Hace tiempo que no solo el tema de las pensiones del personal académico y de confianza preocupa a la Universidad Veracruzana, un pendiente cuyo tratamiento, por cierto, nunca deja de estar presente en las reuniones de la Asociación Nacional de Universidades (ANUIES). Desde hace varios años, casi desde su instauración, el pago de gastos médicos se convirtió en una caja sin fondo, en una sangría permanente y creciente para la casa de estudios.

A los constantes recortes presupuestales que desde hace más de una década le aplica el Gobierno del Estado (que llegan hasta los 100 millones de pesos anuales en el mejor de los casos), la UV debe padecer el pago de excesivos gastos médicos, la voracidad de facultativos privados y centros hospitalarios públicos que, cuando atendían a profesores y funcionarios universitarios, inmediatamente buscaban crear necesidades ficticias sobre tratamientos u operaciones quirúrgicas, con tal de recibir mayores tajadas de un pastel que iba haciéndose cada vez más pequeño.

Al abuso de médicos y hospitales, se agregaban en la mayoría de las ocasiones los tratos funestos entre estos y farmacias, laboratorios de análisis clínicos y centros de rehabilitación, con la intención de escarbar más profundo en el insondable e ilimitado presupuesto para el rubro.

Como lo hizo claro esta semana la rectora Sara Ladrón de Guevara y su secretaria de Finanzas, Clementina Guerrero, solo en 2013 el gasto por este concepto fue superior a los 240 millones de pesos, una cifra exorbitante que solo podría justificarse si la población derechohabiente fuera cinco veces mayor a la que es atendida en estos momentos.

Por desgracia, el servicio había estado abierto a un enorme abanico de médicos y especialistas particulares que hicieron de la prestación un verdadero negocio; en el pasado se documentaron incluso casos de actos de corrupción de derechohabientes para hacerse con cifras espectaculares mediante la falsificación de recibos y la simulación de tratamientos quirúrgicos.

Por eso, que la actual administración universitaria haya estructurado un modelo para racionalizar, que no para limitar, el servicio médico, constituye un paso muy importante para cerrar la fuga de recursos financieros cuya escasez amenaza con perturbar sus principales funciones: docencia, investigación y extensión.

Servicio médico más barato pero mejor

Que las autoridades universitarias digan que se va a racionalizar el gasto parecería contradecirse con que dicho servicio será mejor. A una pregunta que le formulé durante la conferencia de prensa, Sara Ladrón de Guevara dijo que el servicio médico, independientemente del costo financiero, no lo ve como un gasto sino como un derecho. “Lo que vamos a defender, de inicio, es que la comunidad universitaria –como toda la sociedad– tiene el derecho a la salud”.

En efecto, no puede considerarse como un gasto sino como una obligación social de la universidad con sus trabajadores, sin embargo, como bien lo explicó Clementina Guerrero, este servicio fue implantado, desarrollado y alimentado sin una normatividad que le diera sustento, por lo que creció caóticamente en detrimento del presupuesto universitario.

Ahora se busca que sea un programa con objetivos y metas, con instrumentos de evaluación y con topes establecidos en su financiamiento. La enfermedad no puede matar a la institución o, como se dijo en la conferencia de prensa, debe evitarse que los universitarios, incluidos los funcionarios, se coman a la gallina de los huevos de oro.

            ¿Qué se propone con el nuevo programa?

  • Transformar el Hospital Escuela de Ginecología y Obstetricia (HEGO), que prácticamente había dejado de funcionar como tal hace ya mucho tiempo, en Clínica Universitaria de Salud Reproductiva y Sexual, adscrita a la Dirección General del Área Académica de Ciencias de la Salud.
  • Crear jurídicamente el Sistema de Atención Integral a la Salud (SAIS), adscrito a la Secretaría de Administración y Finanzas.
  • Reformar y adicionar atribuciones al Centro para el Desarrollo Humano e Integral de los Universitarios (Cendhiu).
  • Establecer la Unidad de Servicios de Salud (USS), en el que se concentrarán la Clínica Universitaria, el SAIS y el Cendhiu, y
  • Crear la Comisión de Seguimiento y Evaluación del Examen de Salud Integral que se practica a alumnos de nuevo ingreso.

El acuerdo no sólo fortalece el programa de salud integral, ofrece servicios de calidad a los trabajadores universitarios y establece programas preventivos, sino que será un espacio de vinculación pues atenderá al público en general pero, sobre todo, estará a disposición de los estudiantes para realizar servicio social, prácticas profesionales e investigaciones.

Efectivamente, con este modelo se conjuga la participación de las secretarías Académica y de Administración y Finanzas, participan las áreas de vinculación social, se crea un espacio para que los estudiantes de medicina, odontología, ciencias químicas, nutrición y trabajo social realicen sus prácticas profesionales, y se ha invitado a facultades como sociología y antropología para llevar a cabo diagnósticos de impacto social.

El aspecto farmacológico, fuente de una gran derrama presupuestal, se atenderá mediante la adquisición de medicamentos genéricos y no similares, como muchos han tratado de engañar a los universitarios; la selección de los medicamentos cuyas fórmulas ya han sido liberadas por los laboratorios serán seleccionadas por un grupo de expertos de la propia universidad y cuando el medicamento requerido no esté en estas condiciones, la UV admitirá medicamentos de patente.

Un renovado espacio dedicado a la salud universitaria

Aunque hubo muchas versiones periodísticas en el sentido de que el Hospital de Ginecología había sido cerrado por órdenes de la rectora Sara Ladrón de Guevara, lo cierto es que dicho nosocomio ya había sido cerrado hace muchos años, por lo oneroso de su funcionamiento. Un dato aportado por el doctor Carlos Blázquez Domínguez. Director de la ahora clínica, revela la ineficiencia y el alto costo que significaba el trabajo médico en el antiguo HEGO: mientras en ella un tratamiento de parto le costaba a la UV en promedio 30 mil pesos, en cualquier hospital del sector Salud dicho costo no sobrepasaba los cinco mil pesos.

Ahora, dicho espacio servirá para la operación de la Unidad de Servicios de Salud, con modificaciones y ampliaciones que requerirán una inversión estimada de 15 millones de pesos (13.4 millones de pesos para remodelación y aplicación, y 1.4 millones de pesos para conectividad a Internet) que serán invertidos por el Gobierno Federal.

La USS entrará en operación paulatinamente y se espera que opere de manera íntegra en marzo de 2015, en un inmueble en que se dispondrá de 25 consultorios, dos centrales de enfermería, tres laboratorios, una farmacia, tres áreas administrativas, dos aulas de enseñanza, un espacio para la práctica psicoprofiláctica, cinco cubículos para orientación a universitarios, un auditorio, una cafetería, una bodega de uso común y cuatro núcleos sanitarios.

El tiempo dirá si se logró racionalizar el gasto al tiempo que se elevaba la calidad de los servicios médicos.

Fausto Vallejo, un gobernador que no supo gobernar

Desde que Fausto Vallejo tomó posesión del cargo como Gobernador de Michoacán en 2011, su administración se vio envuelta en una serie de escándalos que no han hecho más que reafirmar su incompetencia y su reducido poder aunque siempre protegido por altos funcionarios públicos que hacen telarañas dentro de la política en México.

No hay que dudar de que la supuesta renuncia venga con aguas negras por debajo de las faldas; primero, la ola de violencia en la que Michoacán se vio envuelta desde hace más de un año, aunque no hay que hacerse de la boca chiquita y decir que en otros estados como Veracruz y Tamaulipas “no pasa nada”; después, el surgimiento de grupos de autodefensas en casi todos los municipios de Tierra Caliente en 2013, seguido por el Plan de Seguridad impulsado por el Gobierno Federal, a través de su comisionado Alfredo Castillo, quien sólo llegó a provocar desunión e inconformidad a los autodefensas michoacanos.

Pero parece que a Vallejo sólo se le quitó la enfermedad durante unas semanas, las que le permitieron postrarse en su silla y señalar sin compasión los nexos que el exsecretario de Gobierno y exgobernador interino, Jesús Reyna García, tenía con los Caballeros Templarios, para tener siempre un antagonista de la historia. Ahora resulta que la enfermedad lo invadió de nuevo y le ha quitado la capacidad de mantener el poder en sus manos y habrá que nadar muy profundo para saber quiénes son.

Ahora la pregunta es ¿quién está detrás realmente de la renuncia de Fausto Vallejo? Será que la repentina salida del exgobernador michoacano se parece a la de Mondragón y Kalb quien tuvo que renunciar a su cargo como titular del Consejo Nacional de Seguridad en marzo de este año.

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