Humberto León, guitarrista xalapeño cuyo sonido tenemos asociado a Orbis Tertius, Jazz entre Tres, Rondajazz y otros proyectos, comenzó su carrera musical en el momento que tuvo fuerzas para levantar la tapa del piano de su abuela:

Piano, que voy de prisa

Yo nací en 1950 aquí, en Xalapa; siempre he vivido en la calle Azueta. Mi padre tuvo ciertas comodidades en su infancia; mi abuela estudiaba piano y estudiaba ópera y en la casa tenía un piano antiguo, de esos alemanes. Yo crecí en esa casa y empecé a manotear el piano desde muy chamaco, a los 3 o 4 años. Me acuerdo que le abría la tapa, era muy pesada porque era un pianote de esos antiquísimos, trataba de subirme al banco que también era muy pesado; no podía subirme pero sí alzaba la tapa con una mano y con la otra empezaba a sonar las teclas y veía que era muy extenso, y sonaba las graves, sonaba las intermedias, sonaba las agudas y ahí me la pasaba. Un día, mi mamá un día lo abrió y me sentó en el banco, que se ajustaba a la medida, y yo empecé a manotearlo bastante tiempo, me gustaba mucho, ponía la palma de mi mano y sonaba bastantes notas; se oía tenebroso.Piano

El piano es un instrumento que, como ya tiene los sonidos hechos, quien sea que le pegue o abarque ciertas teclas, o simplemente le haga un recorrido como cortina, hace que las notas suenen. Después comencé a ver cómo sonaba ésta con ésta, ésta con la otra y así me la llevé un buen rato: esa fue mi iniciación en la música. Después ya empecé a distinguir las voces, no sabía  qué cosa era, pero ya distinguía; empecé a tocar el puro Do mayor y el Sol Mayor. Teníamos un perro que se llamaba el Káiser, un perro blanco, así como samoyedo y un gato que se llamaba el Colonche, y me acuerdo que cuando llegaban las tías y las primas, mi mamá me decía, “a ver, toca la pieza del Colonche y después tocas la del Káiser”; no sé cómo, pero me acuerdo que, según yo, hice las piezas a mis mascotas.

Después empecé a sacar Las Mañanitas y fui explorando poco a poco, poco a poco, hasta que logré tocar piezas que oía en la radio; en esa etapa me gustaba la música ranchera, había un programa en la XEJA que se llamaba Atardecer Ranchero, y me acuerdo que me gustaban mucho las trompetas y yo quería tocar trompeta. Después mi papá empezó a enseñarme las escalas; él tocaba guitarra, piano, tresillo y muchos instrumentos. Cuando tocaba en la casa yo me quedaba viéndolo y dejaba de jugar con mis hermanos; la música siempre me llamó mucho la atención.

En la casa siempre hubo música, principalmente de bolero porque mi papá tocaba bolero con la guitarra y el tresillo; siempre había radio porque la radio, como ahora la televisión, era la única distracción en ese tiempo. Aquí, en Xalapa, entre los 50 y los 60 no había nada, era completamente rústico, pura finca; no había ni carros, a veces veías por ahí una que otra bicicleta, pero nada más.

 El dúo dinámico

Somos varios hermanos, Al que me sigue, le gusta la batería y las percusiones. Un día agarró una cubeta de las que mi madre usaba para la ropa, de esas de metal; en la casa el piso era de manzarín, entonces no era parejo, estaba un poco desnivelado; él tomó esa cubeta y unos palos que buscó en la huerta de la casa y las usó como baquetas; como la cubeta estaba a desnivel, el asa de vibraba a la hora del golpe, como si fuera un cierto entorchado, él buscaba la forma de que sonara ese efecto. Como sonaba muy metálico, agarramos periódicos para que se oyera menos agudo, que tuviera cierto cuerpo, y como vibraba, era como tarola; mi madre tenía una base metálica, quién sabe de qué era pero mi hermano la agarraba como platillo; hicimos un dueto y empezamos a tocar en la casa, todas las tardes. Cubeta

En ese tiempo, Azueta no estaba pavimentada, era un banco de piedra; la gente que pasaba se quedaba viendo porque teníamos la ventana abierta, y los chiquillos hasta se subían a la protección para vernos y nos aplaudían. Había momentos en que mi padre decía: “Órale, canijos, a tocar, pero después a estudiar, porque no están estudiando”, y en esas ocasiones la gente que pasaba tocaba la puerta y decía:

-¿Qué no van tocar.

-¿Quiénes? -decía mi madre.

-Los chamacos.

– No, no, es que tienen que estudiar.

 Caminito de la escuela, apurándose a tocar…

Cuando entré a la primaria ya venía yo tocando. Había un grupo que se llamaba Los Tribunos, del programa de televisión que se llamaba Orfeón A Gogó; ellos tocaban El Sorrento y otras piezas que ya había yo puesto con mi hermano; también habíamos puesto la de Vamos a Tabasco, Luna Azul, Vereda Tropical, Los Palitos Chinos, que después Carlos Campos la tocó en mambo o en danzón. Mi hermano y yo disfrutábamos como no te imaginas. Repetí el cuarto año porque ya no había otra cosa para mí más que la música; empecé a dejar de jugar con mis hermanos; llegaba yo de la escuela directo al piano y me quedaba tocando hasta que mi madre me decía: -¿A qué horas vas a comer?, -Ahorita ma. A veces la tarea la venía haciendo a las 9 o 10 de la  noche, ya con sueño, y a veces no la hacía; me reprobaron por eso.

También me gustó el dibujo, en esa época estaban de moda El Santo y El Llanero Solitario; yo los dibujaba y los vendía en 10 o 20 centavos y me ganaba 40 o 50 centavos, a veces un peso, era bastante. Pero el dibujo se borró con la música. La maestra que me había tocado era una persona de edad avanzada, y pues yo hacía lo que quería, pero de todos modos reprobé (risas).

 La letra, con sangre entra

Escuela Enrique C. Rébsamen
Escuela Enrique C. Rébsamen

Cuando repetí, se jubiló esa maestra y llegó una maestra joven, bastante enérgica y ahí fue mi tronadera, ahí sí tuve que hormarme. Esta maestra me tenía muy bien vigilado, me castigó varias veces, me jalaba las patillas o me daba reglazos y, ahora sí, ya tenía yo que hacer la tarea y la situación cambió bastante; pero a la vez fue muy reconfortante cuando la maestra empezó a darse cuenta de mis habilidades, primero en el dibujo. Empezó a pedirme dibujos, que para el día del niño o a veces me traía estampas que quería en grande o me pedía que hiciera en cartulina las ilustraciones de los libros de texto, que eran muy chiquitas, y yo tenía que echarle imaginación para ampliar el dibujo.

Cursé la primaria en la escuela Rébsamen. En ese tiempo era una escuela de niños popis y nosotros estábamos ahí porque mi tía abuela era maestra educadora y tenía muchos años dando clases ahí, y por ella entramos. Esa escuela tenía su salón de actos; ahí ensayaba la sinfónica; yo me asomaba a la hora del recreo y veía los contrabajos recargados y las percusiones y el piano vertical. La maestra de música tocaba todos los lunes en el homenaje a la bandera, medio sacaban el piano, le ponían el micrófono y ella tocaba el himno; eso era todo lo que sabía yo de la maestra de música.

 Platica con tu piano, mientras yo te gano

Yo era músico en mi casa, nada más; mi hermano y yo tocábamos en las fiestas, en los cumpleaños y mi papá se integraba con nosotros.

Un día la maestra preguntó: “A ver, ¿quién toca algún instrumento?”

Ahí estaban Arturo Galván y su hermano David; Arturo estudiaba piano en el conservatorio y alzó la mano, y los compañeros le dijeron a la maestra que yo también tocaba el piano.

Entonces nos dijo que quería hacer un conjunto musical y nos llevó al salón de actos; abrieron el piano, porque como nada más se usaba los lunes, siempre estaba cerrado. Ahí nos hizo la prueba. Primero yo toqué una pieza de las que tenía, no me acuerdo cuál, y después Galván hizo sus estuditos de clásico, pero muy chiquitos; tocó Los Changuitos (lo recordé hace unos días, cuando escuché el carro de los helados; en paz descanse, ya murió). Después le dijo la maestra:Escuela Rébsamen

-A ver, toca otras cosas.

-No, maestra, es todo lo que sé.

-Entonces, León se queda en el piano -y me dijo: -A ver, búscate entre los compañeros del salón a ver quién tiene ritmo.

Le dije que mi hermano tocaba la batería, según yo, era la cubeta (risas), pero también le gustaban las tumbas y las percusiones; me pidió que lo trajera y conseguimos una cubeta con los conserjes y la tocó. -Búscate más, me dijo, vamos a hacer el conjunto para presentarnos el día del niño.

Arturo quería tocar, entonces la maestra agarró unas claves que había ahí y le dijo: “Pues mira, ahí están estos palitos”; entonces le empecé a enseñar los golpes de la clave, pero se le dificultaba, se salía de ritmo y se ponía a llorar; se quedó con la advertencia de que si no podía, íbamos a buscar otro porque teníamos el tiempo encima, eran fines de enero o principios de febrero.

 A la víbora, víbora de audicionar, por aquí pueden pasar

Conjunto Rébsamen
Conjunto Rébsamen

Empecé a organizar el conjunto. Por supuesto que todo mundo quería participar. Ese año llegaron de otra escuela dos hermanos; uno  era Antonio Martínez Morales, papá de Iván Martínez, que en paz descanse; él rapidito agarró las maracas y su hermano Julio, el güiro (Julio no se dedicó a la música, pero Antonio sí, fue director del grupo Zig Zag, un grupo de baile). Después fui pasando a todos los chamacos por grupos, la maestra me los daba por horas. David Galván (el hermano de Arturo) agarró una quijada de burro que consiguió la maestra y le expliqué: “Después de cada cuatro veces, uno-dos-tres-cuatro, tú pegas un golpe; en el uno es el golpe”. Entonces ya éramos piano y percusiones (maracas, güiro, clave y quijada de burro). Luego llegó un muchacho más grande que nosotros, como de 15 años, que quería tocar y le dije que tocara el tinacordio, que era una especie de contrabajo; en ese tiempo no conocíamos los bajos eléctricos, para nada, solo existía La Estrella, que ahora es La Nueva Estrella, en Revolución, una tiendita chiquita de don Andrés Amezcua que tenía de todo, vendía cuerdas, tenía panderos, guitarras, violines, mandolinas, acordeones y había métodos de música.

Cuando mi padre tenía sus grupos, muchas veces ensayaban en la casa y llegó un señor con un lebrillo redondo al que le hizo un boquete, le metió un palo de escoba, le puso una cuerda de trompo y, entonces, con el pie hacía tensión de tal modo que hiciera sonido y ese sonido se amplificaba en el lebrillo; ese era el bajo.Recuadro 1

Para el conjunto compramos dos tinas ovaladas, las mandamos a soldar; también les soldaron las asas, para que no vibraran; la maestra mandó a hacer un brazo con un carpintero, como si fuera de guitarra, ya no era un palo sino un brazo bien hecho y le pusimos dos cuerdas de tendedero, gruesas. Se hizo una caja metálica que tenía buena resonancia y ese fue nuestro bajo. La maestra nos daba un tiempo para ensayar después del recreo y así formamos el conjunto que se llamó Conjunto Rébsamen, ese fue mi primer grupo.

(Continuará)


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