Con décimas se presenta,
siempre, a la gente del son
porque es una tradición
valerse de esa herramienta
que le pone sal, pimienta
y sabor a nuestro estado.
Bajo la manga he encontrado
a una joven jaranera
que hace del son su bandera,
es Stephanie Delgado.
Es Stephanie Delgado
la invitada esta ocasión.
En larga conversación
me habló de hoy, del pasado,
de lo mucho que ha cambiado
el fandango en la ciudad.
Me dijo en la actualidad,
las nuevas generaciones
reinventan las tradiciones
sin perder la identidad.
Sin perder la identidad
pero viviendo el presente,
pues la música es un ente
siempre mutante. Es verdad
que aunque sea vasta su edad
lucirá siempre muy bella
si camina tras la estrella
sin dejar de ver atrás.
Ya no les platico más
mejor los dejo con ella.

Como extranjera en su tierra…

Como extranjera en su tierra
llegó a sentirse en la infancia,
pero vivió la abundancia
que la tradición encierra
y es a lo que, ahora, se aferra.
Vivió una infancia dichosa
en esa tierra ruidosa
de aves, de río y de son
que sintió en el corazón
y hoy se siente orgullosa.

Nací en San Andrés Tuxtla el 30 de noviembre de 1989, mis papás son maestros, ambos llegaron a vivir a la comunidad de Hueyapan de Ocampo, en el sur de Veracruz, hace mucho tiempo, por lo menos 45 años. Mi papá es de San José Vista Hermosa, Morelos, y mi mamá es de Córdoba, Veracruz.
Yo crecí en Hueyapan de Ocampo, justamente, sintiéndome como extranjera -por decirlo de alguna manera- dentro de mi propio pueblo (risas). Mis papás, al haber crecido en otro contexto cultural, nos inculcaron cosas que no tenían mucho que ver con el pueblo. Obviamente, al ser maestros, se involucraron con mucha gente, ahora que tengo pláticas con ellos, me cuentan que tuvieron contacto incluso con muchos músicos de la zona, pero esa no era una plática recurrente en mi infancia, hablábamos de muchas otras cosas: de política, de religión, de cualquier otra cosa pero no de música, en realidad.
Creo que yo empecé a adoptar muchas cosas del pueblo porque una de las señoras que ayudaban a mi mamá y a mi abuela en la casa con la limpieza y con la comida, era nuestra vecina y me encantaba estar con ella. Me pasaba mucho tiempo sola porque mis papás trabajaban todo el día y con mi abuela conviví muy poquitos años, entonces ella fue en realidad como mi segunda madre, fue quien me crió y me regaló muchas vivencias suyas, entonces, yo conocí Hueyapan por ella; aprendí a nadar en el río por ella, conocí las comunidades cercanas a Hueyapan, que es la cabecera municipal, por ella.
Crecí en un ambiente muy democrático con mis papás, nunca hubo ninguna imposición de nada, por lo menos, no para mí para mí. Era una familia súper tradicionalista con un sistema religioso muy riguroso, por lo menos en ciertas cosas, no íbamos cada domingo a misa (con mi abuela sí pero con mis papás ya no), pero había esta cosa de somos católicos, creemos en esto, no nos gusta esto, y eso, obviamente, define cierta parte de tu personalidad, los límites de tus acciones.
Los dos tuvieron una infancia muy pobre. Mi mamá siempre fue muy artística, tiene una voz preciosa y súper afinada, nos contaba que cuando estaba en la Normal siempre quiso cantar y tocar guitarra, formaba parte del coro pero comprarse una guitarra era imposible para una persona de tan escasos recursos y era impensable que sus papás la apoyaran para estudiar una carrera de música. Mis hermanos y yo crecimos como ella, siempre buscando la forma de escuchar música, en la primaria siempre tratábamos de estar en coros o tener una relación con la pintura, con la música, con el cuento. Mi papá es totalmente distinto, él se dedicó a crear equipos de fútbol, de béisbol, de básquetbol, de todo lo que podía para los chavitos de la comunidad, pero también para nosotros, mi hermano aprendió muchísimo de lucha libre, de béisbol, de un montón de cosas por mi papá.
Más o menos esa fue mi infancia, una infancia súper feliz, yo crecí montándome en los árboles desde chiquita, nunca me gustó estar encerrada, fue terrible para mis papás porque hasta la fecha no puedo estar mucho tiempo en un lugar, me encantaba platicar con mis vecinos, me encantaba conocer a la gente del pueblo.

Su hermano fue el influyente…

Su hermano fue el influyente
de mucho de lo que hoy es,
le leyó cuentos, después
le cantó lo suficiente
para fascinar su mente.
Comenzó con el teclado
mas lo dejó abandonado,
no quería ser pianista.
Hoy es consumada artista,
eso quedó en el pasado.

Las primeras conexiones con la música que recuerdo son los fandangos, obviamente también recuerdo las cumbias de la radio y la música popular de mis vecinos y de mi propia casa, pero crecí siendo testigo de esa forma de convivencia, de esa forma de celebración del pueblo en la que los jaraneros llegaban a la casa de al lado porque iban a rezarle a San Juditas Tadeo y tenían que tocar toda la noche o hacían un fandango para la Virgen y amanecían tocando, recuerdo que a veces nos levantábamos muy temprano para ayudar a barrer el patio, para ir a comprar tortillas o cosas así y ellos seguían tocando. Algunos señores eran muy grandes y se quedaban dormidos tocando, otros estaban cayéndose de borrachos pero seguían tocando (risas), era muy impresionante, pero como en mi familia el alcohol no es muy bien visto, era imposible acercarnos. Como somos muy respetuosos de los límites, no intentábamos ir, sabíamos que iba llegar el momento en que iba a ser nuestra decisión, pero éramos muy pequeños, por lo menos yo, que soy la más chiquita de los hermanos.
Mi hermano fue una influencia muy fuerte para mí respecto a todo, se llama Alberto Delgado, es fotoperiodista del Diario de Xalapa. siempre ha sido como un explorador de muchas cosas, se interesa mucho por la realidad y cómo se configura, es un hombre que yo considero brillante. Él empezó a leerme, desde que estaba muy chiquita, cuentos de Julio Verne; aprendió a tocar guitarra y llegaba a la casa y tocaba para mí y para mi hermana, crecimos con música muy específica gracias a él, nos cantaba todas las canciones que se sabía de Silvio Rodríguez, que eran todas, pero también era súper rockero y llegaba con casetes del Tri, de Guns and Roses y lo que podía conseguir.
No recuerdo muy bien cómo, pero una vez llegó un teclado a mi casa y mi hermano empezó a tocar un joropo o algo así, yo nunca había estado frente a un teclado pero también empecé a tocarlo y mis papás se dieron cuenta de que tenía una musicalidad especial. A diferencia de mi hermano, a mí me dieron todo el apoyo, hasta de más, que para que aprendiera a tocar un instrumento, que fue el teclado.
Me llevaron a una escuela de iniciación musical en Acayucan donde daba clases el maestro Julio Cruz, él fue mi primer maestro. Acayucan está una hora de Hueyapan pero mis papás, muy amorosamente, me llevaban cada fin de semana y me esperaban dos o tres horas a que saliera de mi clase. Estuve ahí de los seis a los nueve años. Aprendí a leer música pero nunca me encantó, me gustaba tener la oportunidad de aprender y de tocar, pero no me apasionaba, me gustaba cantar pero no tenía la certeza de que quisiera dedicarme a eso en la vida. Después de los nueve años, dejé la música por un tiempo.
En los dos últimos años de la secundaria retomé el teclado, pero ya me nacía más la necesidad de cantar. A mis papás no les gustó mucho esa idea, me decían si haz invertido tanto tiempo en esto, ¿por qué te dedicarías a cantar si nunca lo has hecho?, tampoco confiamos en que puedas hacerlo, mejor no olvídate de eso y sigue tocando. Desistí de ambas cosas, por lo menos tenía seguro que aunque la música me gustaba, pero no quería ser pianista.

Y fue en el Patio Muñoz…

Y fue en el Patio Muñoz
donde se vio frente a frente
con un canto diferente
mas parecido al de los
fandangos en que ellos dos
-su hermano y ella- crecieron
y en él se reconocieron.
Y le dieron tantas ganas
de enrolarse en las jaranas
que ya nunca más se fueron.

Terminé la secundaria y me vine a estudiar la preparatoria a Xalapa, llegué a vivir con mi hermano y dejé la música totalmente de lado por unos años. Por ese entonces, mi hermano estaba enrolándose muchísimo con el son jarocho, mis papás le regalaron un requinto y se iba a los fandangos del Patio Muñoz, yo iba con él y fue una sorpresa toparme con esta música que no sonaba igual a la de mi pueblo, pero tenía una relación con ella. Yo decía ¿cómo crees que esto está pasando y que sí podemos ir a los fandangos?, la forma de convivencia es como aquella pero no está tan satanizada, la gente no ve mal que vayas a un fandango, al contrario, hay un montón de chavitos tocando. Me empezó a dar envidia ver a tantos niños tocando y yo decía pero si yo creí con algo así, no puedo creer que no sepa tocar.
A partir de eso, mi hermano me empezó a enseñar un par de cosas, luego varios de mis amigos también empezaron a enrolarse en el son jarocho, uno de mis mejores amigos, Luis Pablo Cruz, percusionista, un día llegó y me dijo tengo esta jarana -era una jarana preciosa, de Camerino Utrera, nada parecida a las jaranas de mi pueblo que estaban hechas con machete y eran totalmente distintas-, tócala:
-No sé cómo
-Pasado mañana va a ir a mi casa mi amigo Mario Baruch, es el director de un grupo de son jarocho que se llama Bemberecua, ¿por qué no vas a que te dé una clase?
-Bueno, va.
Fui y me dio una clase como de hora y media, empecé a aprender un poco los acordes y la posición de la mano, y me dijo oye, yo creo que puedes tocar, aprende. Me enamoré de la jarana y como un año después, mi papá me regaló mi primera jarana, hecha por Blas Vaquero, un laudero del sur.
Meses después, un día volví a mi pueblo y mi papá me dijo:
-Oye, ¿sabes que se acaban de abrir un taller de son jarocho aquí?
-No, no tenía idea
-Pues ve porque está dando clases el leonero de Los Cojolites
No le creí, ellos son como súper rockstars en Xalapa, llegan y todo mundo los ama (risas). No creí que uno de ellos estuviera ahí, pero fui y me acuerdo perfectamente que cuando iba caminando hacia el taller escuchaba una voz a lo lejos y decía ¿de dónde viene?, ¿quién es? Conforme me fui acercando al kiosco, me di cuenta de que era la voz de Joel Cruz y me quedé impresionada, dije no puedo creer que alguien pueda cantar así, con esa potencia y con esa delicadeza. Sí era el son jarocho tradicional, pero también había una propuesta estética que yo había escuchado en algunos cantores latinoamericanos principalmente, que es lo que más conocía y lo que más me gustaba, especialmente las mujeres, yo escuchaba la voz de Mercedes Sosa y decía ay cabrón, ¿de dónde viene esa sensibilidad? Fui a los talleres en esas vacaciones y me impresionó tanto que ahí solté mi primer verso del son jarocho.
Cuando regresé a Xalapa, todos los días escuchaba música e intentaba tocar e imitar los fraseos. Acabé la prepa y empecé a estudiar sociología en la Universidad Veracruzana, pero empecé a tocar muchísimo, me apasioné tanto con el fandango que cada fin de semana o cada 15 días me regresaba al sur a tocar. Iba a todos los fandangos que podía y, obviamente, fue muy complejo poder mantener el ritmo y la exigencia de la escuela y la de la música. Dejé la Universidad un tiempo, después ingresé a otra carrera y ya terminé, soy Licenciada en Educación Básica, pero desde que terminé la prepa no he dejado de tocar, principalmente son jarocho.

(CONTINÚA)

 

SEGUNDA PARTE: Porque también son soneros…
TERCERA PARTE: Es el son nuestra memoria…

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