi yo poeta; y está muy bien, ojalá se hicieran más cosas a partir de la música tradicional, ojalá más gente compusiera pensando en los cantos cardenches o en la música de Tierra Caliente o en las chilenas o en el huapango norteño.

El que hacían los pescadores…

El que hacían los pescadores,
albañiles, campesinos,
constructores de caminos,
era un son de otros valores.
Se cantaba sin temores,
sin alharaca ni estruendo
y se iba construyendo
sin afanes protagónicos.
Esos sones son agónicos
pues ya se están extinguiendo.

Todavía existen esos músicos tradicionales a los que no les importa si eres Lila Downs o si eres Natalia Lafourcade o si eres Ramón Gutiérrez, incluso; no les importa, ellos van al fandango a tocar, no importa quién esté al lado, pero también es cierto que es una generación que ya está muriendo y que no tiene herederos. Yo creo que eso pasa en toda la música campesina o tradicional de México, los que la hacían se dedicaban a otra cosa, eran marineros o comerciantes o campesinos o lo que fuera y encontraron en el son jarocho una forma de esparcimiento y también una forma te queja, un poco como el blues, el son jarocho era una música de resistencia, iba por una cuestión lúdica pero también por una cuestión social, un discurso.
Era la música a la que tenían acceso, la que era la suya, por el solo hecho de ser campesinos, podían estar en la fiesta. Después empezó esta cosa de vivir del oficio de la música y ahí sí ya nos estamos metiendo en problemas, porque ya no es solamente lo que tú quieras hacer con tu música sino lo que la gente espera de ella, como cualquier otro artista de ahora.
Todavía existe este tipo de músicos pero son menos, lo primero que se me viene a la mente cuando te digo esto es el grupo de Los Baxin, que se dedican a otra cosa, o un gran jaranero que toca con Son de Madera, Dalmacio Cobos, él maneja un camión y lleva su jarana y cuando tiene tiempo, la toca. Ese son jarocho va a seguir existiendo hasta que él se muera, a lo mejor su hijo también aprenda a tocar pero no se dedique a la música y siga tocando como lo hacía su papá y siga haciendo fandangos en su casa a los que solamente lleguen sus amigos y sus vecinos y digan venimos a tocar pero en realidad nos dedicamos a construir casas o cortamos caña o lo que sea.
Ese son va a dejar de existir en algún momento, ojalá que no, ojalá me equivoque y encontremos todavía esas personas que aprenden a tocar son jarocho para convivir con sus tíos y sus amigos sin más ambición artística.

Todo va evolucionando…

Todo va evolucionando
sin permitir excepción
y por eso nuestro son
seguirá siempre cambiando.
Vale seguir explorando
aunque se armen confusiones,
pues hay quien tiene razones
pa no seguir en lo mismo.
Hoy, a un lado del purismo
florecen muchas fusiones

En Xalapa están pasando cosas muy interesantes con el jazz y con la música jarocha y huasteca, principalmente, por ejemplo lo que hace Eloy [Zúñiga] o La Manta o los hijos de Ramón [Lucía y Santiago Gutiérrez Rebolloso, estudiantes de JazzUV], que los oyes cantar y son jazzistas pero tienen toda una tradición familiar y es impresionante oírlos porque están proponiendo algo en el jazz, incluso esperaría que en algún momento, si se vuelven compositores, hagan uso de esa cosa, que finalmente es su identidad.
Incluso dentro de la música tradicional, gente que no estamos cantando jazz, ya estamos cantando y tocando otro tipo de son jarocho y ya hay una propuesta diferente que para los viejos soneros es extraña. El año pasado o antepasado fui a la Candelaria y estaba el maestro Félix Baxin tocando su requinto, había mucha gente joven tocando este tipo de son jarocho que se enseña en los talleres, que no tiene nada que ver con el tipo de son jarocho que él toca, y nadie pudo seguirlo, el único jaranero que más o menos podía seguirlo cantaba rarísimo y él se desesperaba, decía es que no puedo tocar con esta persona porque no sé qué está cantando, además no quiero.

Es el son nuestra memoria…

Es el son nuestra memoria,
el registro fidedigno
de lo bueno y lo maligno.
El son recoge la historia
y pone toda la gloria
y todo el dolor ahí.
Vale preguntar así
ante una voz dolorida:
¿qué le pasó en su otra vida
que la hace cantar así?

Muchos reconocemos cierta hermandad entre el son jarocho y el blues, principalmente porque es una música de resistencia y de protesta, ambas surgieron de una realidad bien dolorosa, de un pasado de opresión, de injusticias y hay gente, como Ramón, que además posee una melancolía impresionante y una profundidad mágica, no encuentro otra forma de describirlo, oyes cantar a ciertas personas y dices qué le pasó en su otra vida que tiene esa cosa en la voz, a veces desgarradora o a veces tan suave que dices qué increíble.
Yo creo que tenemos mucho que aprender no solo del son jarocho, de la música tradicional de México porque es parte de la historia, hay versos que siguen contando la historia de un tiempo de guerra, seguimos cantándole a pájaros que ya se extinguieron, pero qué bueno saber que existieron, y así pasa con todo lo demás.

El son está en todas partes…

El son está en todas partes,
en el campo, en la ciudad,
en la luz, la oscuridad,
en cabañas y en baluartes.
Donde quiera que te encartes
estará siempre presente;
encontrarás su simiente
por toda la carta esférica
ya sea que estés en América
o en el viejo continente

El son está en todas partes. En la ciudad de México hay cientos de jaraneros, muchas familias, muchos personajes que acá en Veracruz son muy importantes dentro de la tradición sonera, como los Vega, ellos han hecho escuela de su estilo de tocar y están ahí. También hay muchos en otros estados, creo que es de los géneros más conocidos, algunos dicen ya aburre, ha habido tanto son jarocho que ya queremos otra cosa (risas). Ahora vendrá el boom del son huasteco o de la música de Tierra Caliente, que también tiene una riqueza impresionante, o ahora el cardenche, Pablo Villa está haciendo cosas increíbles.
Mi novio está haciendo una residencia en Barcelona, es periodista y lo becaron, y me dijo oye, ¿por qué no te vas el último mes a alcanzarme?, aprovechamos para conocer un poco y para dar el rol por ahí. Le dije pues va, y luego me quedé pensando y dije está un poco caro ir entonces ¿qué puedo hacer para generar dinero y no regresar con una deuda de 30 mil pesos?, pues voy a tocar. Y publique en Facebook ¿algún músico que quiera tocar conmigo en Barcelona? y de repente empezó a salir un montón de contactos y me conecté con varios músicos que están allá y en lugar de llegar a Barcelona, voy a llegar a Madrid a tocar, ahí voy a estar como semana y media en dando talleres y tocando. De ahí vuelo a Zúrich a dar otro taller, por otra semana, a una comunidad de jaraneros que hay allí (por eso te decía hace rato que si vas a Suiza, seguro te vas a encontrar soneros). Un amigo de Paraíso, Tabasco, que conocí en un fandango está allá y me dijo acá tienes dónde quedarte, yo te ayudo a organizar algunas cosas. Y un amigo de México, jaranero, que también conocí en un fandango me dijo amiga, yo fui el año pasado, te ayudo a organizar lo que quieras desde acá, entonces me conectó con este grupo de jaraneros y voy a llegar a darles taller y a tocar. De ahí vuelo a Barcelona a estar la última semana y media con mi novio (risas), también quiero tocar un poco ahí pero es lo he ido postergando porque quiero viajar un poco aunque sea la última semana.
Como te digo, el son está en todas partes.

Ya con esta se despide…

Ya con esta se despide
la invitada de este día.
Habló de son, de poesía,
de todo aquello que impide
que la tradición se olvide.
Dejó muy bien asentado
lo perdido, lo ganado
y también lo porvenir.
Gracias, lector, por seguir
a la sonera Delgado

Hace unos años, mi hermano formó una banda de rock con periodistas, al siguiente año me dijo:
-Oye, necesitamos alguien que cante, éntrale
-No, hombre, ¿cómo crees?
-Sí, éntrale
-Bueno, pues va
Entré con ellos y también ya llevamos algunos años tocando, la banda se llama Aquí no mando yo, está formada por puros periodistas: Óscar Martínez en la guitarra, Alberto Delgado -mi hermano- también en la guitarra, Javier Elizondo en el bajo, Aurelio Contreras en la voz y hemos tenido varios bateristas pero no hemos tenido mucha suerte con ellos, la mayoría se han ido de aquí. Ahora decidimos rearmar la banda con los que hemos estado siempre y yo estoy aprendiendo a tocar bajo para poder sonar otra vez.
Sigo tocando en el Sexteto de Ramón Gutiérrez. Andrés Flores es un músico también muy importante dentro del son jarocho, fue integrante del grupo Chuchumbé y después de muchos años decidió hacer su grupo, me invitó y también estoy tocando con él, el grupo se llama Andrés Flores y la flota. Recientemente me invitó a Emilio Bozzano a formar parte de Macuiles, ya había participado con ellos hace como dos años, cuando fue la presentación de su disco y ahora que Marisol [Mandujano] se salió, me pidió que entrara y le dije que sí, y estoy en eso también. Bemberecua es un grupo que ya se junta muy poquito, casi no tocamos porque estamos todos en diferentes lugares, pero yo creo que sigo formando parte de esa familia. Y en eso estoy.

PRIMERA PARTE: La iniciación en el son
SEGUNDA PARTE: Porque también son soneros…


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