Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.
(Juan Gelman)

En esta parte final, Amanda Tovalin hace un recuento de su formación como cantante y como violinista

El pájaro

He tenido la oportunidad de ganarme algunas becas que me han ayudado a mejorar. En el 2010 gané una beca para tomar un curso especial en semiótica y música cinematográfica en Buenos Aires, Argentina. En 2014 formé parte de la primera generación de Berklee Latino. Recibí una beca de por vida de parte de la mezzosoprano Luz Bermejo (Berklee). En el 2013 gané una beca para una clínica de perfeccionamiento en el campamento Jazz Camp West de Oakland, California, estuve tres semanas en un seminario intensivo de 12 horas diarias. El año pasado me fui a Nueva York, becada Instituto Omega de Rochester, para tomar un taller intensivo de perfeccionamiento vocal a cargo de Bobby McFerrin.

La flor

Empecé a tomar clases de violín como a los 10 años pero no siento que lo haya hecho bien (risas) porque no tenía una instrucción clara.

Amanda Tovalin (Foto: Cuento Mono)

Empecé en una escuela muy pequeña que tenía una profesora muy buena pero sentía que el sistema no me estaba ayudando mucho en lo personal porque éramos muchos y nos daba clases muy cortitas, hubo varias veces que lo quise dejar porque dije no estoy avanzando, no siento que lo estoy sacando bien pero la vida me ha enseñado que cuando estoy a punto de dejarlo, algo bonito pasa. A la edad de 14 años conocí a un maestro muy bueno, se llama Gerardo Guadarrama, fue primer violín de la Orquesta de Bellas Artes, lo conocí porque en la escuela la maestra ya no se daba abasto y, a los alumnos que estábamos un poco más avanzados, nos mandó con este maestro. Era tan bueno y su manera de enseñar me abrió tanto el panorama que dije bueno, no me está saliendo pero por esto, por esto y por esto.
Él me entrenó en el Método Suzuki, estuve tocando ese método desde los 14 años y a los 18 me metí entrenarme como profesora del Método Suzuki, entonces empecé a aprender cómo enseñar ese método. Después tuve la oportunidad de estudiar con Adrián Justus, un gran músico que es violín solista, compositor y director de orquesta.

El corazón

Hace cuatro años, ahorré dinero y me fui a estudiar a Nueva York porque cuando conocí a Magos, el mundo del jazz se me abrió y me empecé a enamorar muchos de los proyectos y me di cuenta de que casi no había violinistas de jazz.
Eso me sorprendió mucho y dije bueno, en Nueva York debe haber alguien que me pueda enseñar lo básico de jazz, porque ya tenía un buen nivel a nivel clásico pero no sabía cómo improvisar y cada vez que intentaba tocar el violín y cantar, los sentía como instrumentos separados, me costaba trabajo la idea de tocar y cantar en una misma canción.
Ahorré dinero, mis papás me ayudaron, me fui a Nueva York y conocí a un violinista que se llama Scott Tixier, es un francés que toca jazz, actualmente es el primer violín de la banda de Stevie Wonder y ha tocado con Esperanza Spalding, con Anthony Braxton y muchos más, además es un chico muy joven, me parece que tiene 27 años.
Para mí fue un cambio impresionante porque, hasta esa fecha, los ejemplos que yo tenía de violinistas de jazz eran muy pegados al dixie o al manouche, era muy lindo pero a mí no me llamaba mucho porque yo estaba más orientada al jazz contemporáneo o al jazz latino porque era lo que a mí me gustaba hacer, entonces Scott Tixier me ayudó mucho a encontrar una voz con el violín y me metió mucho la idea de cantar con el instrumento. Empecé a hacer ejercicios que me permitieran cantar y tocar al mismo tiempo, primero hacía una escala y la cantaba al mismo tiempo, cuando ya lo lograba, hacía una escala y armonizaba con la voz mientras tocaba, eso me dio mucho más vocabulario para poder hablar con el violín.

Pájaro, flor y corazón

En el momento en el que empezaba a hacer mi primer EP, me daba mucho miedo grabar con el violín porque no me sentía lista para hacerlo pero cuando empezamos a presentarlo, el violín estaba allí. Primero dije bueno, a lo mejor puedo hacer un solo pero para el segundo disco me di cuenta de que el violín ya estaba yendo conmigo a todos los conciertos y la gente ya se acostumbraba a verme cantar y tocar el violín, entonces empecé a componer para el violín, primero pequeñas cosas, a lo mejor un arreglo de pizzicato, después solos.

Amanda Tovalin (Foto: Alejandra Canseco)

Después conocí a Agustín Bernal y me ayudó mucho porque él, al ser contrabajista clásico y de jazz, sabe muy bien cómo tratar instrumentos de cuerda frotada entonces le pedí que me enseñara a improvisar y estuve en su ensamble y me ayudó muchísimo porque aprendí cómo utilizar el vocabulario del jazz, las escalas, las armonías, cómo improvisar sobre los acordes pero, al mismo tiempo, cómo utilizar el arco para que realmente sonara que estaba cantando el instrumento. Eso fue para mí muy bonito porque en este disco ya tengo tres solos y puedo decir que pasó de ser mi segundo instrumento a estar al mismo nivel de la voz.
Eso es algo que nunca esperé porque siempre estudié la voz más formalmente, tuve clases privadas y mis maestros eran muy estrictos, tuve maestros de ópera, incluso he trabajado como cantante de ópera en algunas obras de teatro, pero el violín no había podido llevarlo a un punto en el que me sintiera cómoda y ahora puedo decir que los dos están en un buen nivel, incluso me han llamado para grabar como sesionista en algunos discos con violín, he estado en tres orquestas juveniles, estuve en la Orquesta de Cámara de la delegación Benito Juárez. Para mí es maravilloso porque era un instrumento que me acompañaba y ahora, muchas veces, me invitan a tocar y no quieren que cante (risas), eso es muy bonito.

PRIMERA PARTE: Primero sueño
SEGUNDA PARTE: Iniciales en el cielo



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