Los grupos Mr. Cat y Abraham Díaz & Tétragon, y el retorno a la música religiosa, son los temas con los que Abraham Díaz cierra esta conversación.

Mr. Cat

Después vino Mr. Cat, un grupo que se fue por otro lado, era hacer música no tan cercana al jazz sino más bien música rock y otras cosas pero igual, todas eran composiciones nuestras. Fuimos haciendo a un lado los standards y toda la cuestión jazzera para buscar más nuestra onda. A mí me gustan mucho programar loops y sintetizadores y todo eso, en Mr. Cat metíamos esas cosas y quedaba un sonido bien peculiar.
Ese grupo ha cambiado un montón, creo que en el nombre lleva la penitencia porque como los gatos, se muere y revive, se muere y revive, y va cambiando y se va mutando y entra uno y sale el otro, Sebastián [Madrigal] y yo nos hemos mantenido siempre constantes y hemos mantenido canciones nuestras y cada integrante que ha entrado, ha venido sumándole hasta llegar a este punto en que estamos ahora, acabamos de grabar en el DF y creo que es el sonido que estábamos buscando, después de años llegamos a un conclusión, dijimos esto es lo que somos como proyecto.

Mr. Cat (Foto: revista Burrito Mood)

Tuvimos un periodo de taller muy creativo cuando estuvo aquí en Xalapa Sergio Martínez, un chavo bajista de La Paz, es de nuestra edad, súper talentoso, muy habilidoso y fanático de tocar, ese tipo no come, no duerme y se la pasa con el bajo en las manos, es un tipo de otro mundo. Con él, además de que es excelente ejecutante, hicimos un click creativo increíble.
Hicieron una convocatoria de JazzUV para ir a tocar a Jazzatlán y yo inscribí un grupo que no existía (ya salí, ya no me pueden hacer nada. Carcajadas), el grupo era Mr. Cat pero en ese momento no teníamos bajista, no habíamos ensayado y no teníamos música. Cuando inscribí al grupo, describí lo que hacíamos con Mr. Cat y mandé unos audios pero no era Mr. Cat, era un grupo que no existía y resultó que nos seleccionaron y que íbamos a ser los primeros que íbamos a ir a Jazzatlán (risas). Faltaba una semana para que nos fuéramos y les dije bueno muchachos, hay dos noticias, una buena y una mala, la buena es que vamos a ir a Jazzatlán, la mala es que vamos a ir a Jazzatlán (carcajadas), porque vamos el sábado y no tenemos música, no tenemos nombre, no tenemos nada. Esa semana ensayamos todos los días, desde las ocho de la mañana hasta que podíamos, sacando canciones,haciendo arreglos, haciendo composiciones.
Después de Jazzatlán seguimos con una disciplina más o menos igual y la verdad fue un periodo súper prolífico porque hicimos muchísima música y muy rápido, parecía que habíamos tocado toda la vida Sebastián, Sergio y yo, nos entendíamos tan bien que hicimos mucha música que es la que acabamos de grabar en disco el año pasado. Sergio se fue a La Paz, después al DF y así como es él, no sé dónde esté en estos momentos.
A lo largo del tiempo, hemos hecho una búsqueda de identidad, de nosotros, de decisiones grupales y todo eso y ya llegamos a un punto en el que otra vez se quedó con guitarra, bajo y batería, todas las composiciones son originales y yo creo que ya captura muy bien el carácter del proyecto. Actualmente estamos Sebastián Madrigal en la guitarra, Raúl Martínez en el bajo eléctrico y yo en la batería, en la producción, en la electrónica, en los sintetizadores y en todo eso.

Yo que fui mariposa de mil soules

Esas fueron, por mucho tiempo, mis escuelas alternas, seguí avanzando en JazzUV pero yo tenía esta otra formación que era la de estar haciendo proyectos afuera, además de que me invitaban a tocar y tocaba con fulanito y zutanito y montaba repertorios diferentes y todo eso. Además de todo eso, fui aprendiendo a hacer un proyecto, tener un grupo, todo lo que requiere el hacer una agrupación con más personas, tratar con personalidades diferentes, con horarios distintos, lograr que algo avance. Otra cosa muy valiosa que aprendí de estos grupos es saber no se trata nada más de tocar, la música es el núcleo, el punto de origen, lo que sustenta todo lo que haces pero para llegar a ese punto hay otros puntitos que luego no consideramos pero están en el camino y si no los tomas en cuenta, el punto central, que es tu propuesta artística, no llega a más. Debes de aprender a planificar, tener metas, tener objetivos, tener una dinámica de trabajo, buscar que el grupo esté activo, hace promoción, saber cuánto cobras, qué cobras, a quién le cobras, cómo cobras, un montón de cosas que fui aprendiendo, afortunadamente, a muy buen tiempo, cuando estaba en la escuela y mis papás todavía estaban apoyándome en la cuestión económica.

Dios nunca muere

Actualmente sigo tocando activamente en una iglesia porque creo que eso me sigue nutriendo muchísimo espiritualmente y musicalmente. El año pasado sacamos el disco del grupo cristiano que produje, se llama A una voz, fue un trabajo de dos años, participó muchísima gente, no solo de Xalapa sino del país y algunos del extranjero. Es música congregacional cristiana pero creo que tiene mucha calidad y mucho de lo que estamos viviendo en Xalapa musicalmente, que es un movimiento de músicos, de géneros, de estilos, de lenguajes que a mí siempre me inspira y creo que hay mucho de eso en este disco, nos ha ido bastante bien con él. Lo terminó de mezclar un ingeniero buenísimo que se llama Rubén López, trabaja con Kalimba, con Alejandro Fernández, trabajó con Pavarotti, un tipo muy bueno. Logramos hacer un disco con una calidad muy alta y creo que uno de mis orgullos más grandes es que podemos decir que salió desde Xalapa.

Tétragon

Después de todo eso, se acercaba el final de mi carrera universitaria y pensé que me gustaría hacer un grupo en el que el concepto musical, el arte y todo lo que hiciéramos, fuera completamente una idea mía, como una forma de explorar ese lado de no nada más colaborar sino ahora proponer algo completamente mío. En el último año de la carrera escribí un artículo de investigación sobre aprendizaje significativo en la música, cómo funciona el cerebro y todo eso, y junté toda esa información para analizar mi caso: ¿cómo aprendí?, ¿por qué me gusta lo que me gusta?, ¿por qué aprendí lo que aprendí?, ¿por qué no aprendí lo que no aprendí?
Encontré cosas bastante interesantes y, a partir de todo eso, dije ahora voy a hacer un producto musical con todo lo que descubrí de mí. Empecé a juntar todo ese rompecabezas, me llevó más o menos un año y quise aprovechar mi concierto de titulación para presentar esas conclusiones. Junté a buenos amigos: Arodi [Martínez] en el sax, Aldo Rivera en el piano, Abel Aranda en la guitarra, Pedro Morán en el contrabajo y yo en la batería y la dirección. Es el grupo que ahora se llama Abraham Díaz y Tétragon, solo que en lugar de Pedro Morán, ahora está Jorge Gamboa en el contrabajo.

Abraham Díaz & Tétragon (Foto: Iván Durán)

Ese proyecto para mí fue, primero, un gran reto porque nunca había escrito de la manera en que escribí esta música y, segundo, un honor que pudiera tocarla con estos musicotes. Cuando empezamos a montar la música, yo estaba súper angustiado porque a veces hay una gran distancia entre lo que escribes y lo que sucede con el grupo, y yo decía ojalá que todo salga bien. Llegué a la revisión del primer arreglo con más de 35 hojas, estaba sentado esperando a Tonatiuh Vázquez -que fue mi asesor del concierto- y me vio un amigo y me dijo ¿qué onda, ya acabaste todo el concierto?, le dije no, es un arreglo (risas) y todo mundo se me quedó viendo como diciendo ¿cómo que casi 40 hojas para un arreglo?, pero así era el concepto que yo quería hacer y Tonatiuh fue un buen asesor, me supo guiar bastante bien en lo que estaba haciendo y me motivó mucho.
El primer ensayo llegué con partituras de ocho hojas por canción para cada músico, les entregué una carpeta, descifrar todo eso que había escrito, obviamente toma tiempo, los primeros ensayos eran muy caóticos porque nadie sabía qué estaba pasando. Fue un trabajo bien interesante de taller, tenía planeado hacer seis o siete ensayos y al final hicimos un poco más del doble, las últimas semanas ensayamos un día sí y otro no porque de verdad que fue un reto para todos descifrar lo que yo quería que sonara. Fue un poco complicado pero fue avanzando y estoy súper agradecido con todos ellos porque se comprometieron y se pusieron a estudiar la música. En el concierto hubo cosas que me sorprendieron, la verdad es que yo no sabía cómo iban a salir y salieron mucho mejor de lo que yo había planeado o sonaron mucho mejor de lo que yo me imaginaba porque son excelentes músicos, quedé súper contento con lo que hicimos.
Me titulé y empecé a trabajar con el grupo, todo el año pasado estuvimos tocando esta música, estuvimos en el Festival Internacional Jazzatlán, estuvimos en una serie de conciertos que hacen en Oaxaca durante todo el año en la Biblioteca Henestrosa, el mismo lugar donde conocí a Renato, a Lucio y a Bustos, fue chido porque resulta que años después regresé con mi propio proyecto a ese lugar. Estuvimos en el Festival JazzUV, hicimos unos conciertos en Puebla, en el Museo de los Ferrocarriles y en la Casa del Mendrugo. Fue un año muy productivo porque estuvimos tocando casi una vez por mes. Estoy súper contento porque creo que ha funcionado muy bien. Desde el año pasado empecé a idear la nueva música que voy a escribir para ese grupo y tengo como propósito de empezar a escribirla este mes y espero estar presentándola en menos de seis meses.

PRIMERA PARTE: Desde la iglesia a mi choza
SEGUNDA PARTE: La señal es el jazz



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