Al momento de subir esta publicación nos hemos enterado de que Aleph Castañeda, actual bajista de Son de Madera, se encuentra en un estado delicado de salud, desde esta columna le enviamos un abrazo solidario y esperamos su pronta recuperación y reintegración al lugar al que pertenece, la música.
En la cuenca vio la luz
y en ella pasó la infancia
escuchando, a la distancia,
ecos del jazz y del blues.
Se trasladó a Veracruz
y después al mundo entero
para sembrar, con esmero,
sus décimas y sus sones.
Bienvenido a estos renglones
Ramón Gutiérrez, sonero

Le pido permiso al día/ para empezar la jornada…

Tres Zapotes, Ver
Tres Zapotes, Ver

Nací en el hospital de Carlos A. Carrillo pero por una emergencia porque vivía muy cerca de Boca de San Miguel y de Tres Zapotes. Mi papá era músico aficionado pero era un gran músico. Tengo muchos hermanos, mi papá, como se usaba en aquel tiempo, tuvo varios matrimonios y muchos hijos y crecí un poco nostálgico, sin entender muy bien lo que pasaba; tenía una mamá, pero tenía muchos hermanos y no veía mucho mi papá.

Grabado de Alec Dempster
Grabado de Alec Dempster

Aunque he sido una persona muy feliz, de niño no me la pasé muy bien pero gracias a mi madre que siempre estuvo y a la influencia de mi padre, de mis hermanos y, principalmente, de mi hermano Gilberto fue que a través del arte, pero sobre todo de la música (porque también dibujaba mucho en algún tiempo), es que busqué explicaciones a todo eso que me atormentaba y pude sacar todos esos traumas.
Después fue muy complicado poder dedicarme a la música porque mi padre y mi madre no querían que fuera músico, pero me aferré y después mi madre se convenció de que lo mío era la música.
Soy privilegiado porque pertenezco a una generación que encontró a todos los músicos que ya iban de salida y, como te decía, gracias a la influencia de mi hermano Gilberto, pude darme cuenta de que eran una escuela inagotable y que tenía ante mí un bagaje no solamente de la tradición del son jarocho, sino de la música ancestral de la que viene

Grabado de Alec Dempster
Grabado de Alec Dempster

todo esto; cuando he viajado me he dado cuenta de la relación que tengo con el viejo continente, con los árabes, con los africanos y así es como me he ido desarrollando.
Nunca dejé de tocar, yo creo que es lo que me valió, que siempre fui un vago, sobre todo del requinto. Muy joven me convertí en un requintero que se sabía todas las figuras de la tradición y también empecé a inventar lo mío; me di cuenta de que me gustaban los instrumentos que hacían melodías, me gustaban los instrumentos solistas.
En mi pueblo se escuchaba Acapulco Tropical, Los Audaces del Ritmo, Chico Che y empezó a gustarme esa música que de alguna manera estaba desplazando al son, pero era lo que se escuchaba en la radio, la música tropical.

Canto de pescadores que arrulla el mar…

VeracruzDespués, cuando ya decidí dedicarme la música, con el apoyo de mi hermano me fui al Puerto de Veracruz, ahí empecé a escuchar a Los Peregrino, a Toña la Negra, a Los Cuates Castilla, a Memo Salamanca, a las danzoneras y toda la música cubana de la que me enamoré, empecé a escuchar al Cuarteto Patria, a Los Compadres, a Beny Moré; la historia de la música cubana me la sé completa incluso, a veces, sé mucho más de música cubana que los propios cubanos. Después me fui a lo profundo de esa música que está en el punto guajiro, en el nengón, en esos ritmos que dieron origen a géneros como la timba. En Guantánamo y en toda esa zona, desde los años 20-30 la música ya tenía un desarrollo impresionante.

Vibración de cocuyos que con su blues…

Robert Johnson
Robert Johnson

También me empecé a enamorar de la música negra de los Estados Unidos, de alguna manera lo que más me ha influenciado en mi vida es la música afro del mundo. Me empezaron a gustar mucho los músicos del blues, me enamoré de B.B. King, de Albert King, de Albert Collins, Elmore James, John Lee Hooker, bueno, hay una foto por ahí en la que digo (aunque es una falta de respeto) que soy el Robert Johnson del son jarocho, porque me

Ramón Gutiérrez (ESephoto)
Ramón Gutiérrez (ESephoto)

parezco un poco a él y porque es de esos músicos admirables. Me enamoré mucho del blues y la primera vez que fui a los Estados Unidos era tan maravilloso poder tener a esos músicos de cerca, era impresionante ver cómo

tocaban sus guitarras, yo sentía ese coraje, yo sentía esa inspiración de cómo estirar las cuerdas, de cómo expresar y creo que eso ha influenciado mucho en mi forma de tocar el requinto, en cómo concibo la música. Pero tampoco quería hacer una copia, no quería convertirme en un bluesero, yo quería hacer la música de donde nací, mi música es el son jarocho y quería ser un representante de esta música pero quería tener ese coraje, esa forma de expresión; fue muy inspirador el blues. Alguna vez estaba en un festival en Estados Unidos y ahí estaba Taj Mahal que era mi gran inspiración porque empezó a viajar por el mundo y empezó a salirse del blues tradicional y empezó a tocar con músicos africanos y mi gran ilusión en la vida era, primero, conocerlo y tener un autógrafo suyo y, después, regalarle mi sombrero porque sé que es un gran coleccionista de sombreros. Es un hombre sumamente ilustrado, culto y en cuanto lo vio me dijo: -Veracruz, arpas, -porque reconoció el sombrero de cuatro pedradas y me sentí maravillado.

Oigo las olas del jazz/ que no cesan ni un momento…

Wes Mongomery
Wes Mongomery

También soy un apasionado del jazz, me gusta mucho Wes Mongomery, me apasionan mucho todos los grandes guitarristas de jazz. Me doy cuenta que los años 40-50 esa música ya estaba estaba muy evolucionada, estaba en un nivel impresionante y esa influencia es primordial para querer llegar a ese nivel y poder compartir todo lo que han hecho estos grandes hombres de la música. A veces uno se siente insignificante frente a toda la creación musical que se ha hecho en el mundo y es muy inspirador ver cómo estos grandes hombres fueron tan creativos dentro de la adversidad porque no dijeron: somos esclavos, no podemos hacer música porque no tenemos piano, no tenemos guitarra, no tenemos escuela, no tenemos dinero, pues no, ellos tenían el

Yoshis Bar, Oakland
Yoshis Bar, Oakland

talento y mira toda la música que hicieron. Esa época ya no se va a repetir, es única en el mundo y es admirable.
Alguna vez tocamos en el Yoshis Bar, en Oakland, fue la primera vez que un grupo de son jarocho tocó en un lugar así y fue a escucharnos otro público, el del Yoshis Bar. Mi compañero, un contrabajista de Los Ángeles me dijo:
-Mira, ahí, en ese asiento estuvieron sentados los grandes músicos de jazz que ahora conocemos
-Seguramente estaban como nosotros, pensando de qué van a sobrevivir el próximo día, -le dije, porque para ellos no era muy rentable lo que hacían, estaban pasándola difícil pero lo que hicieron en ese momento es insuperable, a uno le causa dos cosas: sentir que no ha hecho absolutamente nada y una inspiración impresionante.

Los improvisadores no pueden dormir/ porque si se duermen se los comen sus paisanos

FandangoCuando se juntaron todos estos grandes del jazz a improvisar en ese disco maravilloso (Kind of Blue) donde no se sabía qué iban a hacer, es un poco como cuando uno va con unos músicos que han tocado toda su vida y, aunque uno no sabe qué va a pasar, sabe que van a salir cosas muy bonitas porque no vamos a ver si nos encontramos, sino que sabemos que va a haber un encuentro profundo.
Hay unos encuentros que llaman La topada; es un reto de músicos, de versada y de baile. Es un reto muy diplomático porque uno no se está peleando con el otro pero sí está demostrando de dónde viene, qué es lo que tiene, qué es lo que dice, qué es lo que puede platicar y qué es lo que puede improvisar.
La décima es tan musical como la propia poesía, una vez que leí a Sabines dije que era músico, solamente que de la palabra. El verso refleja mucho de cómo hablamos, de cómo sincopamos y nos une a los latinoamericanos.

(CONTINUARÁ)

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