“Todo el mundo miente

“La policía miente: Los abogados mienten. Los clientes mienten. Incluso los miembros del jurado mienten. […] llevo mucho tiempo haciendo este trabajo [de abogado] y la realidad es que no he visto a muchos… inocentes”, afirma Mickey Haller, bizarro personaje central de The Brass Verdict (2008), novela de Michael Connelly. Y pone el punto sobre la í que define la premisa desde la cual inicia un abogado la construcción de la defensa de un cliente, el cual es siempre y según aquel, inocente, aunque el dicho cliente le haya confesado que sí cometió el delito del que lo acusa el Estado vía un fiscal. La ética profesional abogadil sustenta que lo platicado/acordado entre defensor y cliente es de suyo confidencial y no puede someterse a juicio legal alguno; la ética a secas implicaría no defenderlo, pero… así es el mundo de lo judicial, donde, como afirma el personaje citado, todos mienten y por ende le dan la razón al Fernando Vallejo que en La virgen de los sicarios (1994) afirma por interpósito personaje: “Aquí nadie es inocente, cerdos”. Pero la presunción de inocencia es la situación en que todo sistema judicial de las sociedades democráticas le otorga a un acusado, independientemente de que éste pregonará siempre dicha situación vuelta definición de sí mismo. ¿Y entonces?

Milan Kundera afirma en La inmortalidad (¿1990?) que existe en la sociedad contemporánea un pragmático onceavo mandamiento, no racionalizado y por ende indiscutido, que otorga a los periodistas una patente de corso para preguntar y, en muchos casos, exigir respuestas. Y así, el periodista arremete con una batería de preguntas: “cardenal, ¿es cierto que usted y Juan Pablo II protegieron al violador de niños llamado Marcial Maciel?; “secretario, se le acusa de estar utilizando el programa social para comprar votos por hambre, ¿es cierto esto?”; “gobernador, el hoy ex secretario hizo acusaciones de corrupción en la dependencia y dicen que por eso se fue, ¿es verdad?”; “gobernador, ¿usted ordenó clonar la revista?”; “ex gobernador -o ex secretario de gobierno, si gusta usted-, ¿conoce a <Pancho> Colorado?”; “presidente, afirman que compró usted los votos para aprobar las reformas, que hubo <moches>, ¿es verdad o no?.. Las respuestas empiezan siempre con un “rechazo(zamos) categóricamente…” y, diría mi madre, san se acabó: los periodistas se da por satisfecho al preguntar y los otros por darles la oportunidad para responder los cuestionamientos que, dicen los primeros, deben hacerse aunque sepas las respuestas. ¿Y entonces?

 Entonces se miente y se mintió desde muchas ópticas en los casos de los periodistas asesinados en Veracruz y en el país, así como en los de esos presuntos perseguidos cuasi exiliados; se miente y se mintió en las ejecuciones llevadas a efecto en Tlataya, donde están involucrados la procuraduría del Estado de México, Erubiel Ávila, la SEDENA, la PGR… el gobierno federal; se miente y se mintió en el caso de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en Iguala y en el de Gonzalo Rivas, muerto cuando intentó apagar el fuego porque los normalistas de Ayotzinapa habían incendiado la gasolinera en la que trabajaba aquel; se miente y se mintió en el caso de cuánto costaron los inundables segundos pisos del Distrito Federal y en el de la hoy suspendida línea dorada del Metro; se miente y se mintió en el caso de la secuestradora Florence Cassez; se miente y… tal es nuestra repelente realidad, donde cuando el entrañable Juan Vicente Melo se presentaba diciendo que él era un gran mentiroso estaba haciendo pública una gran verdad y era el único momento en el cual, quizás, no mentía. Y si todos mienten, se preguntará usted, ¿entonces nadie es inocente?, ¿y la leyes? Respóndase, pues, que este perpetrador de la nada, ateo por gracia de las supersticiones todas, hace tiempo que le dio la razón al mismo Vallejo de líneas atrás cuando éste afirma: “Ni la ley del talión ni la ley de Cristo [sirven]. La primera porque el Estado no la aplica ni la deja aplicar. La segunda porque es intrínsecamente perversa… [Porque] Dios es el Diablo… [Y] la vida es así, cosa grave…”