El próximo año, el gobernador Javier Duarte de Ochoa saldrá de la Casa Veracruz, dejará el espacio cercano a la casa oficial denominado Los Pinitos y abandonará sus oficinas en Palacio de Gobierno. Aunque buena parte de sus horarios de trabajo los ha cumplido fuera de estos lugares, incluso fuera de Xalapa, lo cierto es que antes, mucho antes de que eso suceda, los veracruzanos de a pie, los analistas y los dirigentes políticos habrán hecho públicas sus evaluaciones sobre el gobierno que fenece.

Y no resta mucho. Aunque hasta finales de 2016 habrá cambio de personajes en Palacio de Gobierno, lo cierto es que, tras los comicios intermedios que se celebrarán en menos de 20 días, los nubarrones sucesorios se habrán instalado plenamente sobre la capital veracruzana.

Hay versiones, incluso, de que la evaluación del trabajo realizado por el equipo gobernante que encabeza Duarte no es muy positiva en el mismo gobierno federal, que se aprestaría a intervenir subrepticiamente en el último año de este sexenio para evitar que el desastre financiero, el abandono de las políticas sociales, los escándalos de visible corrupción y la desatinada conducción política del cordobés puedan ensombrecer la elección de Gobernador y abrir la puerta para que el PAN se instale en unos de los pocos estados que no han experimentado la alternancia.

¿Qué ha hecho Javier Duarte de Ochoa para dejar una huella positiva en infraestructura, seguridad pública, impartición de justicia, impulso a la producción agropecuaria, crecimiento de la economía, generación de empleos de calidad, combate a la informalidad, productividad laboral, exportaciones y disminución de la deuda subnacional? Las respuestas sobre cada uno de esos aspectos son verdaderamente aterradoras: prácticamente nada.

Economía veracruzana, en terapia intensiva

Veracruz ha caído en picada en términos económicos, un aspecto que pudo haber sido la punta de lanza de un gobernador que estudió esa profesión, pero que ha sido incapaz de recordar sus clases en la materia.

No solo se ha tratado de la nula incentivación de los factores de la producción, culpa de la ausencia de políticas encaminadas a fortalecer la inversión pública, sino a que los recursos destinados a obras e infraestructura han sido rácanos y, en la totalidad de los contratos, se ha obligado a las empresas constructoras a financiar con créditos bancarios las obras encomendadas que, luego, han sido tardíamente pagadas, lo que ha hecho que muchas corporaciones sucumban y queden en quiebra.

Para colmo, se habla de que en todos los casos se han impuesto los famosos moches, lo que colateralmente ha permitido que las obritas emprendidas se hayan terminado con tan mala calidad que pronto habrá que volverlas a hacer.

La economía veracruzana ha mostrado uno de sus peores desempeños. Pese a la apertura de oportunidades por la reforma energética, lo cierto es que el proceso será lento y, en contrapartida, poco se ha hecho para crear las condiciones que permitan crecer a los demás factores.

A no ser el sector terciario (turismo y servicios), que experimenta un ligero crecimiento, los demás ofrecen datos estremecedores. De ser un territorio rico en diversidad productiva en campo, ríos y mares, que prestigiaba su producción agropecuaria y pesquera, el sector primario ha caído de manera descomunal por la ausencia hasta del más discreto apoyo a los productores, mientras que el relativo a la industria (sector secundario) ha tenido también un desempeño negativo.

Eso ha golpeado a la generación de empleos de calidad y a la productividad y diversificación de la fuerza laboral, así como a los datos duros de pobreza y pobreza extrema, que han permitido perder los pequeños avances que la propia dinámica económica había permitido en las últimas décadas.

Seguridad pública, el talón de Aquiles

Aunque en materia de seguridad pública el gobierno de Duarte busca promover la imagen de que los delitos han disminuido, los datos oficiales del gobierno federal dicen lo contrario; si bien reconocen que algunos de ellos han mostrado un comportamiento estable e, incluso, pequeños descensos, lo cierto es que nada de ello ayudará a brindarle al gobierno estatal un saldo positivo, en comparación con anteriores periodos sexenales.

El secuestro ha sido el más dinámico y, aunque en 2015 ha disminuido, lo cierto es que su crecimiento desde que Duarte pisó el sillón que le heredó Fidel Herrera en la oficina que da al Parque Juárez, fue espectacular, por no decir estremecedor. Cientos de fortunas familiares pasaron a manos de los delincuentes, varios veracruzanos terminaron tirados a orillas de carreteras o en parajes solitarios, muchos cambiaron de residencia y vendieron todo por huir del flagelo. Ahora hemos bajado al quinto lugar nacional, pero en casi todo el sexenio duartista hemos estado en el segundo, apenas rebasado por Tamaulipas.

¿Qué hay entonces de positivo?

Cuando comencé esta columna tenía todas las buenas intenciones de señalar cosas positivas del gobernador veracruzano, emulando el artículo de Viridiana Ríos, en Excélsior (“Sí, algo hicieron bien los gobernadores”), en que encuentra logros en los 9 gobernadores que el 6 de junio próximo conocerán a su sucesor.

De Marcos Cobarrubias (Baja California Sur) señala que logró que su estado tuviera enormes avances en diversificar su fuerza laboral: pasó de tener 10% de sus trabajadores empleados por el gobierno a tener sólo 6.2%; fue el segundo estado que más disminuyó su desigualdad de ingresos laborales; disminuyó el porcentaje de personas que laboran en la informalidad de 41% a 40%, posicionándose como el quinto estado con menor informalidad del país.

De Fernando Ortega Bernés, en Campeche, dice que lo mantuvo como el segundo estado menos endeudado del país (0.2%), sólo después de Tlaxcala que tiene deuda cero, y como uno de los más seguros. “Mientras que a nivel nacional se roban 134 autos por cada 100 mil habitantes, en Campeche se roban sólo ocho”.

De Mario Anguiano, gobernador saliente de Colima, Viridiana Ríos apunta que esa entidad alcanzó su máximo histórico de exportaciones no agropecuarias como porcentaje del PIB (4%), y logró crecer su economía 4.1% promedio anual (ITAEE ajustado, tasa anual trimestral, 4T-2009 a 4T-2014), además de que Colima es el cuarto estado con menor pobreza laboral (27% de la población; sólo por debajo de BC, BCS y NL).

Pese a las tragedias y al complicadísimo panorama de inseguridad, la periodista señala que durante el periodo de Ángel Aguirre y Rogelio Ortega, Guerrero alcanzó su máximo histórico en productividad laboral, pasando de generar 276 pesos por cada hora trabajada a 392 pesos. También, redujo su desigualdad de ingresos y su deuda. De 2011 a 2014, fue el tercer estado a nivel nacional que más redujo su deuda.

Durante el periodo de Fausto Vallejo y Salvador Jara, añade, “Michoacán creció 3.7% anual promedio, mientras que el país lo hizo a sólo 2.6% (4T-2011 a 4T-2014). De 2011 a 2014, fue el que más redujo el porcentaje de trabajadores que son empleados por el gobierno estatal, de entre los nueve estados con elecciones (pasando de ser 4.7% de la fuerza laboral a ser 3.1%). Esto es más del doble de lo que se redujo en el país (de 4.6 a 4.3%). Asimismo, alcanzó su máximo histórico en exportaciones no agropecuarias como porcentaje del PIB (5.4 por ciento).”

En el caso de Nuevo León, señala que con Rodrigo Medina, el robo de auto se redujo en casi 79% (de 292 a 60 autos robados por cada 100 mil habitantes), mucho más que la reducción nacional de 26%. También, que se llevó a la desigualdad de ingresos y a la informalidad laboral a su mínimo histórico, mientras que el porcentaje de la fuerza laboral en informalidad pasó de 41% a 35% (casi tres veces la reducción a nivel nacional).

Querétaro, con José Calzada a la cabeza, creció 6% anual, tercer estado con mayor crecimiento del país (debajo de Aguascalientes y Coahuila); alcanzó su máximo histórico en productividad laboral, pasando de 579 pesos a mil 099 pesos producidos por hora trabajada (el doble de lo que se aumentó a nivel nacional), y fue el segundo estado con mayor reducción de deuda como porcentaje de su PIB (de 4.3% a 4.1 por ciento).

Durante el periodo de Fernando Toranzo, San Luis Potosí fue el estado que más redujo su deuda (de 2.1% a 1.4% del PIB estatal); disminuyó el porcentaje de trabajadores que son empleados por el gobierno del estado 3.5 veces de lo que se disminuyó en el país, y alcanzó su máximo histórico en exportaciones no agropecuarias como porcentaje del PIB, aumentando sus exportaciones de 21% a 33%, más del doble del aumento en el país (de 20% a 23 por ciento).

Con el panista Guillermo Padrés, añade la comentarista de Excélsior, Sonora alcanzó su máximo histórico en exportaciones no agropecuarias como porcentaje del PIB (48%), aumentó sus exportaciones más del doble de lo que se aumentó en el país; y se redujo la informalidad: pasó de 45.7% de sus trabajadores a sólo 41.6% (dos veces mayor que la reducción en el país); además, creció a una tasa de 4.9% promedio, anual por encima del promedio del país.

¿Qué nos revelaría un análisis similar para el caso de Javier Duarte y Veracruz? Ya cualquiera puede írselo imaginando.

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