De la coincidencia de 20 dedos y 176 teclas siempre salen cosas buenas, la melodía se convierte en dos o tres o las que se le ocurran a la noche y la armonía se multiplica hasta donde alcance la enjundia de las teclas o el sueño de los dedos o el reclamo de la música que tiene ganas de volar muy alto.

Los encuentros de Chick Corea con Herbie Hancock, Friedrich Gulda o Hiromi Uehara; las charlas de padre e hijo de los Valdés, Chucho y Bebo; el diálogo de los galos Michel Petrucciani y Eddy Louiss, o las conversaciones de Bill con Evans, de Evans con Bill, desembocan siempre en el mar de las sorpresas, cada pianista destapa su instrumento para liberar sus bienes y sus males y quedarse nada más con la esperanza, esa que no debe perderse nunca.

Pero no es fácil concertar la coincidencia, «yo creo que es más complicado que tocar con guitarra y piano -me dijo Francisco Cruz– porque las posibilidades de construir armonías de esos instrumentos son distintas, en cambio, cuando se trata de dos pianos es más difícil coincidir porque es muy fácil estorbarse armónicamente»

Me hizo el comentario a propósito de la presentación que harán él y su paisano, maestro y mentor Édgar Dorantes el viernes 13 de octubre en el Teatro Bar La Culpa, a partir de las 9:00 de la noche. «Es algo que hemos venido haciendo -continuó- desde que presenté mi examen de titulación en enero de este año. Édgar me acompañó en el Concierto para piano y orquesta de Gershwin, es una obra que está toda escrita pero en esa ocasión hicimos en una versión un poco más libre, Édgar cambiaba cosas de la parte de piano, agregaba o a veces cambiaba disposiciones de lo que estaba escrito, le dio una interpretación muy personal, yo me apegué un poco más al papel [partitura] porque como era mi examen de titulación, no podía cambiar tantas cosas.

«Ya habíamos hecho algunas sesiones juntos pero cuando montamos ese concierto, retomamos el gusto de tocar a dos pianos, primero con música escrita y después con temas de jazz, improvisando y jugando con ellos.

«A raíz de eso hemos hecho varias presentaciones, por lo general tocamos temas de compositores de los años 20-30, hemos tocado música de Gershwin, de Cole Porter, de Hoagy Carmichael, buscamos compositores de los famosos songbooks, no tanto de la época del bop ni del swing, sí hemos tocado algunas piezas de Thelonious Monk y otras cosas de la época del bop, pero casi siempre elegimos temas del llamado cancionero americano.

«Lo interesante de ese formato es que al no haber bajo, hay que hacer un mayor desarrollo armónico, lo cual requiere mucho conocimiento, y tiene que haber mucha comunicación. Otra parte interesante es que todavía no está el programa para esa noche, la última vez que nos presentamos hicimos una lista y nos juntamos un día a tocar lo más que se pudo y el día de la presentación solo hicimos una listita en una hoja, a lápiz, e íbamos diciendo va esta, va esta otra, tampoco había un orden. Para este viernes no vamos ensayar, esta vez sí me dijo Édgar que está muy ocupado, entonces, yo creo en la semana platicaremos la lista y el mero día solo vamos a probar un poco y ya, eso me gusta porque hay más sorpresas y es más divertido, también hay más nervio pero tenemos la capacidad para controlarlo y hacer que el efecto sea positivo, musicalmente no se nota, al contrario, es más espontáneo».

Con todo esto, no hay manera de no asistir el viernes a La Culpa, hay que llegar antes de las 9:00 porque son puntuales y el cupo es limitado. La cooperación es voluntaria, móchense bien, no en cualquier lugar tienen el privilegio de escuchar la conjunción de dos músicos de este tamaño.

 

 

 

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