Como siga este calor me voy para Poza Rica, pienso sofocado, al tiempo que Raúl, con la garganta reseca de tanto hablar, da un trago a su expreso cortado y una bocanada a su Cohiba. La canícula inevitablemente me trae a la memoria aquel jueves santo en que murió Úrsula Iguarán en Macondo: «(…) ese mediodía hubo tanto calor que los pájaros desorientados se estrellaban como perdigones contra las paredes y rompían las mallas metálicas de las ventanas para morirse en los dormitorios (…) Las amas de casa se agotaban de tanto barrer pájaros muertos, sobre todo a la hora de la siesta, y los hombres los echaban al río por carretadas».
Enciendo un cigarro y me entero de que en la mesa de junto disertan vehementemente sobre la vida sexual de los elefantes y sus implicaciones en la cosmogonía de los esquimales, así es esta ciudad. Me han traído, al fin, el vaso de agua, lo apuro hasta la mitad y vuelvo al comentario que dio origen a toda esta plática:

-No te vi en el Encuentro de Jazz

-No fui a ese Encuentro (lamento haberme perdido a Ted Giogia) porque no me encontraba en la ciudad, estaba aquí de visita mi hija Eliana a quien le había prometido mostrarle Veracruz (risas), pero la verdad es que tampoco tenía muchas ganas de ir.
Aquí en México aprendí la expresión «acarreado» y mis propios detractores casi estaban «acarreándome» para que fuera de público (risas).

Aquí en Xalapa hay muy buenos músicos y buenos maestros pero creo que cometen un error, creen que solamente su método es el círculo perfecto y, en esta música que se mueve y que es tan joven, eso es muy delicado. Pensar que tú tienes la verdad denota una gran ignorancia, yo pienso que en esto siempre hay que ser cauteloso y decir: esto es lo que a mí me funciona, porque no estamos hablando del Libro Rojo de Mao ni del Corán o de la Biblia, en las tradiciones orales cada cuál tiene sus cábalas, claro que comprendo que las instituciones deben regirse por métodos y programas, sin embargo, al tratarse de un arte de tradición oral, pues se debe ser cauteloso, aperturista e incluyente.

Me encontré hace poco con un músico joven y me dijo:
-Fui a ver al maestro David Sánchez y me dijo que usara tal boquilla y tal caña, y es lo que voy hacer
Así me pasó a mí cuando tenía 18 años y tomaba clases con Don Menza. Estás con un maestro y sientes que «te trae la luz», después pasas con otro maestro y te dice no, la luz es otra, es otro el faro, y así te puedes pasar toda la vida, admirando al que viene y guardando en tu casa la agresividad que necesitas para llegar a ser músico, no músico de jazz, músico.

Otra cosa es que, cuando uno habla de un encuentro, debe ser un encuentro de todas las generaciones y de los diferentes músicos que viven en el lugar donde se realiza. Encuentro no es nada más el invitado y yo porque organizo, no, yo organizo un encuentro y, si realmente mi ego es inferior al amor por la comunidad, invito también al que considero que no toca bien, ¿por qué?, porque ¿quién soy yo para determinar quién toca bien y quién toca mal?; si yo te traigo a Ornette Coleman disfrazado de blanco lo más probable es que digas que lo que toca es horroroso, o al revés, si traigo a Peter Brotzman disfrazado de negro (risas).

A veces le digo a los músicos de la Xalli Big Band que a mí me encantan los standards, me encantan las armonías, las estructuras tradicionales de 12, 32, 36 compases, la forma canción, etc. pero eso es solo una parte de lo complejo y vasto que es el jazz, y el jazz es una parte de la música y la música es una parte de la cultura. Es como decir «qué poderosos somos en el planeta tierra» y cuando te empiezas a alejar, el planeta tierra es parte de una constelación y después está entre muchas constelaciones y al final no eres nada, por eso siempre digo qué arrogantes son con el músico local, no invitar a Leo Corona o a Humberto León, por ejemplo, y tú permitirte tocar y siempre estar de tapete con las estrellas extranjeras creo que es un grave error .

La segunda parte de lo que te estoy diciendo ya son palabras mayores. Yo me pregunto ¿quién vive en Xalapa de tocar Donna Lee?, ¿quién puede pagar su saxofón o su trompeta de tocar Confirmation?, esa sí es una pregunta para la que yo no tengo respuesta porque digo ¿qué va a pasar con todos estos muchachos que salen y tocan re-bien los standards, el hard bop, etc.?, ¿dónde lo van a poder tocar? De qué van a vivir, pues de lo mismo, de dar clases, ¿no sería mejor tener una escuela de música popular latinoamericana que incluya boleros, bossa nova, jazz para no generar tanto cesante [desempleado]? A lo mejor los muchachos que salieran de esa escuela serían menos arrogantes, te lo digo porque oí a muchachos de aquí que le encontraron defectos al «Negro» Hernández (risas), consideraron que tocaba muy fuerte, o que dijeron no les gustó Ed Simon, que quedó a deber, en realidad no me extraña ya que, hasta de maestros, he oído barbaridades como: «el bop es A y el dixie es Z» o decir que Charlie Parker ya está «demode» (risas) y pues los alumnos repiten estas cosas, por eso insisto en lo delicado que es enseñar jazz.

Te decía, en la entrevista pasada (Ver: No es el saxofón como lo pitan | Raúl Gutiérrez/ I), que a América Latina el jazz lo trajo la pequeña burguesía por eso los jóvenes latinoamericanos, cuando tocan jazz, se ponen muy pesados porque el hecho de improvisar le da como un valor agregado a tu persona y te sientes superior y entonces miramos en menos, obviamos, hacemos de lado a quienes no tienen esa habilidad o no han estudiado a fondo la improvisación pero a veces te das con la puerta en las narices, yo recuerdo que cuando estábamos en la escuela veíamos menos a un músico que no improvisaba porque lo veíamos en su contexto que era música folklórica, bailable, etc. pero, ese que maltratábamos, era más músico que nosotros porque era, a todo terreno, dentro del contexto real y nosotros éramos unos «comemierdas» que improvisábamos tres o cuatro standards y que no ganábamos ni para un café de tocar Misty, Softly [As In A Morning Sunrise], Sumertime y Night and Day (risas).

Cuando un músico es joven tú ves mucho brío que se traduce, muchas veces, en arrogancia, en cambio, cuando ves a los grandes de verdad dices ¡qué humildad! Recuerdo cuando le pregunté a Lockjaw Davis sobre la escala de Sol mixolídica (risas), estábamos desayunando en casa, me miró con cara de risa y me dijo: What are you talking about, man?, just listen and play, play any song but do not forget singing (risas).

A finales de los 70 y principios de los 80 alcancé a convivir y a ver a algunos de los últimos sobrevivientes de la época del swing, también a los hard boperos y los free, tuve esa suerte y esas son fotografías en blanco y negro que tengo en mi vida que me han servido para poder, como valor agregado, aparte de decirle a los alumnos esta es la lección tal y esta la escala tal, decirles lo que significaba la música para estas personas, dicha por ellos mismos, no leída en un libro. Vi dos veces a Chet Baker, ya estaba muy mal pero a pesar de su fragilidad corporal su, llámale aura, llámale estampa, llámale ángel, llámale, no sé, lo que tú quieras, su presencia era tan fuerte y no necesariamente porque fueran sus mejores conciertos, ya en su «registro trompetístico» estaba muy mal; olvídate de la música, es la persona.

De a poquito fui aprendiendo, por eso cuando me preguntan ¿te gusta tocar con tal?, evito decir me gusta tocar con tal y no con tal porque es malo, no, a mí me gusta tocar con tal porque es con quien me siento bien y fluye (pienso en Aleph [Castañeda] en este momento)

Yo creo que no se ha medido bien la responsabilidad de lo que significa enseñar jazz, ¿sabes cuál es el primer error?, inspirarse única y exclusivamente en los Estados Unidos, error que te va hacer arrodillarte porque ustedes tienen un vecino súper poderoso pero caen un círculo vicioso porque, al inspirarte únicamente en el norte o en el Caribe, sigues siendo un ignorante porque no te enteras de lo que sucede en Europa. Los festivales de jazz en Europa traen a rumanos, búlgaros, españoles, etc. y tú ves que esa gente no necesita, para nada, a Berklee School of Music, ya tienen el taller de música de Barcelona, menos sabrían indicarte dónde está el Small en Nueva York (risas). Recuerdo a Mangelsdorf cuando le preguntaron por qué no vivía en Nueva York y dijo «para qué, si existe Franckfurt».

Por ejemplo, todo el movimiento de los músicos gitanos de los alrededores de París, ver eso le haría tanto bien a los muchachos, a todos nos haría muy bien ver un trío de esos gitanos que no viven de hacer música, viven de vender cazuelas de cobre pero cuando agarran la guitarra, uffffffff.

Obviamente que un sello discográfico, entre hacerle un disco a los cubanos que traen todo su exuberante bagaje ritmático y hacerle un disco a un trío de músicos mexicanos que son muy buenos pero que van a tocar standards de jazz, es más negocio hacérselo a los cubanos porque es una propuesta que se vende bien y yo creo que en México, como están tan preocupados de guiarse por la Berklee y el Down Beat, no se han hecho intentos que incluyan a la música popular mexicana que tengan consistencia, que sean una propuesta con médula.

Yo no soy un detractor a priori, al contrario, ¡qué bueno que existan eventos como estos encuentros y festivales!; un músico invitado, un maestro, un historiador siempre va a dejar una huella, un recuerdo, una inspiración en cualquier muchacho, eso es lo que más se puede rescatar, pero trato de ser ecuánime y no me gusta guardarme las cosas por eso es que te digo que yo creo que pueden mirar un poquito más a Europa, y no soy el mánager ni de Leo Corona ni de Humberto León pero me parece una barbaridad que en un encuentro como ese no aparezcan. Yo creo que el jazz debe ser una música aperturista y tolerante y si queremos, realmente, hacer algo por el jazz en Xalapa hay que ser más abiertos. Los policías y los fiscales del jazz siempre existieron, véase a Hugues Panassie quien sabía mucho pero hinchaba las pelotas con sus juicios segregando, apartando, descalificando, ¡qué pena que tenga seguidores en estos lares! (risas).

Todo esto que te he dicho es lo que he observado en esta región de México y creo que, si esta situación sigue así, pasarán muchos años y seguirás sin poder nombrarme cinco pianistas mexicanos que estén en el ranking mundial y es una gran lástima porque, con la diversidad cultural que hay por aquí, podrían tener unos súper pozoles musicales «compitiendo» con cubanos y brasileros. Caray, si yo fuera productor musical o cazatalentos y tuviera mucho dinero me atrevería a hacerle una producción a Alejandro Bustos a dúo con, mhhh, déjame ver… con Infanzón, ¡claro!, dos generaciones; me imagino melodías originales y mexicanas pero con el toque de eso tan raro e indefinible llamado jazz. Me encantan los dúos de laboratorios experimentales, también se me ocurre AlonsoBlanco y Óscar Terán, ¡esos dos se entienden re-bien! (risas).

-¿El jazz es de valientes?

-Jajaja. ¡Claro!, como te dije hace rato, creo que no puede hablar de jazz, así de fácil, un muchachito estudiante de la Berklee School of Music o de la escuela que sea. Cuando veo jazzistas vírgenes tocando en tarimas asépticas de lugares para no fumadores que tienen menú vegetariano y bebidas de jugos naturales me digo, caray, aquí ni de gratis puedo tocar, y mira que si hay algo que extraño mucho de México cuando ando fuera, son los jugos naturales (risas).

-Jajajaja. Nos trae la cuenta, por favor

PRIMERA PARTE: El jazz es de valientes: Raúl Gutiérrez │ Una mirada crítica a nuestro jazz

 

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